Ruta por el Canal de Cabarrús (Madrid)

Hoy queremos enseñaros una de las mejores rutas de senderismo por la Sierra Norte que hemos hecho hasta la fecha: la que sigue las huellas del Canal de Cabarrús, una estructura hidráulica del siglo XVIII ubicada en las estepas cerealísticas de la Vega del Jarama. En ella visitamos Torremocha del Jarama y Torrelaguna, dos de los pueblos de Madrid más sorprendentes que hemos encontrado hasta la fecha. También disfrutamos de una diversidad de paisajes única, en la que vimos campos de cultivo, olivares, viñedos e incluso almendros en flor.

Fueron cinco horas y media recorriendo unos 18 kilómetros, pero os aseguramos que cada centímetro de terreno andado mereció la pena. Además, pese a la distancia, es una rutita súper llana, así que es accesible para casi todos los públicos.

Una gran obra hidráulica en la estepa cerealística madrileña

Vayamos al siglo XVIII. El Conde de Cabarrús, asesor de la corona y prestamista personal del rey Carlos III, ve una oportunidad de negocio: construir un canal que aprovechase las aguas del Jarama y Lozoya (muy abundantes por aquel entonces) para inundar los campos de cultivo del Valle Medio del Jarama. Rápidamente se puso manos a la obra, adquiriendo los derechos de las aguas de los dos ríos y consagrando su vida a ello.

Durante un cuarto de siglo invirtió la mayor parte de su enorme fortuna, construyendo el canal y toda la infraestructura correspondiente: puentes de piedra, acueductos, casas para los operarios… Por supuesto, sacaría una buenísima tajada de los campos de cultivo resultantes, que no tenían rival en muchísimos kilómetros a la redonda.

Aunque el Conde de Cabarrús murió en 1810, su canal siguió en uso más de una década después. Sin embargo, los cultivos de secano eran más rentables y en 1822 dejó de utilizarse. A finales de siglo fue comprado por el Canal de Isabel II, el actual propietario de una obra hidráulica que cambió para siempre esta zona de la Comunidad de Madrid.

Hoy en día se puede hacer una ruta de lo más aparente, visitando dos de los pueblos que más se beneficiaron del impulso económico que trajo esta construcción (Torremocha del Jarama y Torrelaguna), campos de cultivo con una variedad paisajística enorme y el propio canal, que todavía es visible si se sabe dónde buscarlo.

Senderismo junto al Canal de Cabarrús: nuestra experiencia

Vamos a contaros cómo fue nuestra experiencia haciendo una ruta que, entre pitos y flautas, nos tuvo caminando durante cinco horas y media. Es llana y no tiene complicaciones, pero la verdad es que acabamos bastante cansados.

El punto de partida fue Torremocha del Jarama, un pueblo que nos encantó. Hacer este recorrido fue la excusa perfecta para dar un paseo por sus calles y disfrutar de edificios como la Iglesia de San Pedro Apóstol, uno de los escasos ejemplos de arquitectura románica que hay en la Comunidad de Madrid.

Rápidamente nos pusimos en dirección a Torrelaguna siguiendo una vía pecuaria que comparte trazado con el Camino de Santiago madrileño. Apareció en seguida uno de los primeros viñedos del recorrido, el cual no fue el único. La producción de vino tiene mucho arraigo en esta zona, algo que inevitablemente deja reflejo en el paisaje.

Este primer tramo es súper bonito, con los picos más altos de la Sierra Norte justo al fondo. Si tenéis suerte y hay un poquito de nieve en las cumbres, disfrutaréis de unas panorámicas sensacionales.

Lo que no está bonito es la última parte de este tramo, ya que cuando estéis llegando a Torrelaguna tendréis que recorrer aproximadamente 500 metros por el arcén de la carretera M-102. Es una vía muy transitada por coches, motos y ciclistas, así que se hizo entre incómodo y peligroso. No tanto como para desaconsejar la ruta, pero desde luego tendréis que andar con mil ojos yendo con perros o niños pequeños.

Llegar a Torrelaguna a media mañana es una experiencia fascinante, gracias a su patrimonio y el bullicio que encontraréis en sus calles. Si ya conocéis el pueblo, la ruta simplemente lo atraviesa, por lo que no os llevará mucho. Nosotros era la primera vez que íbamos, así que estuvimos casi dos horas disfrutando del pueblo.

Dejamos atrás Torrelaguna yendo por el Camino de las Lomillas Bajas, por donde nos metimos en un infinito mar de cultivos. Los campos de cereales son súper bonitos en cualquier época del año: a nosotros nos tocó el final del invierno, por lo que estaba todo verde, pero volveremos en otoño para ver los tonos dorados cubriendo todo el terreno.

Atravesamos a mitad de camino el Canal de la Parra, otra estructura hidráulica en desuso. Y es que la zona tiene un infinito potencial agrícola desde que el mundo es mundo, por lo que los proyectos para su explotación se cuentan por decenas.

Lo que más nos gustó de esta ruta es que no hay tiempo para cansarse, ya que los paisajes van cambiando constantemente. Cuando llevábamos un rato entre cereales, de repente pasamos a estar caminando entre olivares. Para estar en la Comunidad de Madrid, no esperábamos poder atravesar un campo de olivos tan bonito como este.

Tampoco contábamos con las decenas de almendros en flor que vimos en el siguiente tramo del camino, el más pegado a la provincia de Guadalajara. De hecho, se puede casi tocar con los dedos la bonita villa de Uceda, a la cual perteneció Torrelaguna hasta el siglo XIV.

Los restos de la Ermita de Santa María de la Cabeza fueron lo siguiente en aparecer. Es una pena que estén en medio de una propiedad privada y no pudiéramos verlos de cerca, pero desde luego en la distancia parecían muy bonitos.

Esta ermita marca la llegada a la zona en la que el Canal de Cabarrús se hace presente. Durante esta parte del camino se pueden ver muchos de los elementos arquitectónicos que surgieron al calor de esta gran obra.

Nos referimos, en primer lugar, a los pontones de piedra: una sucesión de puentes que se utilizaban para sortear las aguas del canal y que hoy han sido todos puestos en valor.

Muchas no llegaron hasta nuestros días, pero también veréis los restos de las diferentes casas de guardia (también llamadas casas de colonos) en las cuales vivían los operarios, guardias e ingenieros que trabajaban en el Canal de Cabarrús.

Las más destacadas las veréis junto al camino. Por un lado, la Casa de Guardia de la Orteguilla (que parece una casita embrujada en lo alto de una colina).

Por otro, la Casa de Guarda de los Borrachos, de la cual solo se han conservado unos cuantos paramentos.

En este último tramo del camino, a mano derecha, os acompañará durante todo el tiempo la Casa de los Oficios. Fue el lugar en el que vivió el Conde de Cabarrús durante su estancia en la zona. Aunque no podáis visitarlo por dentro (ya que hoy en día es un espacio privado en el que se celebran bodas), da mucha personalidad al paisaje.

Al poco tiempo volvimos a Torremocha del Jarama. Cansados, si, pero totalmente satisfechos tras haber realizado una de las rutas más completas y variadas de la Sierra Norte de la Comunidad de Madrid.

Ficha técnica: cómo llegar, distancia y otros datos

📍 Punto de inicio: siendo una ruta circular que pasa por Torremocha del Jarama y Torrelaguna, se podría empezar en cualquiera de los dos pueblos. Nosotros os recomendamos partir de Torremocha, ya que se aparca mucho más fácil. Así lo hicimos nosotros, dejando el coche cerca de la Plaza de San Isidro.

📏 Distancia / desnivel: según el GPS, hicimos unos 18 kilómetros. Realmente la ruta se podría hacer en algo menos, pero aprovechamos para ver bien Torrelaguna (que tiene mucho patrimonio). Simplemente atravesando ese pueblo, podríais dejar la ruta en 16 o 17 kilómetros. El desnivel positivo es de casi 180 metros.

💪 Dificultad: es una ruta llana, sencilla y en la cual se atraviesan dos pueblos, así que no tiene ninguna dificultad. Eso sí, es larguita, así que hacedla solo si tenéis un mínimo de forma física. El único consejo que os podemos dar es que tras dejar atrás Torrelaguna os esperan dos horitas sin acceso a agua potable, así que salid de ahí con agua en la mochila. También os puede venir bien llevar una gorra o sombrero, ya que no hay mucha sombra a lo largo de la ruta.

⏲️ Duración: empezamos la ruta a las 10:30 y llegamos al coche a las 16:00, con lo cual estuvimos… ¡cinco horas y media! Eso sí, paramos un rato bastante largo para comer, hicimos un par de pausas para que el perro se refrescase y vimos en detalle tanto Torrelaguna como Torremocha del Jarama, así que fuimos bastante despacio. Yendo a buen ritmo se puede hacer en tres horas y media.

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