Subir a Calton Hill, la pequeña «acrópolis» de Edimburgo

La adorable colina de Calton Hill es una de esas visitas imprescindibles de Edimburgo. En ella encontraréis una de las mejores panorámicas de la ciudad, algunos de los monumentos más destacados, un cementerio lleno de esculturas interesantes y, por supuesto, una hermosa zona verde para dar un agradable paseo. En este post os contamos todo sobre Calton Hill y las cosas que no os podéis perder estando allí.

De primer parque a Patrimonio de la Humanidad

Calton Hill tiene el honor de ser el primer parque público. Fue establecido por el rey Jaime II en el siglo XV, aunque lo cierto es que se utilizó más para el entrenamiento de los militares que para el esparcimiento de los ciudadanos de a pie. Más tarde pasó a ser un hospital para leprosos, de cuyo perímetro no era muy recomendable intentar escapar: si te pillaban, acababas en la horca. La ciudad fue creciendo y la colina volvió a ser un parque, el cual fue poblado durante el siglo XIX con una serie de monumentos que a día de hoy son su principal característica.

De hecho, los monumentos que están repartidos por Calton Hill no son solo representativos de esa zona, sino más bien de toda la ciudad: la panorámica de Edimburgo desde allí es la portada de prácticamente todas las guías de viajes que se pueden encontrar sobre este destino.

Esta fama es más que merecida, ya que Calton Hill es un lugar encantador. Ubicada al este de Princes Street, es una colina preciosa, con mucho para ver y menos masificada que otras zonas de Edimburgo. Merece la pena ir a cualquier hora del día, aunque quizá nuestro momento favorito sea el atardecer. También es un lugar más que recomendable para hacer un picnic, por lo que si vais a tirar de comida para llevar puede ser un sitio excelente para dar cuenta de ella.

Qué ver en Calton Hill

Monumento Nacional (Partenón de Edimburgo)

Quizá el elemento más llamativo de Calton Hill es el extraño Monumento Nacional, construido en el siglo XIX como homenaje a los caídos en las Guerras Napoleónicas. Hasta el menos suspicaz encontrará un clarísimo parecido al Partenón de Atenas, pues dicho monumento fue la principal fuente de inspiración.

Hoy en día es una de las principales referencias de la ciudad, pero no todo ha sido coser y cantar. Su construcción quedó a medias por falta de fondos, y prácticamente desde el primer momento despertó el rechazo entre los locales. De hecho, es conocido popularmente como «la vergüenza de Edimburgo».

A nosotros nos encanta, pese a lo bizarro que es encontrarte de repente una réplica del Partenón sin ningún sentido.

Monumento a Dugald Stewart

A escasos metros de allí está el Monumento a Dugald Stewart. Menos llamativo que el Monumento Nacional, lo cierto es que su silueta se ha convertido probablemente en lo más fotografiado de la ciudad. Se inspira también en una construcción ateniense, en este caso la Linterna de Lisícrates, de cuya figura hay réplicas a lo largo y ancho de toda Europa.

Monumento a Nelson

Tampoco puede faltar una visita al Monumento a Nelson, construido en 1815 para agradecer al almirante sus servicios prestados en la Batalla de Trafalgar. Aunque se puede subir a su punto más alto gracias a una escalera de caracol con (más o menos) 150 escalones, las vistas vienen a ser iguales que desde otros puntos de Calton Hill.

Observatorio de la Ciudad

Nuestro punto favorito de la colina es el Observatorio de la Ciudad, un antiguo observatorio desprovisto de sus funciones (la institución astronómica que albergaba fue trasladada a las afueras para sortear la contaminación lumínica). El edificio también tiene inspiración en la arquitectura griega, aunque destaca por un elemento que no tiene nada que ver con ella: una enorme cúpula cuya función era albergar el telescopio del observatorio.

Se puede visitar de manera gratuita.

Cementerio de Calton

Por último, a los pies de la colina hay un cementerio que bien haríais en visitar. En él están enterradas algunas personalidades clave de la cultura europea, destacando por encima del resto el filósofo David Hume. Como en otros cementerios de Edimburgo, no faltan las historias siniestras, infinitos reportes de la aparición de fantasmas y algunas de las mejores esculturas de la ciudad.

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