San Andrés de Teixido es un lugar peculiar como pocos. Tiene el honor de ser el segundo centro de peregrinación más importante de toda Galicia, solo superado por la imbatible Santiago de Compostela. Tiene mucho mérito, ya que se trata de una aldea de poco más de 50 habitantes. Eso sí, su iglesia, su fuente de piedra y su bello entorno tienen argumentos más que suficientes para llevar siglos atrayendo a viajeros de toda clase y condición.

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Un santuario envuelto en leyendas
El nombre de San Andrés de Teixido viene dado por la abundancia de tejos que hay en los alrededores. Los propios gallegos tienen más que asumida la importancia del lugar, pues incluso hay un dicho popular que dice que vai de morto quen non foi de vivo. Es decir, que va de muerto quien no fue de vivo.


En cualquier caso, es un lugar difícil de describir de buenas a primeras. No vamos a entrar a analizar las muchísimas leyendas y tradiciones que hay en la zona (de las que os iremos hablando poco a poco), sino más bien a daros una descripción de lo que podéis esperar en vuestra visita. Imaginad un pequeño pueblo, repleto de restaurantes en los que venden percebes. El corazón del lugar un templo al que la gente va a depositar exvotos de cera. Desde el propio edificio sale un camino hacia una fuente de piedra, con propiedades milagrosas. Y, para redondear el cuadro, son típicos unos amuletos de colores que se elaboran con miga de pan.


Dicho así suena simple y quizá no demasiado atractivo, pero os aseguramos que es un lugar con una energía única. Nosotros somos las personas con menos espiritualidad del universo, pero tenemos que reconocer que es un destino diferente y en el que se comprende que la gente sienta devoción por algo. No sabemos si será el entorno natural (que es una maravilla) o lo evocador de la aldea, pero lo cierto es que San Andrés de Teixido se siente mágico.

Cómo es la visita a San Andrés de Teixido
Turismo de masas en pequeñas dosis
Vamos a contaros cómo es la visita a San Andrés de Teixido o, al menos, cómo la vivimos nosotros. En internet abundan los posts desgranando la historia y los milagros del lugar, así que vamos a optar por algo más experiencial.

Así, la cosa consistió en poner en el GPS San Andrés de Teixido. Justo antes de llegar nos tomamos con un cartel gigante que prohibía el paso, indicando que hay que girar a la derecha. Allí pudimos aparcar, a escasos metros de la primera línea de puestos de souvenirs. En la zona (por motivos relacionados con las tradiciones locales) hay muchas posibilidades para hacer rutas a caballo, por lo que también hay varias empresas ofreciendo esta actividad.

Para entrar en el pueblo hay que caminar unos cinco o diez minutos desde el aparcamiento. Básicamente hay que subir una cuestecita que va entre más tiendas de souvenirs y algunos restaurantes. No nos pareció el sitio más acogedor del mundo, la verdad. Nos agobian un poco los sitios en los que todo gira alrededor de sacarle el dinero al turista.


Un pueblo que huele a percebe
Cuando llegamos a la aldea de San Andrés de Teixido, las sensaciones no fueron a mejor. Encontramos un pueblo que en sí es precioso, todo lleno de casitas hechas con piedra. Imaginad una especie de Patones de Arriba, solo que predominando el color blanco. Sin embargo, todo estaba dominado por la explotación turística propia de los lugares de masas: tiendas, tiendas, tiendas, restaurantes y más tiendas.

Es cierto que es un lugar muy bonito y que los restaurantes parecían tener un producto de altísima calidad, pero lo cierto es que no lo sentimos como una aldea auténtica. Cuando en un lugar se ven más trabajadores de tiendas de souvenirs que vecinos, malo.


Santuario, ofrendas y mística
En cualquier caso, y pese a lo dicho en el apartado anterior, insistimos en que se trata de un lugar muy especial. Y a ello contribuye, sin lugar a dudas, el propio Santuario de San Andrés de Teixido. El origen se sitúa en el siglo XII, aunque el edificio es claramente posterior. Es un magnífico ejemplo de gótico-barroco rural: sin grandes alardes, pero muy del gusto de los peregrinos que han acudido aquí desde que el mundo es mundo.

La silueta del edificio es inconfundible, con su fachada blanca repleta de piedras y su magnífica torre. En el interior encontraréis las ofrendas que dejan los peregrinos (normalmente exvotos de cera con forma de partes del cuerpo), velas y varios barcos de madera. Se puede subir al piso de arriba por unas escaleritas, lo cual os dará una perspectiva magnífica del interior de la iglesia.

Acantilados
Detrás de la iglesia podréis disfrutar de otro de los grandes activos de San Andrés de Teixido: las vistas de los acantilados cercanos. Teniendo en cuenta que la zona es absolutamente top a nivel mundial (a pocos kilómetros de allí están los más altos del continente), no es de extrañar que sea otro de los motivos por los que realizar la visita.

La Fuente de los Tres Caños
Si desde el santuario se toma el sendero que sale cuesta abajo, adentrándose en la naturaleza, se llega a la Fuente de los Tres Caños. Conocida también como Fonte do Santo, se dice que quien siga un pequeño ritual podrá hacer una petición a San Andrés. Básicamente tenéis que pedir un deseo, beber su agua (ojo, pone por todas partes que no es potable) y tirar una miga de pan.

Si lo que habéis tirado flota, se supone que el santo adquiere el compromiso de atender vuestra petición. La tradición originalmente invitaba a buscar una herba de namorar en las inmediaciones, pero es una especie endémica y que puede llegar a desaparecer si se arranca por sistema. Por tanto, lo mejor es respetar el entorno y limitaros a beber agua.
Por cierto, una nueva tradición (inexistente hasta el siglo XXI) consiste en colgar paños en los alrededores. Lo que empezó como una auténtica lacra que ponía de mal humor a los vecinos (una señora declaró en un periódico local que esta moda es unha porcallada) parece haber hecho fortuna, y hace ya muchos años que los paños colgando forman parte del paisaje habitual de la fuente.


La etapa final del Camino de San Andrés
Al igual que Santiago de Compostela, San Andrés de Teixido también tiene toda una red de caminos que llevan hasta el santuario. Es el conocido como Camino de San Andrés, varias rutas que confluyen en la localidad. Vienen desde todas direcciones y la más emblemática ha sido puesta en valor en forma de Sendero de Gran Recorrido GR-55.

No os vayáis sin los sanandresiños
Para terminar, queremos dedicarle unas líneas a los sanandresiño, el souvenir más típico de San Andrés de Teixido. Son unas figuritas de colores que se hacen con miga de pan, las cuales sirven como amuleto. Lo típico tipiquísimo es un manojo que tiene varias de ellas, cada cual con un uso concreto: el Santo trae salud y amistad, la Barca va bien para los viajes, la Escalera para los negocios…


Eso sí, con el tiempo se ha convertido en una auténtica industria, y es posible encontrar sanandresiños de toda clase y condición. Los podréis comprar en prácticamente cualquier tienda de la aldea, además de poder ver su elaboración en algunos comercios que tienen una especie de taller en su interior.