Qué ver en Revilla, el secreto mejor guardado de la comarca del Sobrarbe

La Garganta de Escuaín es una de las zonas más conocidas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Para conocerla bien, una excelente opción es ir hasta los miradores de de Revilla, pues podréis contemplar la garganta desde las alturas. Se aparca junto al pequeño pueblo de Revilla, una pedanía perteneciente al municipio de Tella-Sin. Precisamente, de esta urbe es de la que queremos hablaros, pues mucha gente va hasta el aparcamiento pero no tanta le da una oportunidad a Revilla. Nosotros dimos un paseo por sus callecitas y nos trajimos un recuerdo imborrable.

Puro Pirineo

Revilla es un pueblo monísimo y muy poco visitado. Al menos, esa sensación nos dio: mientras que desde el aparcamiento hasta los miradores vimos un trasiego de gente constante, en dirección al pueblo no nos cruzamos con absolutamente nadie.

Ubicado a 1100 metros de altura, el nombre de Revilla puede encontrarse escrito de muy diversas maneras: Rebilla, Ribilla, Reuiella… Sea como fuere, todos proceden de una palabra latina que significa ribazo o terraplén, la cual hace referencia al espacio sobre el que se asienta el pueblo.

Es un lugar que se visita en escasa media hora, ya que tiene reducidas dimensiones. Sin embargo, si vais con los ojos bien abiertos os daréis cuenta de que hay muchísimos detalles que lo llenan de encanto. Por doquier veréis carteles explicando la vida de vecinos ilustres, paneles informativos o rutas para descubrir los alrededores.

Turismo en Revilla

Arquitectura tradicional

Las poquitas casas que forman el casco urbano de Revilla son un muestrario único de lo que la arquitectura tradicional de los Pirineos tienen que ofrecer al mundo. Apenas son diez o doce, pero todas ellas están muy bien conservadas. En sus fachadas veréis a quién pertenecían: Casa Chuana, Casa Miguela, Casa Ixacinto…

Estación biológica Monte Perdido

Precisamente, en la Casa Juan Bernad (un precioso caserón del siglo XVI) se ha puesto en marcha la Estación Biológica Monte Perdido, un centro de interpretación de la zona y que colabora estrechamente con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos. Durante todo el año realiza actividades relacionadas con el estudio de la fauna de la zona, además de servir como alojamiento para investigadores y profesionales de la conservación del medio ambiente.

Sendero Interpretado por la Observación de la Hormiguera de Lunares

A mitad del pueblo veréis la señalización para el Sendero Interpretado por la Observación de la Hormiguera de Lunares, un pequeño recorrido de escasos 40 minutos que os permitirá seguir las huellas de esta simpática mariposa. El itinerario recorre algunos prados en pendiente, así que si os vais a animar a hacerlo es imprescindible que utilicéis el calzado adecuado.

Iglesia de San Félix

En la parte alta del pueblo está la pequeñísima Iglesia de San Félix, la mayor sorpresa de Revilla. Es un templo sencillo pero auténtico, en el cual se han conservado algunas policromías antiguas. No se nos ocurre un lugar mejor en todo el Pirineo aragonés para poder contemplar cómo es la relación entre el humano y la fe en un entorno tan dificultoso como este.

Fuente de piedra

Por último, justo en la entrada del pueblo, bajando por una pequeña rampa, hay una fuente de piedra que data del año 1954. Como suele ocurrir en este tipo de estructuras, fue el principal lugar de socialización hasta que llegó el agua corriente a las casas.

Ruta de los Miradores de Revilla

Tal y como hemos dicho al principio, Revilla recibe fundamentalmente visitantes porque es el punto de partida para una ruta sobre los miradores de la Garganta de Escuaín. Al igual que os recomendábamos visitar el pueblo, evidentemente tampoco os podéis ir de allí sin hacer esa ruta, pues os ofrece algunos de los mejores paisajes del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

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