San Miguel de Engolasters y el Lago de Engolasters forman un binomio perfecto. Se encuentran a escasos 10 minutos en coche desde Andorra la Vella, la capital andorrana. Es cierto que para llegar hasta ellos hay que recorrer las sinuosas curvas de la estrecha CS-200, pero os aseguramos que el esfuerzo merece la pena. Seguid leyendo, que en este post os esperan uno de los templos románicos más importantes del país y uno de sus lagos más espectaculares.

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Una joya románica a los pies de la carretera
La Iglesia de San Miguel de Engolasters es una joya de la arquitectura religiosa medieval andorrana. Sus orígenes no están del todo claros, pero todo apunta a que la mayor parte de la construcción data del siglo XII. Es un templo románico de marcado estilo lombardo, con una única nave rectangular y un ábside semicircular.
Desde fuera destacan dos elementos: su magnífico campanario de 17,5 metros de alto y planta cuadrada, uno de los que mejor se conservan en Andorra; y un porche rematado por tejas de pizarra, que si bien es posterior al resto del edificio no lo afea en absoluto.

Aunque en origen la iglesia tenía unas pinturas murales románicas alucinantes, estas se encuentran en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (en Barcelona) por motivos de conservación. Si encontráis la iglesia abierta (no fue nuestro caso) veréis que hay pinturas, pero son unas reproducciones.
El templo está en un paraje natural privilegiado, rodeado de bosques increíbles. Es cierto que se ha quedado a los pies de la carretera, pero la falta de encanto propia del asfalto a la vez ha hecho que San Miguel de Engolasters sea un sitio al que es muy fácil acceder.
Las mejores vistas de Andorra la Vella
La ubicación de San Miguel de Engolasters tiene un premio doble. El primero es que, debido a la altura y a la cercanía de Andorra la Vella, ofrece las que probablemente sean las mejores vistas sobre la capital andorrana. Aprovechad la visita al templo para asomaros al mirador, ya que la panorámica es una maravilla.

El lago, un paraíso accesible de origen glaciar
El segundo premio es que, tras otros cinco minutos en coche, llegaréis de San Miguel de Engolasters al Lago de Engolasters. Se trata de una masa de agua de origen glaciar, situada a unos 1600 metros sobre el nivel del mar. De nuevo, la cercanía con la capital hace que sea uno de los espacios naturales preferidos de los andorranos.
Eso sí, no esperéis un paraje virgen perdido en medio de las montañas. Desde los años 30 del siglo XX, el Lago de Engolasters forma parte de una central hidroeléctrica. Sus aguas sirven para generar la energía que posteriormente consume la mayor parte del país.

No nos malinterpretéis: el sitio es una pasada. Desde el aparcamiento, hay un sendero que desciende hasta el agua suavemente, dando un agradable paseo entre pinos. Una vez al nivel de llego, encontraréis un sendero más o menos llano que permite rodearlo por completo.
Hay muchas leyendas asociadas tanto a San Miguel de Engolasters como al Lago de Engolasters. En todas ellas suele haber un elemento común: iglesia y lago siempre van de la mano.