Las Villas de Madrid son algo así como el once de gala del turismo por la Comunidad de Madrid en ciudades de pequeño tamaño. Es un conjunto de once destinos a cada cual más increíble, unidos bajo el paraguas de un programa que quiere ponerlos en valor y darles la visibilidad que merecen. Arquitectura, gastronomía, naturaleza y todo tipo de sorpresas repartidas a lo largo y ancho del territorio madrileño. La mejor muestra de que hay vida más allá de la capital.

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El programa para diversificar el turismo madrileño
El argumento de las Villas de Madrid está claro. Todo el mundo conoce la capital y sus elementos más emblemáticos, como la Gran vía, los museos o sus terrazas en las que todo puede ocurrir. Sin embargo, no son tantos los viajeros (madrileños y de fuera) que le han dado una oportunidad al resto de la Comunidad Autónoma. ¡Y eso no puede ser!
Por eso, se ha creado este programa en el que se ensalzan las virtudes de once destinos de contrastes: localidades de montaña, villas a los pies de un río, con muchísimo patrimonio, con una historia única, paraísos de la gastronomía… No es que haya que visitarlas todas de golpe. Simplemente hay que saber que están ahí y que tienen mucho que ofrecer.
Nosotros las hemos ido visitando poco a poco, sin un plan establecido. Simplemente, a base de excursiones de fin de semana hemos acabado yendo a todas. Ahora nos hace ilusión enseñároslas juntas en un mismo post, para que veáis que la Comunidad de Madrid es un lugar con muchísimas posibilidades.

¿Qué ver en las once Villas de Madrid?
Manzanares El Real
Empezamos con Manzanares El Real, cuya principal seña de identidad es el Castillo de los Mendoza. Pensad en la típica fortaleza medieval que evoca príncipes y princesas, con todos los elementos posibles: almenas, un torreón, estancias llenas de armaduras… Eso es lo que os espera.
Además, el resto de la villa es una auténtica maravilla. Es la puerta de entrada a La Pedriza, uno de los entornos naturales más interesantes de la Comunidad de Madrid. Combinar la visita a Manzanares el Real con un paseo por su entorno es la mejor idea posible para una excursión de un día.
En lo gastronómico, destaca la fábrica de La Pedriza, una de las marcas de cerveza artesanal más reconocibles para los madrileños. Merece la pena ir allí a degustar el producto y aprender sobre su elaboración.

Rascafría
Saltamos ahora a Rascafría, una auténtica caja de sorpresas. En el pueblo encontraréis de todo: una iglesia estupenda, la medieval Plaza de Trastámara, un ayuntamiento construido en ladrillo rojo, plazas, museos…
Sin embargo, donde realmente brilla Rascafría es en sus alrededores. Allí os esperan joyas de la talla del Real Monasterio de Santa María de El Paular, el impresionante Puente del Perdón, el Bosque Finlandés o las míticas Presillas de Rascafría. También podéis dar una vuelta por el Valle de la Angostura o echarle valor para llegar hasta la Cascada del Purgatorio.
Por último, en Rascafría se encuentra la tienda y fábrica de chocolate natural San Lázaro. Si sois chocolateros, sin duda tenéis que meter este destino en vuestra agenda.

Patones de Arriba
Pasamos a Patones de Arriba, un paraíso hecho en piedra negra. Su ubicación es un poco remota (tanto que pasó desapercibido para los franceses durante la invasión de 1808), pero os aseguramos que merece la pena subir hasta allí. En sus calles encontraréis un pueblecito de cuento: suelo empedrado, balcones floridos, fuentes de piedra… Es uno de los pueblos más bonitos de toda España, pese a que no sea especialmente conocido.
Nosotros siempre recomendamos ir de lunes a viernes, ya que así se pueden recorrer sus calles prácticamente en solitario. Eso sí, esto tiene un problema adicional: que todos los restaurantes solo abren los fines de semana. ¡Tenedlo en cuenta!

Torrelaguna
Y de una coqueta villa en medio de la montaña pasamos a Torrelaguna, que en su tiempo fue una auténtica metrópoli. Es la cuna del Cardenal Cisneros, uno de los personajes más poderosos de su tiempo. El que fuera Inquisidor General de Castilla se encargó de que su localidad de origen fuese a más, atrayendo con sus inversiones a otras familias poderosas. Así, hasta nuestros días ha llegado una iglesia absolutamente increíble, rodeada de un montón de edificios interesantes y de un entramado urbano por el que da gusto perderse.

Buitrago de Lozoya
En Buitrago de Lozoya encontraréis la villa fortificada mejor conservada de la Comunidad de Madrid. Situada sobre una península a orillas del río Lozoya, todavía se conservan sus muros, torreones e incluso el castillo. Todo el centro es una auténtica maravilla, repleta de edificios sorprendentes y en un perfecto estado. La Iglesia de Santa María del Castillo es uno de nuestros edificios favoritos de todo el territorio madrileño.
La experiencia no se completa si no subís al mirador natural que hay en los alrededores. Entre ir y volver es una hora más o menos, pero disfrutaréis de una de las imágenes más icónicas de la Comunidad de Madrid. Tampoco podéis perderos el Museo Picasso, formado a partir de los regalos que el artista le fue haciendo a su barbero (oriundo de la localidad).

Nuevo Baztán
El destino más particular de las Villas de Madrid es, sin lugar a dudas, Nuevo Baztán. Situado en plena Alcarria Madrileña, se trata de un pueblo construido desde cero en el siglo XVIII. El ricohombre Juan de Goyeneche, natural del Valle de Baztán, quiso crear una localidad perfecta (para su tiempo). Así, había patrimonio, industria, casas para los obreros y plazas en las que reunirse. Es cierto que la experiencia no salió tan bien como esperaba, pero ha quedado una localidad única.

Chinchón
No es ninguna sorpresa que Chinchón se encuentre en esta lista. Su Plaza Mayor ofrece uno de los paisajes urbanos más reconocibles de la Comunidad de Madrid, un lienzo en el que se dan la mano tiendas, restaurantes y balconadas. La zona alta está dominada por la magnífica Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en cuyo interior atesoran una obra del mismísimo Francisco de Goya.
Anís, ajos, judías, vinos con Denominación de Origen, asados castellanos… Hablar de esta Villa de Madrid y no mencionar sus infinitas posibilidades gastronómicas también sería un auténtico pecado.

Colmenar de Oreja
Bastante cerquita de allí está Colmenar de Oreja, un lugar que ha distribuido su excelente piedra caliza por todo el mundo. La mayor parte del pueblo está construida con ese material, materia prima que también se ha empleado en lugares tan icónicos como el Palacio Real de Madrid. Sus elementos más reconocibles son las canteras, los hornos de tinajas y el Puente de Zacatín. Una frase repetida hasta la saciedad pero que claramente refleja el orgullo que los habitantes sienten por su pueblo.
No os perdáis el Museo Municipal Ulpiano Checa, en el que se recoge la mayor parte de las obras de este célebre pintor. Quizá hoy no tenga la fama que merezca, pero en su momento sus obras fueron utilizadas para inspirarse y crear la propuesta estética de clásicos del cine como Los Últimos Días de Pompeya o Ben-Hur (la buena).

Villarejo de Salvanés
Villarejo de Salvanés también forma parte de las Villas de Madrid. Su Torre del Homenaje es visible desde prácticamente todo el pueblo, pero no es lo único que se puede ver allí. Hay que hacer una visita a la Casa de la Tercia, a la Iglesia de San Andrés Apóstol (construida por la Orden de Santiago) y al Museo del Cine. Por supuesto, en algún momento deberíais probar su gastronomía. Para ello, el mejor sitio es la Plaza de la Constitución, repleto de bares de los de siempre.

Navalcarnero
Vamos llegando al final, pero no sin antes pasar por una de nuestras Villas de Madrid favoritas. Nos referimos a Navalcarnero, que con su magnífica plaza castellana nos enamoró por completo. Tuvo un papel muy relevante en la Historia de España, al albergar en 1649 la boda entre Felipe IV y Mariana de Austria. Se vivieron años de crecimiento que transformaron la villa para siempre, trayendo nuevos edificios y a la vez dejando los que ya estaban en perfecto estado de revista.

San Martín de Valdeiglesias
Terminamos con San Martín de Valdeiglesias, otra caja de sorpresas. ¿Acaso se podía esperar que una de las Villas de Madrid tuviese una playa con Bandera Azul? Más allá de la Playa de la Virgen de la Nueva, que verano tras verano permite remojarse a los madrileños que se quedan allí, también hay que destacar el espectacular Castillo de la Coracera. Plazas, cafeterías, una enorme iglesia y hasta cinco ermitas completan una propuesta que nunca defrauda al viajero.
