Qué ver en Dragor: mucho más que un pequeño pueblo pesquero

Dragor (escrito Dragør en danés) es un pequeño y adorable pueblo pesquero, ubicado a escasos 10 kilómetros de Copenhague. Si tuviésemos que describir rápidamente este destino, lo que diríamos es que se trata de una excelente síntesis de lo que cabría esperar en Dinamarca. Y esto es gracias a su coqueto centro histórico, a su interesante puerto y a su adorable modo de vida. Seguid leyendo y os enseñaremos todo lo que ver y hacer en Dragor.

La mejor excursión desde Copenhague

La Historia de Dragor arranca más o menos en el siglo XII, cuando fue fundado como puerto pesquero. Un par de centurias más tarde la Liga Hanseática obtuvo los privilegios comerciales de la urbe, algo que propició su desarrollo.

En los tiempos de mayor esplendor llegó a servir de atraque para una de las mayores flotas pesqueras de Dinamarca, lo cual generó un entramado urbano repleto de callejuelas de muy alta factura. Con el tiempo perdió dinamismo en favor de la cercana Copenhague, pero precisamente eso contribuyó a que haya llegado hasta nuestros días un pueblecito sin apenas transformaciones.

Hay que decir que Dragor tiene una marcada influencia neerlandesa, debido a un grupo de agricultores que se trasladaron allí en el siglo XVI. Eso se tradujo en diferentes aportes culturales, entre los cuales destaca la introducción de la zanahoria en Dinamarca.

Aunque nosotros llegamos allí en furgoneta, lo cierto es que una forma muy típica de ir a Dragor es en bicicleta desde Copenhague. Hay un camino la mar de bonito, apenas son 12 kilómetros y tiene fama de ser la mejor excursión que se puede hacer desde la capital danesa.

Turismo en Dragor

Iglesia (Dragor Kirke)

Nuestra primera parada fue en la Iglesia de Dragor, ya que no está en todo el centro sino justo en las afueras de la zona histórica. Es un templo tirando a moderno, ya que se terminó de construir a finales del siglo XIX. No solo representa a la perfección el gusto eclesiástico de la época, sino que tomó una clara referencia: la Iglesia de Taarbaek.

Junto a esta iglesia protestante hay un bonito cementerio, por el cual también os recomendamos dar un paseo. Por cierto, esta zona es estupenda para aparcar e iniciar un recorrido por el resto del pueblo.

Centro histórico

Claramente, lo que marca la diferencia en Dragor es su preciosísimo centro histórico. Se trata de una pequeña sucesión de avenidas, callejuelas y callejones en las que el tiempo parece haberse detenido. Casitas de colores conviven con jardines repletos de flores, plantas gigantes que brotan del suelo sin previo aviso y tiendas de artesanía.

No sabríamos decir cuántas vueltas dimos por el centro de Dragor. Cada rincón nos dejaba sin palabras, incluso cuando ya habíamos pasado varias veces por él. Os recomendamos tener como referencia las calles principales, como la Kongevejen o la plaza de Jul i Dragor (donde montan el mercado local por las mañanas). Sin embargo, por encima de esa recomendación prevalece la de perderos sin rumbo.

De hecho, lo que más nos llegó al corazón fue recorrer las pequeñas calles interiores. Algunas son claramente imperdibles, como la Magstraede o la Strandgade. Sin embargo, todas parecen sacadas de un cuento de hadas.

Si estáis buscando el típico pueblo danés, algo así como lo que se puede ver en el corazón de Odense o en la bonita Mariager, sin duda esta excursión superará vuestras expectativas.

Puerto

Y si el casco histórico es una pasada, el Puerto de Dragor no se queda atrás. Es uno de los puertos más bonitos de Dinamarca, no hay lugar a dudas.

Una vez más, os recomendamos dar un paseo sin rumbo: curiosear entre los barquitos, disfrutar de su ambiente, tomar un helado en algún establecimiento cercano…

Sin embargo, hay muchas visitas concretas que no deberíais perderos en el puerto. La primera es obvia: la Oficina de Turismo. Está justo en el centro de esta zona de Dragor y os darán un montón de información práctica.

En el puerto hay un par de museos: el Dragor Museum y el Denmarks Londsmuseum. Ambos son perfectos para aprender más sobre la vida en el pueblo y su importancia en el resto del país.

Tampoco os podéis perder la coqueta Beghuset (Casa de Campo o Pitch House). Construida a finales del siglo XVIII, ha tenido diferentes usos a lo largo del tiempo: desde cocinas para atender a los marineros del pueblo hasta baño público.

Mirador al Puente de Oresund

Dragor es una especie de mirador natural al Puente de Oresund. Se puede contemplar desde muchos puntos del pueblo, pero sin duda uno de los más destacados es un espigón del propio puerto.

Tenéis que avanzar por la zona de Kapelstraede, la cual os recomendamos también explorar. Al fin y al cabo, en ella encontraréis edificios tradicionales de pescadores y una exposición de sus útiles de trabajo más representativos.

Al final, llegaréis a un par de espigones desde los que el puente se ve a las mil maravillas. Las fotos se quedan cortas, os aseguramos que la vista es una pasada.

Bastión

Y, hablando de vistas, otro lugar propicio para contemplar el puente es el Bastión de Dragor. Esta antigua fortaleza militar es un hotel en la actualidad, pero es posible visitarla incluso aunque no estéis alojados allí.

Basta con entrar, subir por las escaleras que hay a mano derecha y podréis caminar sobre sus muros. Absolutamente imprescindible.

Gastronomía y compras

Comer en Dragor

No hay excursión por Dragor que esté completa si no os dais un pequeño capricho gastronómico. El casco histórico está repleto de excelentes opciones para comer a un precio más que razonable, siempre teniendo en cuenta los parámetros daneses.

Tampoco os podéis perder sus helados. En Dragor encontraréis varias heladerías artesanales, que compiten entre sí por conquistar el paladar de los turistas que pasan por allí. Nosotros probamos Dragor Is, que está frente al puerto, y tenemos que decir que quedamos absolutamente fascinados.

Artesanía de Dragor

Por último, hablando de cosas que no podéis perderos, Dragor tiene una oferta de shopping fuera de lo normal. Pero no de las típicas tiendas llenas de imanes y cosas así, sino de artesanía local de la buena. Es difícil que os vayáis de allí sin que vuestros ahorros mengüen un poquito.

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