Guía para recoger bayas en los países nórdicos y en las repúblicas bálticas

Recoger bayas es una de las cosas que más nos gustan en esta vida. En España nos tenemos que conformar casi siempre con unas pocas plantas de moras que aparecen de vez en cuando en el camino, pero cuando hemos estado de viaje por los países nórdicos y bálticos nos hemos encontrado con un auténtico paraíso. Arándanos, frambuesas o zarzamoras crecen por doquier, haciendo que cada ruta de senderismo tenga un ratito para la recolección. En esta humilde guía os damos algunos consejos generales y os hablamos de diferentes tipos de bayas.

Consejos generales para la recogida

La primera vez que le dijimos a nuestras madres que estábamos comiendo un puñadito de arándanos que acabábamos de recolectar, entraron en pánico. Lo asociaban a la típica gente que coge setas sin saber y que acaba en el hospital por comerse lo que no debe.

Aun agradeciendo su preocupación, tenemos que decir que, en líneas generales, iniciarse en la recolección de bayas es relativamente sencillo. Y os lo vamos a demostrar con unos cuantos consejos súper básicos.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que nunca hay que recolectar una baya si no estamos seguros al 100% de conocerla. Esto es lógico y normal, pero os sorprendería la cantidad de gente que decide jugársela.

Tenemos que decir que, en parte, entendemos a la gente que se la juega con las bayas. Obviamente nunca lo haríamos con las setas, ya que un solo ejemplar de una venenosa te puede dejar KO. Sin embargo, con las bayas es muy distinto: intoxicarse es poco frecuente. Para tener un susto realmente malo con una baya, habría que comerse como un kilo de una sentada, algo que no es habitual. ¿Diarreas o dolores de barriga? Posiblemente, pero nadie se queda en el sitio.

Tenéis que tener consideración con el ecosistema: no vayáis arrasando a lo loco con las bayas. Hay que pensar esto por los animales, ya que las bayas son el alimento de muchos de los habitantes del bosque. Además, también hay que pensar en otros viajeros que van detrás de vosotros y que también querrán comerse unos arándanos.

De hecho, un buen consejo es que solo recolectéis lo que vais a consumir con total certeza. Por ejemplo, nosotros acostumbramos a coger un puñadito para picotear durante la ruta y, como mucho, otro puñadito para echárselo después a un yogur.

Otro consejo básico es que no os salgáis de los caminos. Seguro que en zonas alejadas de la senda hay plantas con todos los frutos, pero pisotear plantas y romper el ecosistema nunca es buena idea.

Para terminar, un consejo que también es obvio: no cojáis bayas rotas o con agujeritos. No os las comeréis y las acabaréis desechando, eliminando de su entorno natural un fruto que sí podría ser consumido por un animal.

Bayas más típicas

Vamos a hablaros ahora de algunas de las bayas más típicas.

Arándanos

El auténtico rey es el arándano. Es súper habitual en las zonas frías y húmedas de todo el hemisferio norte. En lo que respecta a países nórdicos y bálticos, su presencia es constante. Existen tres tipos: el azul, que es el más común; el negro, con un sabor más intenso; y el rojo, cuya tonalidad es muy deseada en repostería aunque tiene un sabor más ácido.

Coger un puñadito de arándanos siempre es buena idea, ya que ayuda a cuidar nuestro organismo. Son unas bayas antioxidantes, diuréticas y con ácidos que les convierten en antibióticos naturales.

Moras

Las moras también son muy habituales en este tipo de listas, pese a no ser una baya sino un eterio. Su textura suave y esponjosa, acompañada de un sabor único y dulce, le convierten en uno de los frutos más deseados. Suelen estar en arbustos más altos y espesos, con unas espinas que conviene evitar. Su color en estado óptimo es negro y brillante, pese a que puedan parecer más apetecibles cuando están rojas.

Fresas silvestres

Mucho más pequeñitas que las fresas de «supermercado», las silvestres son una auténtica delicia. Pensad en el sabor dulzón de la típica chuche con forma de fresa: así es como saben estos frutos. La verdad es que nosotros hemos visto muy pocas veces fresas silvestres en las bálticas o en los países nórdicos, pero cuando las hemos encontrado ha sido una experiencia deliciosa.

Los arbustos en los que crecen suelen ser muy bajitos, no suelen pasar de los 20cm de altura. Reconoceréis sus hojas por su característicos bordes con forma de sierra.

Frambuesas

Las frambuesas son súper comunes en Europa y en el norte de Asia. Son un fruto con un característico color rojo mate, ofreciendo un sabor tan dulce como apetecible.

¿Sabéis cómo se diferencia una frambuesa de una mora que aun no está madura? Pues básicamente teniendo en cuenta que las primeras se quedan huecas por dentro en el momento de recolectarlas.

Son especialmente habituales en zonas húmedas y sombrías, como por ejemplo a la vera de ríos. Sus arbustos tienen unas espinas que hacen que la recogida sea una actividad de riesgo pero la recompensa siempre merece la pena.

Zarzamora de los pantanos

Para terminar, nuestra favorita: la mora o zarzamora de los pantanos. Conocida como cloudberry, crece en zonas pantanosas o encharcadas. Si vais a recolectarlas lo mejor es que os calcéis unas buenas botas de agua o acabaréis empapados.

Tienen forma de nube, color naranja y su dulce sabor es el favorito de los osos. En la cultura nórdica tiene una gran importancia, siendo especialmente deseada por lo difícil que es encontrarla y debido a que no se puede cultivar.

Nosotros la hemos visto crecer en un par de sitios, en momentos en los que hemos aprovechado para recolectar unas cuantas. Además, la hemos visto en supermercados en forma de sirope o de mermelada (incluso Ikea tiene una de este sabor).

¡Y mucho más!

Nosotros hemos puesto un top five nada objetivo, en el que hemos mezclado las que más hemos visto con nuestras favoritas. Sin embargo, existen muchas más especies: desde el escaramujo hasta la grosella, pasando por madroños o muchas más. La clave está en que seáis respetuosos con el medio ambiente y disfrutéis de los frutos que tiene la naturaleza de una manera sostenible.

No penséis que las bayas están reservadas únicamente a senderistas y recolectores. Podéis encontrarlas a un precio más que razonable en mercados y supermercados, así como en los improvisados tenderetes que encontraréis en muchos pueblos. Una opción intermedia es acudir a una granja de bayas, como Raijan Aitta, en la que lo tendréis todo medio hecho.

Por último, tampoco os olvidéis de que comer las bayas en crudo solo es la opción más sencilla para consumirlas, pero que hay mil opciones más: tartas, mermeladas, salsas… ¡El único límite es vuestro paladar!

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