Qué ver en Siresa, donde el románico y los Pirineos se dan la mano

En este post nos transportamos a Siresa, una tranquila localidad del Pirineo de Huesca. Allí todo parece girar alrededor de su impresionante monasterio románico, uno de los más impresionantes de la zona. Sin embargo, si se visita con calma se descubrirán muchas más cosas, pues este pequeño pueblo está lleno de rincones con encanto. Acompañadnos y disfrutar de uno de los lugares más emblemáticos del precioso Valle de Hecho.

El último pueblo del valle

Siresa es el último núcleo poblacional del Valle de Hecho. El hecho de estar en los límites (unos pocos kilómetros más adelante el Pirineo se vuelve demasiado riguroso como para habitar de continuo) hace que la localidad tenga un marcado carácter de montaña, algo palpable tanto en su arquitectura como en sus gentes.

El pueblo se asienta sobre un barranco, lo cual hace que existan diferentes barrios en distintas alturas. En todos ellos se respira tranquilidad, aunque también las leyendas propias de un lugar en el que incluso se presume de haber albergado el Santo Grial en época antigua.

El entorno no podría ser más privilegiado. Como en todo el Pirineo aragonés, los alrededores de Siresa son una auténtica pasada. De hecho, esta es una de nuestras zonas favoritas de las montañas oscenses.

Tal y como hemos dicho al principio, el principal punto de interés turístico de Siresa es su monasterio. Su fundación fue promovida a comienzos del siglo IX, cambiando para siempre la historia del pueblo. La presencia de esta institución puso en el mapa a la localidad, gracias a una enorme biblioteca (conocida como «Luz de Occidente») y al lento pero constante devenir de peregrinos.

Sin embargo, el monasterio no lo es todo. Seguid leyendo y os enseñaremos el templo, sí, pero también otros muchos motivos por los que hacer una visita a Siresa.

Turismo en Siresa

Monasterio de San Pedro de Siresa

Declarado Monumento Nacional en el año 1931, el Monasterio de San Pedro de Siresa es uno de los grandes atractivos turísticos de Siresa, de la provincia de Huesca e incluso de todos los Pirineos. Se trata de un impresionante conjunto románico que por sí mismo justifica un viaje, tanto por su importancia histórica como por su entidad artística.

Las primeras noticias sobre el monasterio se hallan en el año 833, cuando se donaron unas tierras para su establecimiento. Durante tres siglos fue una institución clave en el desarrollo de la zona, con hechos tan relevantes como haber sido el lugar en el que se educó Alfonso I El Batallador. Sin embargo, la mayor parte de lo que ha llegado a nuestros días fue construido en el siglo XI, ya en un momento de menor esplendor. De hecho, por entonces el poder ya se había trasladado a Jaca, quedando Siresa en una ubicación relativamente marginal.

En cualquier caso, hablar hoy del Monasterio de Siresa es hacerlo de uno de los conjuntos religiosos medievales más importantes de la Península Ibérica. La visita es obligada, tanto por lo impresionante del edificio como por todo lo que alberga en su interior.

Por cierto, se dice que en un hueco del ábside se encontró ni más ni menos que el Santo Grial, el cual fue posteriormente trasladado a Valencia.

Arquitectura popular

Más allá de la visita al monasterio, merece la pena que os deis una vuelta por el propio pueblo de Siresa. Eso sí, poneos calzado cómodo, ya que las cuestas están aseguradas. Al fin y al cabo, la localidad se asienta sobre un barranco, por lo que para recorrerla tendrías que sortear duras pendientes.

Sus casas ofrecen la tipología típica de la arquitectura del Valle de Hecho. Algunos ejemplos notables son la Casa Organero, Casa Agustiné y Casa Pizuela, con sus características fachadas con balcones y galerías. Son edificios austeros, propios de un pueblo de montaña, pero a la vez con detalles interesantes.

Nos repetimos como las cebollas, pero os aseguramos que lo mejor del pueblo es el conjunto. Paseando por Siresa descubrimos muchos sitios con encanto, una pastelería que fue de lo mejorcito del viaje a los Pirineos y pudimos disfrutar de muy buenas vistas de los alrededores. De verdad, merece la pena caminar sin rumbo y dejarse embaucar por sus escasas (aunque bien avenidas) calles.

Horno vecinal

Y, aunque lo que más valoramos fue el conjunto, hay dos edificios que merecen una mención aparte. Ambos hablan de cómo era la vida en el Valle de Hecho y tiene mucho mérito que hayan llegado hasta nuestros días. El primero de ellos es el Horno vecinal, hoy convertido en el Museo Lo Furno. Allí podréis aprender muchísimo sobre la elaboración del pan, un alimento sin el que las generaciones precedentes a la nuestra no hubieran podido superar los crudos inviernos.

Lavadero municipal

El otro espacio que queremos mencionar es el Lavadero municipal, que en la actualidad hace las veces de Museo del Lavadero. En este pequeño centro de interpretación gratuito podréis leer paneles informativos sobre los usos y costumbres relacionados con el lavadero, una estructura presente en la mayor parte de los pueblos de España. Lugar de reunión y de trabajo a partes iguales, para nosotros supuso el punto y final a la visita a Siresa.

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