Ruta de ida y vuelta a Cabo Norte desde España: guía para viajar al punto más al norte de Europa

Viajar a Cabo Norte siempre fue uno de nuestros grandes sueños viajeros. Se trata de una de esas rutas míticas que toda persona con ganas de conocer mundo desea completar, a la altura del Transiberiano, la Ruta de la Seda o la Carretera Panamericana. Tras varios años planeándolo y con retrasos forzados por la pandemia, finalmente en el año 2022 pudimos llevar a cabo (nunca mejor dicho) esta pequeña hazaña.

Os hemos ido hablando de ella a lo largo de más de 100 artículos, en los cuales os hemos mostrado destinos concretos, rutas en ferry y aspectos culturales. Sin embargo, aquí va el post en el que recopilamos toda la información para hacer una ruta de ida y vuelta a Cabo Norte desde España. Deseamos de todo corazón que sirva de inspiración a otros viajeros que, como nosotros, decidan liarse la manta a la cabeza e ir al punto más septentrional del continente europeo.

Introducción: el sueño de viajar a Cabo Norte por carretera

No hace falta dejarlo todo para ir al Cabo Norte. Tampoco requiere ser millonarios, aunque no negaremos que es un viaje que se hizo caro (más abajo podéis los gastos detallados, en la sección dedicada al presupuesto). Sin embargo, el factor diferencial a la hora de encarar esta aventura fue la determinación. Ganas por llegar a un lugar precioso, pero a la vez remoto y que requiere superar un largo camino.

El Cabo Norte ha inspirado por igual a viajeros anónimos y a reyes desde mediados del siglo XVI, cuando el explorador británico Richard Chancellor rebasó el cabo. Ir al punto más al norte de Europa es una referencia que da caché en todo currículum viajero que se precie.

Existen tantos viajes al Cabo Norte como viajeros. Es una experiencia que se puede organizar en tiempos dispares, por diferentes caminos y de maneras muy diversas. Por ejemplo, poco tiene que ver salir en furgoneta desde España (como hicimos nosotros) con volar a Noruega y hacer el último tramo del camino de hotel a hotel. En cualquier caso, todos los planteamientos comparten lo épico y el obligado paso por paisajes absolutamente fascinantes.

A lo largo de este artículo os vamos a contar cómo preparamos el viaje, cómo fue nuestra a ruta día a día, cuál fue el presupuesto y cómo nos sentimos después de haber vivido esta aventura.

Preparativos del viaje

¿Cómo organizar una ruta de 15.000 kilómetros?

Empecemos por la organización. Salir de España, llegar a Cabo Norte y volver es un recorrido que requiere un mínimo de 110 horas de conducción, durante la cual daréis cuenta de casi 10.000 kilómetros. Y eso suponiendo que vayáis desde vuestra casa al extremo septentrional de Europa, algo poco probable. Sea como fuere, hablamos de un mínimo de 20 días yendo a tope en la carretera.

Nosotros disponíamos de un total de 38 días (5 semanas de vacaciones: todas las del año más una que habíamos guardado del año anterior), por lo que aprovechamos el recorrido para estar 10 días en Finlandia, 13 en Noruega y 7 en Suecia. Además, fuimos haciendo paradas inolvidables que nos permitieron conocer destinos de Francia, Bélgica, Alemania y Dinamarca.

Tenéis que tener en cuenta que existen varias opciones para ir a Cabo Norte. Nosotros hicimos esa ruta, pero también es habitual pasar de Alemania a Polonia, subir por las Repúblicas Bálticas y desde ahí pillar un ferry a Finlandia. El año pasado habíamos estado viajando por Lituania, Letonia y Estonia, por lo que en esta ocasión preferimos ir por la ruta central.

A la hora de organizar el recorrido, nosotros siempre distinguimos entre tres fases: aproximación, tramo principal del viaje y vuelta a casa. La mayor parte de la kilometrada la hacemos en la primera y en la tercera, dejando para el medio un ritmo mucho más pausado.

En cualquier caso, nosotros fuimos apuntando todo lo que queríamos ver en un mapa, luego fuimos viendo las distancias entre cada punto y lo anotamos todo en un excel. Cuando nos queríamos dar cuenta, ya teníamos un prototipo de itinerario prácticamente hecho.

Leer y ver vídeos hasta que sea un destino familiar

Ojo, que no vale simplemente con hacer una ruta y luego ir siguiéndola. Pensad que vais a pasar por lugares muy remotos, muchos de los cuales solo podréis visitar una vez o dos en vuestra vida. Por tanto, cuando ya tengáis el esqueleto del viaje, lo siguiente es ir explorando sobre cada destino.

Así fue como nosotros fuimos viendo las paradas que queríamos hacer. Lugares tan mágicos como los Parques Nacionales de Finlandia o las islas Lofoten de Noruega parecían destinos obvios, aunque también fuimos descubriendo sitios de los que no habíamos oído hablar pero que parecían alucinantes.

Tenéis que tener claro que este es un viaje en el que hay que invertir muchas horas de preparación. Obviamente en nuestro blog encontraréis muchísimo contenido, pero en ningún caso ha de ser vuestra única fuente de información: buscad en Google «viaje a Cabo Norte» y leed todo lo que encontréis, id a la biblioteca en busca de guías de viajes, meteos en foros a leer otras experiencias…

Mención aparte merece Youtube. Nosotros somos muy vagos y tampoco tenemos los conocimientos técnicos para hacer buenos vídeos, pero en la plataforma de vídeo on demand encontramos decenas y decenas de viajeros contando su experiencia en viajes similares. Aunque solo habléis español, tirad de subtítulos y ved vídeos de viajeros de otros países, ya que en cada uno de ellos encontraréis un enfoque complementario.

Una Volkswagen T4, nuestra casa con ruedas

Y antes de contaros cómo fue la ruta, vamos a hacer una breve mención al medio de transporte y pernocta que utilizamos en esta aventura. Fue una vieja Volkswagen T4, la furgoneta con 20 años de antigüedad que compramos a un amable carpintero y que convertimos en una casa con ruedas, tal y como os contamos en nuestra guía para camperizar una furgoneta sin tener ni idea de bricolaje.

En la furgo hicimos los 15000 kilómetros de la ruta, pero también fue el lugar en el que dormíamos y cocinábamos. Eso nos permitió contener el gasto y hacer que este viaje fuese asumible, ya que nuestros ahorros son limitados y no queríamos que la cosa se fuese de madre.

En la furgoneta tenemos cama, calefacción, cocina y ducha, además de enchufes para cargar móviles, juegos de mesa con los que distraernos y una tablet para ver películas al final del día. Humildemente podemos presumir de ir bien equipados, aunque también queremos ser realistas: con mucho menos que esto también es posible hacer el viaje. De hecho, cuando unos años antes hicimos una ruta en furgoneta por los Balcanes, fue con el mismo vehículo pero sin nada de camperización. Y fue una experiencia igual de adorable.

Recorrido

Hechas las presentaciones, vamos a contaros cómo fue nuestro viaje día a día. Lo hemos dividido en cinco etapas claramente diferenciadas: la de aproximación al norte, la que nos llevó por toda Finlandia, el recorrido por Noruega, el tramo por Suecia y la vuelta a casa.

Parte 1: atravesar Europa rumbo al norte (4 días)

El objetivo de esta ruta era muy sencillo: salimos a las 14:00 de un viernes del trabajo (en Alcobendas, al norte de Madrid) y teníamos que tomar el lunes a última hora de la tarde el ferry de Suecia a Finlandia. Entre medias, 3200 kilómetros que se recorren en aproximadamente 33 horas, incluyendo varios hachazos en forma de peajes franceses y puentes daneses.

Esta primera parte del viaje podría hacerse más rápido en caso de que no contéis con tantos días para la ruta. No vamos a negar que nos pegamos buenas palizas conduciendo, pero también hicimos varias paradas interesantes. Así no se hizo tan pesado este primer tramo.

Día 1: conducir. Como ya hemos dicho, somos trabajadores por cuenta ajena y tenemos el típico horario en el que los viernes curramos hasta las 14:00. Ese día lo teníamos todo preparadísimo: fuimos a casa a recoger a por nuestro perro Tronco, pillamos los bocadillos que habíamos dejado listos la noche anterior y nos echamos a la carretera.

Condujimos un total de 9 horas, hasta dejar bien pasado Burdeos. Este punto es más importante de lo que parece, ya que durante todo el día es una ciudad con unos atascos horribles pero por la noche se atraviesa sin problemas. Conviene hacer el esfuerzo y dejar esta urbe atrás.

Día 2: segundo día, segundo sacrificio. En este caso, condujimos durante más de 11 horas, para terminar de cruzar Francia, atravesar Bélgica de punta a punta y pegarle un pequeño mordisco a Alemania. Eso sí, aquí el viaje ya empezó a ser un viaje, ya que hicimos una parada en Externsteine, el legendario complejo megalítico en el corazón del Bosque de Teutoburgo.

Día 3: el planteamiento fue similar al de la jornada anterior. Empezamos con un montón de conducción, que sirvió para dejar atrás Alemania y avanzar mucho por Dinamarca. A media tarde paramos en Dragor, un pequeño pueblo costero en el que empezamos a sentirnos norteños.

La sensación iría a más al cruzar el Puente de Oresund, algo que hicimos a última hora del día. Al poco de pasarlo pernoctamos, ya en territorio sueco.

Día 4: llegó el día en el que teníamos que tomar el ferry de Suecia a Finlandia. Todavía tuvimos que conducir seis horas hasta llegar a la zona de embarque, en la que nos presentamos con muchísima antelación. Eso sirvió para poder hacer una rutita en la cercana Reserva Natural de Riddersholm.

Parte 2: Finlandia (10 días)

Con eso terminó la fase de aproximación y nos pusimos en disposición de exprimir al máximo el primer hit del viaje: una ruta de diez días por Finlandia. En ella aprovechamos para visitar la zona de los Mil Lagos, un montón de Parques Nacionales y dejarnos caer por la mágica Laponia, abandonando el país hacia el norte.

Día 5: tras unos poquitos problemas tras desembarcar del ferry (si vais con perro leed la guía para viajar a Finlandia con perro, ya que hubo un requisito con el que no contábamos y que casi acaba con nosotros dándonos la vuelta), visitamos la preciosa ciudad de Turku. No nos recibió el mejor de los tiempos, ya que llovía bastante, pero es lo que tiene moverse por estas latitudes.

Tras la visita a la ciudad, fuimos a ver las estupendas cascadas de Juveninkoski. Pese a contar con apenas 7 metros de alto, resultaron ser las más altas de toda Finlandia.

Rematamos el día llegando hasta el Parque Nacional de Isojärvi, al cual le tomamos el pulso haciendo la sencilla Heretty Nature Trail). Dormimos en el propio parque, rodeados de un montón de furgonetas. Fue la mejor manera de ver cómo en Finlandia los Parques Nacionales son mucho más accesibles que en España.

Día 6: la mañana la echamos en Isojärvi también. Hicimos el Majavapolku Circle Trail y desayunamos allí mismo. También aprovechamos para recoger bayas, algo que sería una constante durante todo el viaje.

A la tarde nos trasladamos al Parque Nacional de Leivonmäki, donde nos dio tiempo a hacer dos rutas: el Mäyränkierros Trail y la visita a la Joutsniemi Ridge.

Día 7: terminamos de exprimir Leivonmäki haciendo el Kirveslammen Kierros Trail. Desde allí, hicimos una horita de coche para visitar el Ayuntamiento de Säynätsalo, una de las grandes joyas de Alvar Aalto.

Siguiendo sus pasos fuimos también a Jyväskylä, una ciudad llena de obras del famoso arquitecto. Es un sitio bastante raruno, pero imprescindible en esta zona de Finlandia.

Cerquita de ella visitamos la Iglesia Vieja de Petäjävesi, que es Patrimonio de la Humanidad. Es impresionante lo que se puede construir únicamente con madera.

Terminamos esta maratoniana (aunque gratificante) jornada yendo al Parque Nacional de Pyhä-Hakki, donde hacemos su ruta más conocida: el Kotajärvi Trail.

Día 8: empezamos a recorrer el lago Saimaa, donde estuvimos tres días. La primera parada fue para visitar Kenkävero, el lugar en el que Papá Noel pasa sus veranos.

De ahí fuimos a Raijan Aitta, una bonita granja de bayas. Allí pudimos disfrutar de uno de los mejores desayunos de todo el viaje, ya que tenían una cafetería en la que elaboraban productos tradicionales utilizando sus propios ingredientes.

Continuamos haciendo una ruta de senderismo de un par de horas, la cual nos llevó hasta las pinturas rupestres de Astuvansalmi. No fue un camino sencillo, pero el paseo no pudo resultar más gratificante.

Después de comer fuimos a Neitvuori-Luonteri, un espacio natural con unos miradores increíbles. Escogimos la ruta cortita (de una hora y media) porque ya andábamos justos de fuerzas.

De hecho, la última visita del día consistió en recorrer la Lietvesi Scenic Route, una bonita carretera que no implicó mayor esfuerzo. El norte de Europa está repleto de carreteras preciosas y esta es una de ellas.

Día 9: la segunda jornada del lago Saimaa empezó con una breve ruta a Kummakivi, una roca enorme que se encuentra en equilibrio de manera milagrosa. Es un lugar asombroso, de esos que te vuelan la mente.

Después fuimos a recorrer la Reserva Natural de Punkaharju, en donde escogimos dos rutas: el Kuikon Salpa Trail y el Puulajireitti Tree Species Trail.

Para rematar el día visitamos el Castillo de Olavinlinna, la fortaleza medieval más septentrional del planeta.

Día 10: estuvo protagonizado en exclusiva por el Parque Nacional de Linnansaari, a donde solo se puede llegar en barco. Ya que queríamos echar el día allí, realizamos la ruta que lo recorre por completo: Linnavouri Trail.

Día 11: abandonamos el Lago Saimaa y emprendimos la marcha hacia Laponia. Eso sí, antes de abandonar la Región de los Mil Lagos todavía hubo tiempo de visitar Kuopio, una de las ciudades que más nos gustaron de Finlandia.

Imprescindible la subida a la Torre Puijo. Desde lo alto tendréis acceso a una de las mejores vistas panorámicas de esta zona del país.

El día todavía dio para hacer una paradita en The Silent People, una obra de arte difícil de explicar. Imaginad un enorme prado, repleto de espantapájaros que están caminando hacia una misma dirección. Como si fuesen zombies, pero sin la sangre y la mugre.

Por último, pudimos hincarle bien el diente al Parque Nacional de Hossa, en el cual hicimos el Värikallion Kaarros Trail.

Día 12: seguimos en el mismo espacio natural, donde hicimos el Hossa Nature Trail.

En nuestro desplazamiento al siguiente objetivo, hicimos una parada imprevista en 100 Taulun Galleria, un espacio que recomendamos a más no poder por lo insólito que es.

A la tarde nos pasamos al Parque Nacional de Oulanka, donde hicimos el Könkään Kuohu Trail. Aunque este espacio protegido tiene muchas más rutas que ofrecer, empezó a diluviar y decidimos irnos de allí. Al fin y al cabo, llevábamos un montón de días de un sitio para otro y necesitábamos hacer una pausa. De hecho, aprovechamos para ir con toda la calma del mundo hasta Rovaniemi y allí hacer unas compras, poner una colada y ordenar un poco la furgoneta.

Día 13: sin duda, uno de los días más especiales del viaje. La primera parte estuvo dedicada a Santa Claus Village, el parque temático que tiene Papá Noel en Rovaniemi. Supuso franquear el Círculo Polar Ártico, una experiencia difícil de describir con palabras.

Por si todo esto fuera poco, a la tarde fuimos al Parque Nacional de Pyhä-Luosto para ir a visitar la Mina de Amatistas de Lampivaara. Allí nos sentimos excavadores por un día y disfrutamos de una actividad inolvidable.

Día 14: la cultura sami tomó el protagonismo del día con la visita a Inari, donde se encuentra su Parlamento. Es un edificio espectacular, aunque tenemos que reconocer que el resto del pueblo también se merece una visita.

Además, fuimos a visitar la Pielpajärvi Wilderness Church, lo cual implicó hacer una ruta de senderismo de algo más de tres horas. Un poco paliza, pero a cambio repusimos fuerzas con unas deliciosas pizzas de reno.

Día 15 (mañana): nuestras últimas horas en Finlandia estuvieron dedicadas al Parque Nacional de Lemmenjoki, donde hicimos su ruta de senderismo más emblemática: el Lemmenjoki Nature Trail. Esto ponía fin a una ruta de cuatro días por la Laponia finlandesa y a todo un viajazo de 10 días por Finlandia. ¡Mejor imposible!

Parte 3: Noruega (13 días)

Noruega protagonizó el tramo más amplio del viaje. Pensad que el norte del país no solo es enorme, sino que moverse por allí es lentísimo: un ferry tras otro, carreteras sinuosas, animales que se cruzan por todas partes y que hacen que haya que ir despacio…

Día 15 (tarde): por fin entramos en Noruega, con la intención de pasar un par de días en la región de Finnmark Oriental. Empezamos por la orilla norte del fiordo, recorriendo la estupenda Varanger Scenic Road.

Esa sinuosa carretera nos llevó a Nesseby, una reserva natural en la que incluso vimos los restos de una ballena varada. No os perdáis su coqueta iglesia de madera, muy representativa de la zona.

A continuación paramos en el área arqueológica de Mortensnes, un yacimiento imprescindible para aproximarse a la cultura sami. Está a los pies de la carretera y, tras escaso kilómetro y medio a pie, podréis visitar incluso la recreación de una antigua vivienda.

De allí fuimos a Kiberg, un pueblo 100% auténtico. No esperéis grandes construcciones ni emblemáticos monumentos, pero si un contacto directo con el modo de vida real en esta remota zona del territorio noruego.

Como no podía ser de otro modo, también hicimos una parada en Vardo. La única ciudad del país con clima ártico nos recibió con los brazos abiertos, siendo una de las paradas más top de esta parte del viaje.

Terminamos en el pequeño pueblo de Hamningberg, una localidad pesquera que tiene un marcado aroma a fin del mundo. Allí disfrutamos del sol de medianoche en todo su esplendor, viendo cómo apenas se ponía y levantaba en cuestión de minutos.

Día 16: la jornada comenzó con un rato largo de conducción, ya que teníamos que deshacer el camino andado por el norte del fiordo y luego ir por la cara sur. Aun así, rápidamente llegamos a Grense Jakobselv, el extremo este de Noruega. Un lugar en el que también da la sensación de acabarse el mundo y en el que la frontera con Rusia se puede rozar con los dedos.

Misma cosa se podría decir de Kirkenes. Conocida como la ciudad de los espías, es un lugar remoto a más no poder y en el que el turismo de masas no ha hecho todavía acto de presencia. Muy auténtica, la verdad es que lo pasamos súper bien en esta localidad.

En las afueras están las cascadas de Skoltefossen, la última visita que hicimos ese día.

Día 17: marcada a fuego en el viaje, esta jornada supuso llegar a la parte más septentrional de toda la ruta. Empezamos la mañana en Karasjok, donde nos dimos otro baño de cultura sami. Visitamos tanto el Parlamento que tienen allí como un par de museos cercanos.

Desde Karasjok fuimos a Hammerfest, la ciudad más al norte de Europa. En ella, entre otras muchas cosas, visitamos The Royal and Ancient Polar Bear Society, una institución que se encarga de difundir el modo de vida en territorio ártico.

En cualquier caso, para el final dejamos el cumplimiento de un gran sueño viajero. Y es que es día llegamos hasta Cabo Norte. Tras miles de kilómetros y decenas de horas de conducción, peleando con una niebla que apenas dejaba ver a 5 metros de distancia, conseguimos llegar hasta este mítico lugar.

¿Tiene una magia especial? Sin lugar a dudas. No es simplemente un hito geográfico (de hecho, ni siquiera es el punto más al norte de Europa), sino más bien lo que significa. Viajar supone explorar, sentir la aventura y ampliar horizontes, algo que no hemos sentido nunca de una manera tan profunda como en el Cabo Norte.

Día 18: aunque empezamos el descenso, todavía quedaba más de la mitad del viaje. Nada más abandonar Cabo Norte hicimos una parada en Honningsvag, la ciudad que está más cerquita. Allí visitamos su tienda de navidad, paseamos por el puerto e investigamos al máximo su casco urbano.

Tras un ratito largo de carretera, llegamos a la Catedral de las Auroras Boreales (en la ciudad de Alta). Es uno de los elementos turísticos más representativos del norte de Noruega, hasta el punto de que suele protagonizar las portadas de las guías turísticas.

Día 19: seguimos atravesando el norte del país, en este caso para llegar a la vibrante ciudad de Tromso. La Catedral del Ártico solo es la punta de un iceberg realmente profundo, ya que es una ciudad con infinitas posibilidades para el viajero. Se puede vivir de una manera totalmente cosmopolita a muchos kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico.

Continuando con la ruta, hicimos una breve parada en Sommaroy. Es uno de los lugares de sol y playa clásicos del norte de Noruega: tranquilo, con largas playas y con muchísima naturaleza al alcance de la mano.

Tras tomar un ferry, empezamos a recorrer la Scenic Route Senja. Esta carretera pasa por los lugares más destacados de la isla de Senja, siendo una de las primeras paradas el pequeño pueblo de Fjordgard. Allí os esperan, a su vez, emblemáticas rutas de senderismo.

Día 20: el viaje cumplió 20 días con un largo recorrido por Senja, en donde la primera parada fue Mefjordvaer. Se trata de un pueblo pesquero fascinante, el cual pudimos conocer desde las alturas gracias al Knuten Trail.

Nuestra furgoneta nos llevó también a Ersfjord, un pueblo que se ha hecho popular en tiempos recientes por su sorprendente baño de color dorado.

La última parada en la isla fue en Bovaer, otro pueblo pesquero lleno de encanto.

Para salir de Senja tomamos otro ferry, que en este caso nos dejó en la ciudad de Andenes. Es algo así como la capital del turismo ballenero del norte de Noruega, ya que desde allí parten las excursiones más fructíferas para ver cetáceos en libertad.

Una vez exprimimos la ciudad, volvimos a la carretera para hacernos la Andoya Scenic Road. Es otro lugar de conducción mítico, que pasa por paisajes inverosímiles y que os dejará sin palabras constantemente.

Hicimos noche en Bleik. Si en Andenes había excursiones para ver ballenas, aquí lo que se estilaba era ir a ver frailecillos o puffins, ya que tienen una isla al lado que está repleta de ellos.

Día 21: la isla Hadseloya protagonizó la primera parte del día vigésimo primero. Quizá lo más relevante fue ir a Dverberg, un templo de forma octogonal ubicado frente al mar.

Después pasamos por Sortland. La conocida como Ciudad Azul no terminó de conquistarnos, pero tenemos que reconocer que es bastante distinta a las de los alrededores.

Sin darnos cuenta estábamos ya en el corazón de las islas Vesteralen, donde disfrutamos de una de esas pequeñas cosas que marcan la diferencia en un viaje. Nos referimos a la Galleri Uver & Betty’s Tea Salon, un proyecto único y que muestra al mundo que en los entornos rurales también hay espacio para el arte y el dinamismo económico.

Fue una buena manera de concluir en esta zona del país y entrar en otra de las grandes rock star de la ruta: las islas Lofoten. Allí pasaríamos el final de este día y tres jornadas completas más, exprimiento al máximo la Lofoten Scenic Road.

La primera parada fue en Svolvaer, lo más parecido que hay por allí a una ciudad. De hecho, por ese mismo motivo se le conoce como la capital de las Lofoten.

Justo enfrente, acostada sobre una pequeña isla, se encuentra la pequeña localidad de Svinoya. También os recomendamos pasaros por allí.

Día 22: el primer día completo en el archipiélago comenzó con la visita a la Iglesia de Vagan. Conocida popularmente como la Catedral de las Lofoten, es una parada absolutamente obligatoria.

Junto a ella está Kabelvag, un pequeño pueblo repleto de sorpresas.

Eso sí, nada os sorprenderá más que el pueblo pesquero de Henningsvaer. Aunque resulte increíble, tiene uno de los campos de fútbol más pintorescos y populares de todo el mundo.

La Iglesia de Gimsoy también merece que le dediquéis un ratito, ya que es una de las más populares de las Lofoten.

Por cierto, también hicimos una visita para… ¡comer queso! Es uno de los productos típicos de la zona, por lo que no pudimos evitar pasarnos por la Lofoten Gardsysteri y degustar sus deliciosas elaboraciones.

El final del día estuvo dedicado fundamentalmente a ver playas. Empezamos por la Playa de Unstad, un paraíso surfero en el lugar más insospechado.

Cerquita de ella está la Playa de Haukland, una habitual en las listas de las playas más bonitas del mundo. De hecho, es la más bonita de todas según la guía Lonely Planet. Para contemplarla, lo mejor es hacer la ruta de senderismo a Mannen, un mirador natural que os dará una perspectiva espectacular.

Por último, rematamos el día yendo a la Playa de Uttakleiv, una de las más fotografiadas de las Lofoten y del mundo entero.

Día 23: cambiamos playas por pueblos. En este caso, empezamos el día por Stamsund, uno de los más auténticos y carismáticos del archipiélago.

Prácticamente lo mismo se podría decir de Leknes. Este tiene la particularidad de estar justo en el centro de las islas principales de las Lofoten, por lo que suele ser elegido por los turistas para alojarse y realizar diferentes excursiones por la zona.

Uno de los hits de esa parte de las islas Lofoten es la Iglesia de Buksnes. Quizá nos estemos dejando llevar por el entusiasmo, pero a nosotros nos parece que es la iglesia más bonita de esas islas.

Si el día anterior fuimos a por queso, en este nos pasamos a por vidrio. Para ello, nada como visitar Glass Vikten, una fábrica muy famosa y plenamente integrada en el circuito turístico de las Lofoten.

Después fuimos a Nusfjord, un pueblo no exento de polémica (hay que pagar para visitarlo) pero que en nuestra opinión es una parada imprescindible.

Tampoco pudimos dejar de parar en la Iglesia de Flakstad, otro de los grandes templos de las islas Lofoten.

Y, una vez más, dejamos la religión para pasarnos al turismo de sol y playa. En este caso fue para visitar la Playa de Rambergstranda, que es la más bonita del archipiélago. Fina arena rodeada de montañas increíbles: no se puede pedir más en la vida.

Seguimos en busca de los oficios de las Lofoten, ahora para visitar al herrero de Sund. Es famoso por sus cormoranes de hierro forjado, uno de los cuales se lo entregó personalmente al rey Olav V durante la inauguración de la carretera que atraviesa las islas.

Hamnoy fue la siguiente parada del viaje. Aunque prácticamente todo el pueblo es un hotel, sigue siendo un sitio en el que merece la pena hacer una visita.

Misma cosa se podría decir de la islita de Sakrisoy. Básicamente vive de sus tiendas, restaurantes y hoteles, entre las cuales destaca uno de los establecimientos más famosos de las Lofoten: Anita’s Seafood. No os podéis ir de allí sin probar sus célebres hamburguesas de pescado.

Terminamos de exprimir esta maratoniana jornada yendo a Reine. En muchas guías lo sitúan como el pueblo más bonito de las Lofoten, así que solo por comprobarlo ya merece la pena ir hasta él.

Día 24: lo bueno pasa rápido, por lo que nuestro tiempo en las islas Lofoten se nos pasó volando. Aun así, todavía teníamos tiempo para una jornada completa, la cual empezamos con una ruta de senderismo que nos llevó a poder contemplar la Playa de Kvalvika desde las alturas. Para ello hay que subir al Ryten, un promontorio desde el cual disfrutaréis de esa panorámica inolvidable.

Para reponer fuerzas fuimos hasta Tind, un pueblecito gobernado por gaviotas y en el que os espera la versión más auténtica de la zona.

No podía faltar la visita a Å, el pueblo con el nombre más breve del mundo. Mínimo está empatado, ya que menos de una letra no se puede tener. Más allá de la onomástica, lo cierto es que es una localidad de lo más interesante.

Para nosotros, la puerta de salida de las islas Lofoten fue Moskenes, un sitio en el que no hay mucho que hacer excepto esperar al ferry. Aun así, nos gustó explorarlo y despedirnos de la zona como corresponde: apurando el tiempo al máximo.

Día 25: de vuelta al continente, paramos en la vibrante ciudad de Bodo. Allí nos esperaba, una vez más, la demostración de que también hay sitio para las grandes ciudades al norte del Círculo Polar Ártico.

En las afueras hicimos el trekking a Keiservarden, una actividad muy recomendable y desde la cual disfrutaréis de unas vistas espectaculares de Bodo.

A media horita en coche está Saltstraumen, un lugar conocido en el mundo entero por sus enormes remolinos. Su ciclo de mareas mueve varias veces al día más de 400 millones de metros cúbicos de agua. ¡Se dice pronto!

Por último, rebasamos otro de los hitos del viaje. En este caso, volvimos a cruzar el Círculo Polar Ártico en la E6. Ahora era en dirección sur, lo cual nos dejó un poco ñoños y con la sensación de que la cosa iba terminando.

Día 26: aun así, todavía quedaba espacio para más sorpresas en Noruega. Fue el caso de la visita a Mo i Rana, una ciudad que antaño estaba plenamente volcada en la industria del acero pero que hoy renace en forma de popular destino turístico.

No muy lejos de allí está Mosjoen, un pueblo que presume de tener la calle más bonita de toda Noruega. ¿Realmente es así? Desde luego, si no lo es está cerca. Es una auténtica maravilla.

Acabamos el día dando un paseíto por Snasa, un pueblo junto a un bonito lago. Desde ya os decimos que el agua no estaba tan limpia como esperábamos, pero aun así fue una manera muy bonita de acabar la jornada.

Día 27 (mañana): nuestro paso por Noruega concluyó en Trondheim. Para muchos viajeros viajeros supone el primer contacto con el norte del país, pero para nosotros fue la salida. Es una ciudad con muchísimas cosas que ver y en la cual concluye el Camino de San Olaf, la principal ruta de peregrinación de Noruega.

Parte 4: Suecia (7 días)

La cuarta parte del viaje estuvo protagonizada por el centro de Suecia, en una ruta de una semana en la que exploramos a tope la cara más desconocida del país.

Día 27 (tarde): empezamos por las cascadas de Tännforsen, que son las más altas de Suecia. Contra todo pronóstico, se trata de un salto de agua realmente impresionante, de los más brutales que se pueden ver en Europa.

Día 28: el lago Storsjön y sus alrededores ocuparon todo nuestro tiempo en el primer día completo en Suecia. Empezamos con Östersund, una ciudad muy tranquila pero a la vez llena de matices.

Junto a ella está la isla de Frösön, que espera al viajero con una famosa piedra rúnica, un mirador y una bonita iglesia.

En la otra orilla podéis seguir las huellas del Monstruo del Gran Lago, el primo sueco de Nessie. Hay un itinerario familiar súper divertido en el que, si prestáis atención, podréis ver restos de un enorme banquete e incluso una caca gigante.

Hablando de cosas de gran tamaño, también visitamos al Oso de Madera de Sveg. La escultura no es la más más bonita del mundo, pero pilla a los pies de la carretera.

Día 29: la siguiente zona que exploramos fue Orsa Finnmark, una comarca con una naturaleza salvaje y en la que no faltan las cosas por ver. El mejor ejemplo es Bortom Aa, una granja que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Más tarde nos pusimos un casco y descendimos a las profundidades de la Mina de Cobalto de Loos, en otra actividad fascinante a más no poder.

Obviamente no nos íbamos a ir del país sin visitar algunos de los Parques Nacionales de Suecia, siendo el Parque Nacional de Hamra el primero al que le hincamos el diente. En él hicimos un par de rutas: Urskogslingan y Svartaslingan.

Acabamos el día en la Reserva Natural de Börningsberget, un sitio que parecía reservado en exclusiva a turistas suecos. Aun así, le sacamos todo el partido y disfrutamos un montón visitando el Museo del Bosque.

Día 30: nuevo día, nuevo lago. La jornada número 30 del viaje estuvo marcada por las aguas del lago Siljan, en donde la ciudad de Mora fue la primera parada. Imprescindible que aprovechéis que estáis por allí para ir a ver la meta de su famosa carrera de esquí de fondo.

Junto a Mora está la isla de Sollerön, con una marcada herencia vikinga en su escaso territorio.

A pocos kilómetros está Nusnäs, el principal protagonista de la producción de los míticos Caballos de Dalecarlia. El juguete sueco por antonomasia es todo un símbolo del país, no hay duda. Por ello, visitar sus factorías y conocer cómo es su fabricación resulta una experiencia imprescindible.

Lo mismo podríamos decir del Dalhalla, un teatro al aire libre. No se puede visitar a pie, solo a vista de dron, pero aun así os prometemos que es un sitio espectacular. Si vais en verano, lo mismo tenéis suerte y podéis acudir a un concierto en su interior.

A continuación fuimos hasta la Reserva Natural de Styggforsen. Su alucinante paisaje es fruto del violento impacto de un meteorito en la zona.

Terminamos de rematar la visita al lago Siljan con Rättvik, un pueblecito monísimo y lleno de sorpresas.

Acabamos este larguísimo día en las enormes minas de cobre de Falu Gruva. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se trata de una explotación minera que estuvo en activo de manera continuada durante más de un milenio. Pocos sitios así hay en todo el planeta.

Día 31: el antepenúltimo día por territorio sueco arrancó con una una breve parada en el Dalahästen, el Caballo de Dalecarlia más grande del mundo.

Fue una parada cortita, ya que el protagonista de esa jornada estaba clarísimo. Y es que queríamos sacarle todo el jugo al Parque Nacional de Garphyttan, donde hicimos un par de interesantes rutas: Bergsstigen y Torpstigen.

Día 32: seguimos con la naturaleza, en este caso para ir al Parque Nacional de Tiveden. Posiblemente fue lo que más nos gustó de toda Suecia, gracias a un buen puñado de rutas: Stenkällerundan Trail, Mellannäsrundan Trail, Tärnekullerundan Trail, Vitsandsrundan Trail y Junker Jägarerundan Trail fueron las que tuvimos tiempo de hacer.

Acabamos el día en el Parque Nacional Store Mosse, un sitio mágico y en el que disfrutamos como niños haciendo el Camino de los Troles del Bosque.

Día 33: el último día en Suecia también nos dejó grandes sorpresas. Empezamos yendo al Museo IKEA, un lugar que (como buenos frikis de la marca) nos fascinó. Se encuentra en Älmhult, en el mismo edificio en el que el fabricante de muebles tuvo su primer establecimiento de venta directa al público.

Yendo aun más al sur, llegando ya a la costa báltica, visitamos las Piedras de Ale. Este conjunto megalítico transita a medio camino entre lo histórico y lo legendario, siendo una de las visitas más típicas de esta zona del país.

Terminamos en Suecia con una pequeña incursión en la Reserva Natural de Häckeberga. Naturaleza, un enorme castillo y una barbacoa sirvieron para despedirnos de este cuarto tramo del viaje.

Parte 5: vuelta a casa y bajón (5 días)

Día 34: cruzamos de vuelta el Puente de Oresund y regresamos a Dinamarca. La verdad es que íbamos con un poquito de pena, ya que se empezaba a atisbar el final del viaje, pero estábamos en un país que nunca nos ha fallado y la nostalgia desapareció pronto. Al fin y al cabo, no todos los días se visita un pueblo como Faaborg, bonito como él solo.

A la tarde hicimos una parada en Christiansfeld, una ciudad planificada milimétricamente por la Iglesia de Moravia. Es Patrimonio de la Humanidad, precisamente, por representar a la perfección lo que este movimiento ofreció al mundo en materia de urbanismo.

Día 35: lo que aparentemente iba a ser una breve parada para estirar las piernas mientras atravesábamos Alemania, se convirtió en una excursión de todo un día. En el Brezal de Luneburgo descubrimos un lugar mágico y auténtico a partes iguales, perfecto para conocer la cara más reconfortante del turismo alemán de interior.

Día 36: la antepenúltima jornada de la ruta la pasamos en Bélgica visitando dos pueblos encantadores. El primero fue Clermont-sur-Berwinne, tan pequeño como lleno de posibilidades. Prácticamente tiene una placita y cuatro cosas más alrededor, pero os aseguramos que es una visita imprescindible.

Después fuimos a Limbourg, el que dicen que es el recinto amurallado más bonito de Valonia. En su zona histórica encontramos un lugar de cuento, en el que cada adoquín del suelo parece estar puesto con mimo.

Día 37: atravesando Francia decidimos parar en Nogent-le-Rotrou, otro lugar que nos dejó sin palabras. Su barrio medieval es una pasada, pero también sus zonas nuevas o los espacios verdes de los alrededores. Nuestro país vecino nunca dejará de sorprendernos.

Día 38: donde no hubo cabida para las sorpresas fue en la vuelta a casa, con su correspondiente bajón. Tras unas 8 horas de conducción, volvimos a casa cansadísimos, pero con la sensación de haber hecho algo grande en nuestra vida viajera. Nunca nos darán un premio por este viaje, pero nuestra forma de ver el mundo cambió para siempre, cumplimos todo un sueño y claramente lo pasamos muchísimo mejor de lo que esperábamos.

Presupuesto del viaje

¿Cuánto cuesta viajar a Cabo Norte desde España? Como ya hemos dicho, el viaje tuvo una buena relación calidad/precio, ya que fuimos en furgoneta y así nos ahorrábamos tanto en alojamientos como en comidas. Sin embargo, no vamos a tener que fue una gran inversión y que no todos los años podríamos permitirnos un viaje como este.

Como ya teníamos en mente escribir esta guía, fuimos apuntando todos los gastos que tuvimos. Más o menos, así fue la cosa:

ConceptoTotalGasto diario
Alojamiento27€0,71€
Duchas48,43€1,27€
Entradas a sitios259,49€6,82€
Ferrys534,11€14,05€
Gasolina2614,31€68,79€
Hacer pis0,7€0,01€
Lavandería36,69€0,96€
Aparcamientos96,31€2,53€
Peajes389,57€10,25€
Restaurantes760,24€20€
Souvenirs407,58€10,72€
Supermercados918,22€24,16€
TOTAL6092,65€160,33€

Vamos con algunas explicaciones sobre cada partida:

  • Alojamiento: la idea era dormir siempre por libre, como una manera clara de reducir el gasto y de aprovechar que en el norte de Europa hay una gran cultura camper. Solo dormimos en un camping una noche, básicamente porque tenía sauna y queríamos disfrutar de esa experiencia.
  • Duchas: aunque existen muchos lugares con duchas gratuitas y que en más de una ocasión aprovechamos lagos y ríos para tal fin (siempre con jabón ecológico), lo cierto es que muchas veces tuvimos que pagar por ducharnos. Para ello hay dos opciones: gasolineras (muchas tienen) o campings (en los que puedes pagar por la ducha, aunque no pernoctes). Para encontrar estos sitios, Park4Night tiene un filtro específico.
  • Entradas a sitios: tuvimos que pagar por ver museos y monumentos, como es lógico.
  • Ferrys: algunos obligatorios y otros porque suponían ahorrar varias horas de camino. Sea como fue, es imposible viajar por el norte de Europa sin tomar varios ferrys.
  • Gasolina: este gasto fue enorme, casi la mitad del presupuesto. De hecho, tuvimos muy mala suerte, ya que nos pilló el primer año de la guerra de Ucrania y los precios del combustible estaban disparados. Si este viaje hubiese sido un año antes, el gasto habría sido de unos 1000€ menos. A modo de referencia, en una gasolinera tuvimos que repostar a 3€ el litro de diésel, cuando el año anterior costaba menos de la mitad.
  • Hacer pis: más como anécdota que otra cosa, pero lo cierto es que tuvimos que pagar 70 céntimos por hacer pis en una gasolinera. Por suerte, todo el norte de Europa está lleno de baños secos gratuitos.
  • Lavandería: tres veces paramos a hacer la colada. Aprovechamos también para lavar las sábanas de la furgoneta, que no paraban de acumular tierra y más tierra.
  • Aparcamientos: en muchas ciudades tuvimos que pasar por caja para dejar nuestro vehículo y poder visitarlas. Utilizamos mucho una app llamada EasyPark, con la cual no hace falta ir al parquímetro.
  • Restaurantes: aunque íbamos con cocina en la furgo, nos dimos más de un homenaje. Al fin y al cabo, conocer la gastronomía local es uno de los grandes atractivos de viajar.
  • Souvenirs: no todos los días se hace un viaje como este, así que volvimos a casa con la furgoneta llena de regalos para toda la familia… y para nosotros mismos, claro.
  • Supermercados: por último, se fueron casi 1000€ en supermercados. Pensad que hicimos muchas barbacoas, que tiramos mucho de este tipo de establecimientos para luego cocinar en la furgo y que también trajimos comida a modo de souvenir.
  • TOTAL: pues al final, alrededor de 6000€ de gasto total. Pensad que es el presupuesto para dos personas, por lo que cada uno de nosotros se gastó la mitad. Es decir, 80€ al día, algo que no está nada mal.

Conclusión: una experiencia inolvidable

¿Cumplió las expectativas el viaje a Cabo Norte? ¿Merece la pena ir hasta allí? ¿Fue realmente el viaje de nuestra vida? Sí, sí y más sí. Hablamos de una experiencia viajera de primer nivel, que ha cambiado nuestra forma de ver el mundo e incluso de vernos a nosotros mismos. Os parecerá una tontería, pero nos sentimos mucho más europeos después de haber hecho este recorrido.

Resulta indescriptible la sensación de estar por encima del Círculo Polar Ártico, lo que se siente al pasar varias semanas bajo el sol de medianoche o lo que disfrutamos probando propuestas gastronómicas tan dispares a lo largo del camino.

Fue un viaje exigente: por los preparativos, por las muchas horas de conducción, por los rigores climáticos y también por la inversión que supuso. Sin embargo, todos y cada uno de los esfuerzos que hicimos volvieron a nuestras almas multiplicados por mil. No queremos pasarnos de intensos, pero es difícil no hacerlo en un recorrido tan sublime como este.

Terminamos como empezamos: deseando que toda esta ruta sirva de inspiración a futuros viajeros y que otras personas en el mundo puedan vivir una experiencia tan trascendente como esta. ¡Cabo Norte, gracias por todo!

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