West Rim: la versión cara, chusca y prescindible del Gran Cañón

¿Puede un sitio tan chulo como el Gran Cañón del Colorado acabar enfadando a dos frikis de los viajes como nosotros? Sin lugar a dudas. El mérito lo tiene el West Rim o Grand Canyon West, un tramo de este maravilloso espacio natural que no forma parte del Parque Nacional, sino que pertenece a la tribu Hualapai. Estos nativos han montado un auténtico sacacuartos en el que lo único que importa es sacarle el dinero a los turistas, empobreciendo al máximo la experiencia y desaprovechando las virtudes de un lugar único.

El Gran Cañón reducido a su mínima expresión

El Gran Cañón del Colorado se encuentra en el norte de Arizona. La parte más visitada es conocida como West Rim, formando un binomio único con el North Rim en forma de Grand Canyon National Park. A modo de referencia, la ciudad de Williams (uno de los iconos de la Ruta 66) es la ciudad más propicia para ir hasta allí.

Sin embargo, el Gran Cañón como accidente geográfico sobrepasa los límites del Parque Nacional. Sus 446 kilómetros de largo hacen que existan otras zonas de observación, siendo Grand Canyon West una de las más occidentales. De hecho, es el punto más cercano a la ciudad de Las Vegas, cuyas dos horas en coche le convierten en una excursión más que asumible en un solo día.

¿Cómo es la visita a Grand Canyon West? Pues tiene más sombras que luces, la verdad. Para empezar están los precios, pues las entradas empiezan en 75$ por persona (tienen opciones más baratas, pero con ellas no se ve absolutamente nada). Pasar por caja os permitirá subir a un shuttle bus que os llevará a diferentes puntos de observación, en los cuales sufriréis aglomeraciones y no podréis moveros con libertad. Por si eso fuera poco, hay zonas que serían observatorios increíbles que han sido tapadas, forzando a la gente a comprar entradas más caras.

Qué ver en el West Rim del Gran Cañón

Centro de visitantes

Lo primero que veréis al llegar a Grand Canyon West es su centro de visitantes. En él lo único que hay es una tienda, la taquilla en la que se paga y unos baños, además de una exposición ridículamente pequeña en la que no aprenderéis prácticamente nada.

Lo que si podréis hacer es tomar el shuttle bus, el cual sale de este punto y os llevará a tres lugares más: Eagle Point, Guano Point y Hualapai Point.

Skywalk & Eagle Point

La primera parada es en Eagle Point, cuyo principal icono es el Skywalk: un mirador semicircular de tres metros de ancho y veinte de largo, el cual os permitirá caminar literalmente sobre el Gran Cañón. Su suelo es de cristal, por lo que si miráis hacia abajo podréis ver casi un kilómetro de caída libre hasta el lecho del río.

¿Es una experiencia impresionante? Pues no, lamentablemente no. Justo antes de entrar, os obligarán a dejar vuestro teléfono en la taquilla. Después os harán esperar fila un buen rato bajo un sol de justicia, hasta que llegue el fotógrafo que os acompañará durante la visita. Estaréis unos 5 minutos en el Skywalk, hasta que salgáis por el otro lado y paguéis (o no, nosotros no lo hicimos) por las fotos que os han hecho).

En Eagle Point hay otras cosas, como por ejemplo un pequeño museo. Este no tiene ningún valor y ocupa menos espacio que la tienda, la cual es gigante y tiene precios desorbitados. También hay allí un restaurante y una cafetería.

En los alrededores está la Native American Village. Que no os engañe su nombre: son literalmente cuatro casas construidas específicamente para esta exposición, las cuales no tienen valor alguno. También hay un anfiteatro, pero nosotros solo vimos a gente sentada allí para descansar por el calor que hacía.

Guano Point

Tras el suplicio de Eagle Point, volvimos a montarnos en el autobús (no sin antes esperar un rato largo hasta que viniese) y fuimos a Guano Point. Allí hay una especie de montañita, desde la cual hay unas buenas vistas del Gran Cañón. Probablemente sea lo único que se salve de esa pantomima llamada Grand Canyon West.

Por supuesto, no dejan pasar la oportunidad de hacer que la experiencia sea mala y hay una cafetería que ocupa muchísimo sitio. No dejarán de llegar autobuses llenos de gente durante vuestra visita, por lo que no podréis hacer ni una sola foto sin cientos de guiris en ella.

Hualapai Point

Existe un tercer punto de observación, el Hualapai Point. Sin embargo, este está centrado fundamentalmente en carísimos alojamientos y experiencias pasadas de moda (como una tirolina con muy malas opiniones sobre ella en internet).

Cómo organizar la visita

Únicamente tenéis que tener en cuenta la ubicación de Grand Canyon West para organizar la jornada: a dos horas de Las Vegas y tres desde Williams, por daros referencia a un lado y a otro. Una vez allí la visita es bastante encorsetada, ya que todo se reduce a subirse al autobús y exprimir vuestra paciencia mientras maldecís el momento en el que decidisteis pagar 75$ (como mínimo) por persona.

¡Ah! Un dato interesante. Justo antes de llegar al West Rim pasaréis por delante del Grapevine Mesa Joshua Tree Forest, un tremendo bosque de árboles de Josué.

¿Merece la pena ir al West Rim?

No pudo ser peor la visita al West Rim del Gran Cañón. Lo primero que tenemos que decir es que nos sorprenden las opiniones que hemos leído en otros blogs sobre este lugar, aunque suponemos que lo pintarán bien para vender excursiones y así llevarse la correspondiente comisión. El sitio es patético, roza lo absurdo y no merece la pena gastarse en él ni un dólar. El Gran Cañón es un espacio natural increíble, es una verdadera pena que la experiencia acabe siendo tan negativa.

El único motivo por el que le recomendaríamos esta visita a alguien es por su ubicación. Se encuentra a tan solo dos horas de Las Vegas, por lo puede permitiros ver el Gran Cañón sin desplazaros demasiado. Eso sí, tenedlo claro: si existe la más mínima posibilidad de ir a otros lugares de observación, sin duda deberíais evitar el West Rim.

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