La Iglesia de Flakstad, un templo lleno de historia

La Iglesia de Flakstad es otro de los templos de referencia de las islas Lofoten. Ubicado no muy lejos de la E10 (la carretera que atraviesa el archipiélago de punta a punta), es un edificio súper bonito y que siempre merece una visita.

Una historia de idas y venidas

Hay menciones a la Iglesia de Flakstad ya en el siglo XV, pero se piensa que podría ser anterior. De hecho, aunque esos primeros documentos datan del año 1430, se estima que la pila bautismal de piedra caliza podría ser del año 1250, lo cual nos lleva a dos centurias antes.

El edificio fue sufriendo modificaciones con el paso de los años. A veces porque requería ampliaciones (por ejemplo, al principio no tenía torre) y otras por pura obligación. Sin ir más lejos, la iglesia quedó destruida casi por completo en 1780, durante una violenta tormenta.

Antes de terminar el siglo se construyó una nueva iglesia, ya con capacidad para 300 personas. Utilizaron todo lo que pudieron de la anterior, pero también aprovecharon para añadir nuevos elementos. El mejor ejemplo es un candelabro traído de Rusia y que, junto con la pequeña cúpula de cebolla de la torre, deja clara la influencia del país vecino.

A finales del siglo XIX un huracán arrasó la torre, que se instaló al lado de la iglesia durante unas pocas décadas. Sin embargo, en 1938 se restauró por completo el edificio y se volvió a añadir la torre en la parte superior de la iglesia. Desde ese momento tiene más o menos el mismo aspecto.

Una iglesia para celebrar el cambio de milenio

La pequeña Iglesia de Flakstad fue elegida como tusenarssted por su municipio. Es decir, formó parte del programa con el que Noruega quería poner en valor su patrimonio con el cambio de milenio.

Y no es para menos, ya que esta iglesia es súper interesante. Más allá de lo llamativa que es su estructura, en la que predominan largos paneles de madera pintados de rojo, si se mira con detalle en ella se encontrarán elementos muy representativos de la arquitectura eclesiástica del país.

Todo en este edificio es adorable: las pequeñas ventanitas con los marcos blancos, el tejado dentado, la pequeña cúpula con forma de cebolla de la que hemos hablado antes…

La visita pilla muy a mano, por lo que no supone un gran trastorno hacer el desvío. Sin embargo, aunque fuese una salida de varios cientos de kilómetros merecería la pena, ya que es uno de los edificios más auténticos que se pueden visitar en las islas Lofoten.

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