Villarluengo demuestra que no solo de pequeños pueblecitos vive la Ruta del Silencio. En este caso, hablamos de una señora villa con su iglesia neoclásica, sus plazas, sus amplias calles y un montón de cosas por ver. Pura esencia medieval en una localidad que llegó a tener casi 2000 habitantes, pero que hoy en día sufre como pocas las inclemencias de la sangría demográfica de la España interior. En este post os vamos a enseñar cómo es un paseo por este sitio tan maravilloso.

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Un fortín en la vanguardia de la reconquista
Mole de casas que cuelgan sobre el barranco. Así es como definen a Villarluengo en las guías turísticas. Una descripción aséptica, pero a la vez muy ajustada a la realidad. Y es que esta villa ha ganado cada centímetro a un paraje escarpado, que a la vez justifica su razón de ser como atalaya para el control del territorio.

El pueblo aparece mencionado ya en documentos del siglo XII. Como buena tierra de frontera entre cristianos y musulmanes, sus orígenes son convulsos a más no poder. Por aquí pasaron templarios y caballeros de la Orden de San Juan de los Hospitalarios, entre otros representantes de órdenes militares.

Tras la finalización de la «reconquista», Villarluengo pasó a ser uno de los motores económicos de la comarca. Aparte de los oficios tradicionales, en el pueblo hay constancia de una fábrica de papel, que posteriormente fue reconvertida en fábrica textil. También llegó a tener incluso baños de aguas termales, fruto de un dinamismo que también se tradujo en un hecho curioso: fue el primer pueblo de toda la provincia de Teruel en tener luz eléctrica, agua corriente y pavimento en las calles (siempre después de la capital, claro).

Tal y como hemos anticipado, hoy en día todo ese dinamismo ha quedado atrás. Una población de alrededor de 150 personas resiste como puede al paso del tiempo, refugiada en los oficios de toda la vida y en el incipiente turismo.

Nosotros fuimos allí e hicimos la visita en una horita más o menos. Tuvimos tiempo también para pasar por el Bar Fonda, donde desayunamos uno de esos bocadillos que hacen llorar (de alegría). Seguid leyendo y os enseñaremos todo lo que ver y que hacer en Villarluengo.
Turismo en Villarluengo
Ayuntamiento
Iniciamos la visita a primera hora, por lo que nos acompañó una tremenda niebla que poco a poco se fue disipando. Más parecía eso un pedacito de Sleepy Hollow que de un pueblo de Teruel. Sea como fuere, lo primero que vimos fue el Ayuntamiento, situado en un solemne edificio de piedra. Fue construido por Francisco Gamboa en el siglo XVI. Sin duda, de las casas consistoriales más monumentales que vimos en todo nuestro transitar por la Ruta del Silencio.

Trinquete
A pocos pasos del ayuntamiento está el Trinquete, una construcción del siglo XVII que todavía sigue en uso. Básicamente es como un frontón, solo que con algunas peculiaridades: cerrado, no tiene contracancha y los dos laterales tienen pared. En España no son tan típicos, pero en Francia prácticamente hay uno en cada pueblo.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
La construcción más representativa del centro de Villarluengo es la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Esta magnífica obra neoclásica viene a ser un reflejo de la bonanza económica que se vivía en el pueblo durante el siglo XVIII, cuando arrancó su construcción. Tiene tres naves, una fachada enorme con dos torres octogonales y su interior está repleto de pinturas.

De hecho, aprovechamos para recomendaros que hagáis lo posible por ver su interior. Es una absoluta maravilla, gracias a las obras de Miguel Fabregat y Ramón Segura. Lo normal es que esté abierta en las horas centrales del día.
Centro de Interpretación (Oficina de Turismo)
En Villarluengo se encuentra el Centro de Interpretación de los Monumentos Naturales del Maestrazgo, donde hay un montón de material expuesto para comprender la vida tradicional en la zona. Como su propio nombre indica, también sirve para conocer los cuatro Monumentos Naturales que hay en la zona: las Grutas de Cristal de Molinos, el Puente de Fonseca, los Órganos de Montoro y el Nacimiento del Río Pitarque. También hace las veces de Oficina de Turismo.

Mirador de Peña Capitán
Aprovechando su altura de más de 1100 metros, Villarluengo ofrece varios miradores que permiten disfrutar del entorno. El primero que visitamos fue el Mirador de Peña Capitán, en una zona que es popularmente conocida como la Era del Castillo. El paisaje de los alrededores es sencillamente imprpesionante.

Ermita de la Magdalena
En pleno centro del pueblo está también la Ermita de la Magdalena. Aunque obviamente siempre estará relacionada con el culto, ha tenido muchísimos usos: escuela, biblioteca, centro de interpretación…

El Balcón de los Forasteros
Otro mirador que no deberíais perderos es el Balcón de los Forasteros. Ofrece una panorámica estupenda del cortado en el que termina el pueblo, con la unión entre dos ríos (Cañada y Palomita) perfectamente visible desde las alturas. El nombre viene dado por una historia local, según la cual un forastero la lio durante la suelta de vaquillas y uno de los animales acabó despeñándose por el barranco. Españita en estado puro.

Portal de la Murada
Como buena villa surgida en tiempos bélicos, en Villarluengo también hay espacio para las estructuras militares. En este caso, el Portal de la Murada separaba la zona alta (y más guarecida) de la baja. Es un sencillo arco de medio punto que, además, está protegido espiritualmente por una hornacina justo al lado.

Cruz de Término
Otro dato interesante sobre Villarluengo lo aporta su Cruz de Término. Al estar en un cruce de caminos, el pueblo contaba con esta estructura para indicar su jurisdicción a los viajeros. Aunque la original (conocida como Cruz de la Pileta) fue destruida durante la Guerra Civil, fue reconstruida posteriormente e instalada en el camino empedrado que sale hacia el barranco del río Cañada.

Casa Temprado
En el pueblo también hay espacio para grandes casas señoriales. El mejor representante de la arquitectura civil es la Casa Temprado, que data del siglo XVI. En realidad, es el resultado de haber unido dos casas (de ahí sus grandes dimensiones). Su último propietaria fue un farmacéutico.

Lavaderos
Y ojito, porque en la parte alta del pueblo están los estupendos Lavaderos. Tienen muchas cosas fuera de lo común, empezando por su ubicación (ya que este tipo de estructuras suelen estar a nivel del río). Está formado por una fuente, un lavadero y un abrevadero, en una construcción que los integra fechada en 1806.

Convento Monsanto y Torre
En los alrededores de Villarluengo hay varias cosas que ver. Empezamos (o lo intentamos, mejor dicho) con el Convento de Monsanto, pero llegar hasta él fue imposible. Fuimos inspirados por su torre, que al parecer es una maravilla, pero después de un rato conduciendo nos encontramos con un cartel en el que se indicaba que era propiedad privada y que había perros sueltos. Nos contentamos con verlo de lejos y nos dimos la vuelta.
Ermita de San Bartolomé
A donde sí pudimos llegar sin problemas fue a la Ermita de San Bartolomé, un magnífico edificio de planta rectangular que se encuentra en muy buen estado de conservación.

Lo que más nos gustó no fue el edificio en sí, sino que desde él pudimos disfrutar de las mejores vistas del pueblo. Mirad qué panorámica.

Órganos de Montoro
Por último, entre Ejulve y Villarluengo se encuentra el Monumento Natural de los órganos de Montoro. Es uno de los paisajes naturales más impresionantes de Aragón: un capricho de la naturaleza con una forma que se asemeja a los tubos de un órgano (de ahí el nombre). Se pueden visitar de muchas maneras, ya que hay rutas de senderismo que los rodean o miradores a los que asomarse sin desviarse mucho de la carretera. Los veréis señalizados en vuestro transitar por la Ruta del Silencio.