Pueblos del Valle del Jarama: qué ver y hacer en cada uno de ellos

Ya hemos visitado todos los pueblos del Valle del Jarama, una de las seis subcomarcas que forman parte de la Sierra Norte. Precisamente por eso, porque hablamos con conocimiento de causa, hoy os contamos qué ver y qué hacer en los seis pueblos que están integrados en este bonito valle. Sigue leyendo si quieres preparar un fin de semana rural muy cerquita de la ciudad de Madrid, pues te esperan auténticas joyas.

Torrelaguna

Empezamos por uno de nuestros favoritos: Torrelaguna, un pueblo que desde el año 1974 goza de la distinción de Monumento Histórico Artístico Nacional. Ya sabíamos que tenía mucho patrimonio antes de ir, pero las expectativas fueron superadas cuando hicimos la visita. En sus calles encontramos palacios, conventos y edificios históricos de toda clase y condición.

No se puede hablar de Torrelaguna sin hacer referencia a la monumental Iglesia de Santa María Magdalena, uno de los templos más grandes de toda la Sierra Norte de Madrid. Con claros rasgos góticos, sus dimensiones hacen que más parezca una catedral de ciudad que una iglesia de pueblo.

Sin embargo, más allá de grandes referencias, lo que nos enamoró de Torrelaguna fue su conjunto. Resulta prácticamente imposible transitar por una calle de su centro histórico y no cruzarse con un monasterio, un puente, un palacio, los restos de unas murallas o una plaza llena de arquitectura nobiliaria.

En los alrededores de Torrelaguna se pueden hacer muchas rutas de senderismo, aunque sin duda nosotros os recomendamos daros un paseo por el Canal de Cabarrús, no tanto por las estructuras hidráulicas (que también) sino porque podréis transitar por los preciosos campos de cultivo del Valle del Jarama.

Torremocha del Jarama

A pocos pasos de Torrelaguna (se puede ir andando, de hecho) está la bonita y coqueta Torremocha del Jarama, una villa castellana en medio de los campos de cultivo de los que hablábamos en el párrafo anterior. En sus inmediaciones podéis encontrar cereales, olivos y trigo a mansalva, en una de las concentraciones agrícolas más vistosas de la Comunidad de Madrid.

Pasear por las calles de Torremocha del Jarama es un regalo para los sentidos. Aquí y allá encontraréis rincones con encanto: pequeñas puertas de colores, flores pintadas en una pared, viejas bicicletas que evocan los veranos de la infancia…

Pese a ser tirando a chiquitita, en Torremocha del Jarama también encontraréis una excelente propuesta patrimonial. Su elemento más destacado es la Iglesia de San Pedro Apóstol, uno de los pocos edificios románicos que se han conservado en la Comunidad de Madrid. Merece la pena ir hasta allí solo por este edificio.

Si vais con coche, merece la pena que tiréis de GPS y vayáis a ver dos conjuntos histórico-artísticos en las afueras del pueblo: la Finca de Oficios y la Antigua Fábrica de Harinas. Hoy en día pertenecen a manos privadas y se utilizan para celebrar bodas, pero podréis visitarlos desde fuera (o en la lejanía) y disfrutar de su bonita arquitectura.

Patones de Arriba

Seguimos ahora con la auténtica celebrity de esta lista: Patones de Arriba. El que para muchos es el pueblo más bonito de la Comunidad de Madrid os espera con sus adorables edificios construidos en pizarra negra, su ajetreo en las horas centrales del día y su silencio cuando se pone el sol.

Puede que llegar hasta Patones de Arriba en fin de semana sea una oda a la masificación y al turismo rural que se desborda, por lo que os recomendamos ir entre semana o el viernes por la tarde. Sin embargo, siendo sinceros, da igual cuando vayáis: en este pueblo os esperan innumerables postales sacadas de un cuento de hadas.

Patones de Arriba rozó el abandono a mediados del siglo XX, pero hoy en día es una auténtica preciosidad. El recorrido por sus calles os llevará a ver iglesias, un horno de pan o las eras, entre otras construcciones destacadas, pero sin duda brilla por el conjunto. Es el pueblo más romántico de la Comunidad de Madrid, resulta imposible ir allí y no dejarse llevar por la ternura mientras se pasea de la mano.

Por si eso fuera poco, en los alrededores os esperan propuestas de senderismo únicas, como la ruta a las Cárcavas o la ruta que une el Pontón de la Oliva con la Presa de la Parra. El caldo de cultivo perfecto para un día increíble.

Patones de Abajo

La cara más desconocida de Patones de Arriba es su pueblo vecino y hermano (ambos son partes indivisibles del mismo término municipal), Patones de Abajo. Puede que no sea el pueblo con más patrimonio del mundo, pero la visita nos parece imprescindible para comprender al completo la realidad de Patones.

Este asentamiento surgió tras la Guerra Civil, cuando los vecinos de Patones de Arriba se empezaron a mudar cerca de la carretera que comunicaba con Torrelaguna, pues allí era donde se movían las pocas oportunidades que ofrecía la España de la posguerra en un sitio recóndito como la Sierra Norte.

Nosotros nos dimos un paseo por allí y encontramos una parroquia, una bonita fuente de piedra y varias casas tradicionales. ¿Suficientes para llenar una excursión por sí mismas? Probablemente no, pero el sitio es visita obligada para Patones de Arriba y visitarlo nos parece más que recomendable.

Redueña

Al oeste de Torrelaguna se encuentra una caja de sorpresas en miniatura llamada Redueña. El pueblo, uno de los poquitos de la meseta que no cuenta con cigüeñas en lo alto del campanario de su iglesia, es un paraíso del turismo rural bien entendido: mucho que ver, calles bien cuidadas, elementos que unen lo tradicional con lo moderno… De verdad, un sitio de diez.

La ruta por el casco urbano de Redueña os llevará hasta la Iglesia de San Pedro Advíncula, una enorme iglesia construida a finales del siglo XIV. También os hará pasear junto al Potro de Herrar, el Ayuntamiento o su engalanada Calle Mayor.

Sin embargo, más allá de su patrimonio, Redueña conquista al viajero por las iniciativas que ponen en marcha sus vecinos. El primer ejemplo que nos viene a la cabeza es la Hoya del Enebral, un huerto comunitario en el que todo el mundo (incluido el turista) puede entrar a aprender más sobre los cultivos tradicionales y recoger algunos productos para su consumo. Nosotros nos llevamos unas caléndulas, que no sabíamos que eran comestibles, aunque bien podríamos haber cogido algunos productos más conocidos como el romero o el tomillo.

La otra iniciativa que siempre nos viene a la mente al hablar de Redueña tiene que ver con el arte urbano, pues en sus calles se encuentran pinturas murales y frases poéticas para dar y regalar. Una forma preciosa de poner el pueblo mono y a la vez conectarlo con el presente.

El Vellón

Para terminar, al sur del Valle del Jarama se encuentra El Vellón, un pueblo tradicionalmente ovejero que hoy se encuentra repartido en dos núcleos urbanos: el que le da nombre y El Espartal.

Entre ambos podréis contemplar dos pequeñas iglesias, que rivalizan entre si con su belleza (la de la Asunción y la de Nuestra Señora de la Concepción), una pequeña ermita o una bonita casa consistorial.

Sin embargo, si por algo destaca El Vellón es por su atalaya árabe, desde la cual se controla un terreno que se extiende en varios kilómetros a la redonda. Para llegar hasta ella hay que caminar un ratito, pero es aseguramos que merece la pena.

De hecho, ya que hablamos de caminar, no os podéis ir de El Vellón sin hacer la ruta a Los Quebraones, uno de los espacios naturales más bonitos del valle. Un buen broche para este artículo, con el cual esperamos poner en valor esta zona de la Sierra Norte y ayudar a otros viajeros a descubrirla.

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