Dalhalla, el teatro al aire libre más impresionante de Suecia

Suecia es un país puntero a nivel cultural, tal y como acreditan todo tipo de infraestructuras repartidas por el país. Un ejemplo excelente de ello es Dalhalla, el teatro al aire libre más absolutamente increíble que se pueda imaginar. En este artículo os cómo surgió semejante joya y también cómo podéis hacer para visitarla.

De antigua cantera a sala de conciertos

Lo que hoy se conoce como Dalhalla fue hasta 1990 Draggängarna, una cantera de piedra caliza ubicada al norte de la ciudad de Rättvik. Por cierto, suponemos que no hace falta decir que el nombre procede de la mezcla entre Dalarna (la provincia en la que se encuentra) y Valhalla (el salón de los caídos de la mitología nórdica).

Cuando se cerró la mina, rápidamente surgió una idea: aprovechar el hueco que quedaba y convertirlo en un teatro. Una de las principales voces de este proyecto (nunca mejor dicho) fue la excantante de ópera Margareta Dellefors, que señalaba que el lugar tenía unas propiedades acústicas y estéticas excelentes, así como forma de anfiteatro.

Solo 5 años después, en 1995, se inauguró Dalhalla. Es cierto que las obras no estuvieron exentas de polémica, ya que los presupuestos previstos fueron ampliamente superados. En España estamos acostumbrados a esto (incluyendo al político de turno metiendo la mano en la caja), pero en un sitio del primer mundo como Suecia esto fue un auténtico escándalo.

Sea como fuere, quedó un lugar glorioso, cuya acústica es comparable a los mejores anfiteatros de Italia y Grecia. Con unas dimensiones de 400 metros de largo, 175 de ancho y 60 de profundidad, el recinto es válido para las representaciones más ambiciosas. De hecho, Dalhalla tiene capacidad para 6000 espectadores.

Una visita que solo merece la pena con dron

Nosotros fuimos allí con la idea de ver el teatro, ya que en las fotos de internet nos parecía alucinante. Sin embargo, nos topamos con un muro: el lugar no está abierto al público. Es cierto que en verano es relativamente sencillo poder entrar, ya que realizan como mínimo 30 eventos de junio a septiembre. Pero fuera de eso, nada de nada.

Como el escenario está hundido en la antigua mina, pensamos que habría posibilidad de verlo desde algún sitio. Así que nos pusimos a caminar, bordeamos todo el perímetro… ¡y nada de nada! El muro metafórico resultó ser literal.

El único consuelo fue que en ese rato vimos llegar a otros dos coches, que con las mismas se tuvieron que ir. Por suerte, nosotros estábamos viajando con dron, así que lo sacamos y estuvimos viendo el lugar desde las alturas. A día de hoy es la única forma de poder disfrutar de esta visita.

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