Visitar Jánovas, el pueblo expropiado que nunca fue abandonado

La pequeña localidad de Jánovas, en el Pirineo oscense, es el mejor ejemplo de que nada hay bajo el sol que no tenga solución. Ubicado en el Valle del Ara, el pueblo fue brutalmente expropiado en los años 60 del siglo XX para la construcción de un pantano que nunca fue llevado a cabo. Cuando cuarenta años después se desestimó el proyecto, los vecinos iniciaron un periplo legal para recuperar lo que era suyo, devolviéndole poquito a poco la vida a un lugar que nunca debió perderla.

En este artículo os contamos esta historia de infamia y superación, además de mostraros todo lo que se puede ver y hacer en uno de los lugares más sorprendentes de las montañas de Huesca.

Lo que se abandonó fue el pantano, no el pueblo

Jánovas era, a mediados del siglo XX, uno de los municipios más destacados del Valle de Ara. Sin embargo, todo se torció cuando en 1951 el dictador Francisco Franco adjudicó a Iberdrola (llamada Iberduero por aquel entonces) un proyecto para construir un pantano en el valle, el cual inundaría varias localidades.

Una década después comenzaron las expropiaciones. Los vecinos no querían abandonar sus casas, así que el régimen franquista realizó todo tipo de tropelías: dinamitaron viviendas, echaron abajo la puerta de la escuela para sacar por la fuerza a profesores y alumnos, se talaron los árboles de los alrededores… Todo esto, por supuesto, con la ayuda de la Guardia Civil.

A esto también colaboró de manera activa la actual Iberdrola. La empresa, la cual suele acoger en su consejo de administración a políticos de PP y PSOE cuando se retiran de la política, cortó la luz y el agua a una población que resistió heroicamente hasta 1984.

El lugar fue deteriorándose con el paso del tiempo, pero a los responsables del proyecto se les hizo de noche. La obra no terminó de materializarse, algo que permitió que en el año 2001 se publicase en el BOE un informe en el que se señalaba el brutal impacto que tendría en el medio ambiente del valle. Los apaños de 1960 no eran tolerables en el nuevo milenio. Por fin, en 2005, se desestimó de manera oficial el infame proyecto.

Así, en 2008 comenzó la reversión de los bienes expropiados. Desde entonces, poquito a poco se está recuperando el pueblo. Hasta hace bien poquito parecía un pueblo abandonado, pero lo único que hubo aquí fue desahucio. El corazón de los vecinos nunca se fue de allí, y la mejor muestra de ello es que desde el año 2019 vuelve a haber energía eléctrica.

La principal institución implicada en la recuperación del pueblo es la Fundación San Miguel de Jánovas, que promueve día a día la rehabilitación de un municipio que nunca debió expropiarse. Por suerte, tal y como dice Remus Lupin, es la calidad de las convicciones, y no el número de seguidores, lo que determina el éxito. Quizá por eso Jánovas siempre existirá, pero los responsables de haber arrasado el pueblo ya están donde les corresponde: en el olvido.

Qué ver en Jánovas

Llegar a Jánovas no es sencillo, ya que la sinuosa N-260 no es la carretera más cómoda del mundo. Sin embargo, despacito y con buena letra llegaréis hasta un pequeño desvío que os llevará hasta la entrada del pueblo. Allí, en un gran apeadero de tierra, podréis dejar vuestro vehículo e iniciar la visita a Jánovas. Dicho sea de paso, nosotros hicimos noche allí con la furgo y dormimos de maravilla.

Recorrer unas ruinas más vivas que nunca

Jánovas es uno de esos lugares en los que con los ojos abiertos es posible disfrutar de una experiencia fascinante. El conjunto arquitectónico resultante tras una época de esplendor, décadas de abandono y su posterior recuperación hace que sea un lugar fascinante.

Por doquier veréis casas en ruinas que conviven con otras en reconstrucción. Por suerte, también veréis otras que han recuperado (e incluso superado) el vigor de antaño.

Os recomendamos caminar por las diferentes entradas y salidas del pueblo, así como recorrer tantas calles como podáis. Eso sí, tened en cuenta dos cosas: que es un lugar en reconstrucción, con lo cual hay que prestar atención a las indicaciones en materia de seguridad; y que es un lugar privado y con una historia muy sensible detrás, por lo que tenéis que ser muy respetuosos y solo acceder a aquellos lugares que sean públicos.

Mesa comunal

En la entrada del pueblo os espera la mesa comunal, uno de los primeros trabajos de recuperación que llevaron a cabo los vecinos de Jánovas. Se trata de un lugar de reunión y de toma de decisiones, en el cual se reúnen para concretar las labores de rehabilitación. En la mesa se pueden hacer donativos para contribuir con el proyecto.

Placeta Escuelas

Uno de los lugares más emblemáticos de Jánovas es la Placeta Escuelas, en donde se han llevado a cabo algunas de las obras más ambiciosas en la recuperación del pueblo. Por ejemplo, allí está la Casa Castillo, donde residió Francisca Castillo, la última vecina ilustre de la localidad.

Horno vecinal

Otra de las primeras reconstrucciones que se han llevado a cabo es la del Horno vecinal. El que fuera uno de los lugares clave de la vida en esta zona del sur de los Pirineos oscenses ya está de nuevo en pie, convirtiendo a Jánovas en un museo etnográfico de primer nivel.

Iglesia de San Miguel

A las afueras del pueblo está la Parroquia o Iglesia de San Miguel, sin duda el edificio más destacado de Jánovas. Es una construcción del siglo XVI, aunque está sobre el emplazamiento de un templo románico aun más antiguo. Aunque no sea recomendable subir al campanario por motivos de seguridad, merece la pena entrar a su interior para disfrutar de las pinturas de las paredes.

Junto a la iglesia hay una enorme cruz de piedra que también es el orgullo de sus vecinos.

Puente colgante

También en las afueras de Jánovas, aunque justo al otro lado, hay un sorprendente puente colgante del siglo XIX. No se conservan muchos de esta época en España, lo cual hace que el pueblo sea aun más especial. Eso sí, cuidadín: está un poco deteriorado y puede ser peligroso yendo con perros o niños pequeños.

Zona de baño

El puente sirve para pasar por encima del Río Ara. Antaño era imprescindible, ya que era muy frecuente que tuviese crecidas e hiciese que su paso fuese muy complicado por su caudal. Precisamente, bajo el puente y a lo largo de todo el río a su paso por Jánovas hay una buena zona de baño, por lo que (con mucho cuidado) podréis daros un remojón en los meses cálidos del año.

Mirador de Jánovas

Para terminar, a los pies de la N-260 está el Mirador de Jánovas. Aunque tradicionalmente era el lugar en el que apearse junto a la carretera y disfrutar de las vistas del pueblo, hoy en día la panorámica queda muy eclipsada por los grandes árboles que hay en medio. Sin embargo, solo nos parece un motivo más para bajar hasta el pueblo y disfrutar de él sobre el terreno.

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