Aquí os enseñamos qué ver en Viena en un fin de semana, a través de una guía de viaje amplia y con todo lo necesario para exprimir cada segundo en la capital de Austria. Es un destino con muchas posibilidades, en el que tan pronto destacan sus palacios como su street food. Museos, parques, calles llenas de gente, altas torres e incluso un parque de atracciones: elementos que hacen que la propuesta turística vienesa satisfaga a todos y cada uno de los viajeros que pasan por allí.

Tabla de contenidos
Introducción: la ciudad más europea
Pocas ciudades tienen tanta esencia europea como Viena. Imaginad una urbe con lo mejor de París, de Berlín o de Budapest, pero a la vez con un ambiente muy abierto y que invita a la conversación inteligente. Música clásica, tartas históricas, palacios de emperatrices: ecos de viejos imperios que nunca han terminado de apagarse.

Viena es una ciudad perfecta para una escapada de fin de semana. Tiene el tamaño justo para ser asequible a pie, pero también un transporte público que amplía las posibilidades al infinito. Ya sea para exprimir los alrededores o para hacer excursiones a otras capitales europeas, no sería un problema si tenéis algún día extra.


Lo que sí tenéis que tener claro es que hablamos de uno de esos sitios que invitan más a la preparación que a la improvisación. Hay muchos musts en Viena: desde ver el mítico El Beso de Klimt hasta probar su archiconocida Tarta Sacher, pasando por ver un concierto en la Ópera. Podéis fluir sin un plan de viaje claro, pero sin duda os cundirá más si habéis hecho los deberes en casa.

Con ese fin ha nacido esta guía. A lo largo de los siguientes párrafos os vamos a dar las claves para preparar un viaje a Viena absolutamente perfecto. Hablaremos de cómo moveros, de las cosas que hay que ver, daremos consejos sobre qué comer o daremos un repaso por los souvenirs más típicos. Willkommen in Wien!
Cómo llegar y cómo moverse
Vuelos a Viena y cómo llegar del aeropuerto a la ciudad
Lo primero sería llegar a Viena, claro. Como no podía ser de otro modo en una capital centroeuropea, las conexiones por avión son magníficas. Encontraréis conexiones directas prácticamente a diario desde ciudades tan variadas como Madrid, Bilbao, Barcelona, Valencia, Alicante, Málaga, Sevilla o Palma de Mallorca. Muchas son operadas por compañías low cost como Ryanair o Vueling, pero también con aerolíneas tradicionales como Iberia o Austrian Airlines. Mucho ojo con estas, que los precios son más interesantes de lo que pudiera parecer.

Una vez aterricéis, lo siguiente será averiguar cómo ir del aeropuerto de Viena al centro de la ciudad. La cosa no podría ser más sencilla: hay varios trenes (tanto directos como de cercanías) y autobuses (tres líneas que conectan con toda la ciudad). Si vais en grupo también podéis considerar el Uber, pues los trayectos no son tan caros como cabría esperar.
Transporte público
Una vez en Viena, moverse por la ciudad no será un problema. El centro es muy asequible a pie, mientras que los atractivos turísticos de los alrededores están muy bien conectados. La capital de Austria cuenta con una red de metro que funciona de maravilla, complementada a la perfección con unos tranvías que operan las 24 horas del día. El trayecto sencillo sale por tres y pico, aunque hay abonos de un día completo por aproximadamente 10€ (tarifas de 2026).

Distancias que engañan
Algo a considerar es que las distancias en Viena son engañosas, tanto para bien como para mal. La parte positiva de esto es que utilizando el metro o el tranvía podéis llegar a un montón de sitios estupendos, pero también a zonas en las que el alojamiento será más barato y los restaurantes más auténticos.

El reverso negativo es que en Viena hay atracciones turísticas top que están relativamente alejadas del centro. No os podéis ir de allí sin ver algunos palacios o museos que son impracticables a pie, por lo que el transporte público o un Uber estarán asegurados durante el viaje.
Turismo en Viena
Vamos ahora con todo lo que ver en Viena en un fin de semana. Os dejamos el aviso habitual: aunque hemos intentado poner todo lo importante, la lista tiene un toque de subjetividad inevitable. La capital de Austria tiene muchísimas cosas que ver, así que os recomendamos que toméis esto como base pero que después investiguéis un poquito más por vuestra cuenta.
Palacio de Schönbrunn
Empezamos con uno de los grandes iconos de la ciudad: el Palacio de Schönbrunn. Aunque está algo alejado del centro, es una visita absolutamente imprescindible. Y lo es tanto por lo que representa como por su increíble belleza arquitectónica. Eso sí, aquí va un primer consejo: se antoja imprescindible madrugar. Por muy grande que sea un conjunto palaciego, si al día pasan por allí miles de personas las aglomeraciones están aseguradas. Por ello, cuanto antes lleguéis mejor.

Nosotros nos plantamos allí a eso de las 8:00. Nos hicimos con el Palace Ticket, el tipo de entrada más habitual, y veinte minutos más tarde ya estábamos recorriendo su interior. Aunque tiene 1441 salas, lo normal es recorrer 50 o 60. Eso fue lo que hicimos nosotros, en un itinerario que nos llevó por salones chinos, grandes comedores, habitaciones decoradas con todo lujo de detalles y mucho más.

Una vez finiquitamos el palacio, nos dimos una vuelta por los jardines. Fuimos hasta la mítica Fuente de Neptuno y subimos hasta la Glorieta, encaramada a un mirador desde el cual se disfruta de la mejor panorámica de Viena. Hay algunas actividades de pago (como el zoo), pero en general pasear por la zona verde que hay junto a Schönbrunn es gratis.
Naschmarkt
No quisimos perdernos el Naschmarkt, el principal mercado de Viena. Normalmente tiene unos 120 puestos, repartidos a lo largo de una agradable avenida de kilómetro y medio. Sin embargo, el día grande es el sábado, cuando además se monta una especie de rastro o mercadillo de antigüedades en el cual es posible comprar cualquier cosa. Caballos de madera, cámaras de fotos, arte sacro, cromos antiguos de futbolistas, navajas, relojes, especias y por supuesto souvenirs. La variedad de artículos que veréis caminando por allí os dejará sin palabras.

Por cierto, en Naschmarkt también es posible comer. A lo largo del mercado veréis puestos de comida de todo tipo, tanto austríaca como de otras partes del mundo. Nosotros acabamos en el mítico Dr Falafel, donde nos apretamos dos pitas con falafel por unos 15€. También paramos en una cafetería a degustar una porción de tarta por 5€.
Iglesia de San Carlos Borromeo
El primer templo que vimos en Viena fue la Iglesia de San Carlos Borromeo (Karlskirche), una joya barroca de la primera mitad del siglo XVIII. Su construcción se debe a Carlos VI, que en medio de una brutal epidemia prometió erigirla si todo acababa bien. Murieron 80000 personas, pero la calamidad pasó y el edificio se llevó a cabo. Mucho ojo con sus impresionantes campanas.

Ópera
Y de un templo de la religión pasamos a uno de la música. En este caso, fuimos a ver la Ópera de Viena, probablemente el edificio cultural más destacado de la capital de Austria. Solo se puede acceder mediante unas visitas guiadas que duran unos 45 minutos y están disponibles en varios idiomas (entre ellos español).

Pasamos por despachos, zonas de entretiempo y demás, pero obviamente lo más destacado es todo lo relacionado con la zona de butacas y el escenario. Primero entramos en el Palco Real, con una perspectiva única del edificio.

Después bajamos a platea, donde nos contaron las últimas curiosidades y vimos cómo estaban preparando la función de esa noche. Todo lo que os digamos se queda corto: es un edificio impresionante.
Cripta Imperial y Neuer Markt
Muy cerquita de allí está la Cripta Imperial, el lugar en el que los Habsburgo se han enterrado durante los últimos 400 años. Es una especie de cementerio subterráneo, el cual se ha ido ampliando con el paso de los siglos. Cada vez que necesitaban más espacio, construían una nueva bóveda. Así, ha ido quedando reflejo del gusto artístico-funerario de cada época.


Hay unos 150 enterramientos, entre los cuales hay algunos destacados: desde la legendaria emperatriz Sisí hasta Maximiliano de México. No faltan María Teresa de Austria, Francisco José I o Ana de Tirol. La visita se hace por libre, pero todo está muy bien señalizado y el folleto que dan es fantástico.

No os vayáis de allí sin luego subir a ver la Iglesia de los Capuchinos (el templo que hay sobre la cripta) ni la vecina Neuer Markt una de las plazas más bonitas del centro de al ciudad.
Belvedere
Tampoco os podéis marchar de Viena sin ver el Belvedere, un conjunto palaciego impresionante. Tiene dos edificios principales (el Alto Belvedere y el Bajo Belvedere), además de otros muchos auxiliares. El interior de todos ellos se ha llenado de arte, habiéndose convertido en uno de los museos más importante sde la ciudad.

En el Alto Belvedere hay obras de artistas internacionales top, de la talla de Munch o Monet. Sin embargo, hay un cuadro que sobresale por encima de todos: El Beso, de Gustav Klimt. Es uno de los grandes iconos del arte de todos los tiempos, por lo que muchos turistas limitan su visita a entrar, verlo e irse.

Sin embargo, sería un error. En primer lugar, porque el Belvedere tiene también unos jardines alucinantes. Fuentes, esculturas, terrazas ajardinadas y demás elementos hacen que sea una de las zonas verdes más bonitas de toda Viena.

Además, en el Bajo Belvedere y sus edificios anexos también hay exposiciones temporales y una buena colección de arte medieval. No os lo perdáis.
Hundertwasserhaus
Uno de nuestros edificios favoritos de Viena es la Hundertwasserhaus, probablemente la construcción que más se diferencia del resto. En una ciudad famosa por sus palacios e iglesias, emerge este edificio de viviendas de los años 80 del siglo XX en el que apenas hay líneas rectas. Es obra de Friedensreich Hundertwasser, un artista que estaba arto de que todas las grandes urbes se parecieran entre sí. Concibió una casa alucinante, con más de 200 árboles integrados en ella, formas loquísimas y colores muy vivos. Es como si Gaudí y Dalí hubiesen hecho una colabo.

El edificio no puede visitarse por dentro, ya que sigue albergando viviendas privadas. Sin embargo, podréis recorrer toda la manzana y pasear bajo él. Tiene una vibra muy especial, que recuerda por momentos a los típicos barrios alternativos de otras capitales europeas.


Justo enfrente está la Hundertwasser Village, un centro comercial diseñado por el mismo artista. Entrad aunque no vayáis a comprar nada, ya que os permitirá conocer más a fondo su obra. Y, si queréis ampliar todavía más, a cinco minutos a pie hay otra de sus construcciones. Es el Kunst Haus Wien, un museo en el que se pone en valor todo este movimiento arquitectónico alternativo.
Prater
¿Sabíais que Viena tiene su propio parque de atracciones? Es el Prater, que además tiene la particularidad de ser el más antiguo del mundo. Lo mejor es que el acceso es gratuito, por lo que podréis dar un paseíto entre atracciones históricas, restaurantes y monumentos sin necesidad de gastar nada. Solo tendréis que pagar en caso de querer montaros en algo.

Nosotros fuimos allí en busca de adrenalina, así que pasamos por sus tres montañas rusas. Nos Referimos a Boomerang, Megablitz y Looping, que nos costaron respectivamente 7€, 5€ y 10€ por persona (además de la clásica foto gritando, que se vino a casa por 6€).

También nos montamos en la Noria Gigante, el gran emblema del parque y de toda Viena. Data de finales del siglo XIX y desde lo alto se disfruta de una de las mejores vistas de la ciudad.

Entre unas cosas y otras estuvimos un par de horas en el Prater. Pensábamos que todo iba a quedar en un paseíto, pero lo pasamos en grande y exprimimos el tiempo al máximo.
Donauturm (Torre del Danubio)
Al otro lado del río se encuentra la Donauturm, que literalmente significa Torre del Danubio. Es la clásica torre gigante de telecomunicaciones que nunca falta en una gran ciudad europea, con su correspondiente mirador. Sus 252 metros de alto le convierten en el edificio más alto de Viena y también de Austria.

Se sube al mirador principal en un ascensor que va a toda velocidad, acompañado (nada bizarro el momento) con la musiquita de Misión Imposible. Está a unos 150 metros de altura y, pese a que no tenga la mejor ubicación del mundo, la panorámica es excelente.

¿Queréis más? Pues si seguís subiendo llegaréis a otros miradores, a una cafetería y a un lujoso restaurante. Los dos espacios gastronómicos tienen la particularidad de ser giratorios, por lo que veréis toda la ciudad si estáis en la mesa una media horita.

La joya de la corona es el tobogán inaugurado en 2023, obra de Carsten Höller. Podréis tiraros por él y recorrer unos 40 metros de longitud en 13 segundos. Una experiencia adrenalítica, solo apta para los más valientes.
Museo Sigmund Freud
Cambiamos emociones fuertes por cultura, yendo ahora al Museo Sigmund Freud. Está situado en el edificio en el que el padre del psicoanálisis vivió y trabajó durante prácticamente medio siglo, hasta que tuvo que huir de los nazis en 1938. La exposición permite conocer cómo fueron las habitaciones privadas de la familia, además de analizar su obra y el impacto que tuvo en el resto de ciencias.

Iglesia Votiva
Una de las grandes sorpresa del viaje fue la Iglesia Votiva, el que perfectamente podría ser el edificio más bonito de todo el siglo XIX a nivel mundial. Se trata de un templo neogótico impresionante, con dos afiladas torres que llegan a los 99 metros de altura. Como está frente a un parque, se puede contemplar con mucha perspectiva y su fachada resulta incluso más impresionante.

El interior es una maravilla. Vidrieras, luz por todas partes, arte: más parece una catedral gótica francesa que un edificio relativamente moderno. Id a primera hora si tenéis ocasión, ya que así no habrá nadie y podréis hacer la visita en silencio. No os perdáis su vela de cuatro metros de alto, probablemente una de las más grandes del mundo.
Ayuntamiento
Tampoco dejéis de ver el Ayuntamiento (Rathaus), otra magnífica obra neogótica. Fue construido a finales del siglo XIX y en lo alto de su torre está el Rathausmann, una escultura dorada de 3,5 metros de alto. Es uno de los grandes símbolos de la ciudad.

Aparte del ayuntamiento, no os perdáis el parque que da a su fachada principal. Es uno de los mejores sitios para dar un paseíto por Viena.
Burgtheater (Teatro Nacional)
Al otro lado del parque se encuentra el Burgtheater, que viene a ser algo así como el Teatro Nacional de Viena. En origen era el Teatro Imperial de la Corte, pero en 1920 (por cuestiones obvias) hubo que hacer rebranding. Está considerado uno de los teatro en idioma alemán más importantes del mundo.

Parlamento
Y también por allí está el Parlamento de Austria, siendo uno de los edificios más notables de la Ringstrasse. Es del siglo XIX, también en estilo «neo» (en este caso neoclásico) y su disposición con columnas recuerda más a un templo griego que otra cosa. Suponemos que quisieron enlazar con la idea de que allí nació la democracia.

Volksgarten
A medio camino entre el parque, la rosaleda y el jardín botánico se encuentra el Volksgarten, que literalmente significa Jardín del Pueblo. Conecta las tres últimas cosas que os hemos enseñado, conteniendo en su interior flores, fuentes y algunos elementos arquitectónicos interesantísimos. Su estampa más famosa es el Templo de Teseo, una réplica en misiatura del Theseion de Atenas.

Plaza de los Héroes
También es una parada imprescindible la Plaza de los Héroes o Heldenplatz, uno de los espacios públicos que más han protagonizado la vida política de la ciudad en los últimos dos siglos. Tristemente, es recordado por ser el lugar en el que Hitler anunció la anexión fortzosa de Austria en 1938.

La plaza está junto al palacio imperial Hofburg (del que os hablaremos a continuación) y contiene dos estatuas ecuestres increíbles: una de Eugenio de Saboya y otra del archiduque Carlos de Austria. Aprovechando su céntrica ubicación y que es enorme, suele ser el escenario de eventos de todo tipo.
Hofburg
Hofburg es el antiguo palacio imperial de la Casa de Habsburgo. Aquí vivió la monarquía austríaca durante más de 600 años, hasta que en 1946 pasó a ser la residencia y oficina del presidente de Austria. La visita de este complejo puede durar horas o incluso días, ya que tiene un montón de museos y puntos de interés que son visitables. De hecho, tenemos que reconocer que para nosotros fue el gran sacrificio del viaje, ya que nos pasamos por allí pero no pudimos exprimirlo todo lo que nos hubiese gustado. Un finde en Viena da para lo que da, pero ya volveremos.

Museo Sisí
Uno de los lugares más visitados de Hofburg es el Museo Sisí. El nombre da lo que promete, pues básicamente es una institución que repasa la vida y obra de la mítica emperatriz. Como ha pasado a ser una figura del imaginario colectivo gracias a películas, series y libros, hay algo de verdad y algo de ficción en lo que la gente piensa. Este museo sirve para poner luz y taquígrafos, confrontar la veracidad de los hechos y aprender sobre esta figura histórica desde una perspectiva historiográfica.

Escuela de Equitación Española
Otro lugar que no os podéis perder en Hofburg es la Escuela de Equitación Española, uno de los grandes céntros de la equitación internacional. Nosotros no tenemos ni idea del tema, pero al parecer es un espacio clave para entender la doma clásica. A día de hoy se puede ver su museo interior, pero también es posible asistir a sesiones de entrenamiento en directo.

Plaza de María Teresa
La Plaza de María Teresa (Maria-Theresien-Platz) es otro espacio urbano de dimensiones gigantescas. Es también un parque, aunque como zona ajardinada tampoco es que destaque mucho. Sin embargo, su fuente Tritones y Náyades es probablemente la más monumental de la ciudad.

Museo de Historia Natural
La plaza tiene museos en tres de sus cuatro lados. En uno de los extremos está el Museo de Historia Natural, donde os esperan 8700 metros cuadrados en los que hay alrededor de 30 millones de objetos. La exposición principal tiene de todo: meteoritos, fósiles de dinosaurios, las joyas de María Teresa I de Austria… Alberga obras universales, como por ejemplo la Venus de Willendorf (una escultura paleolítica).

Museo de Historia del Arte
Enfrente está el Museo de Historia del Arte, inaugurado a finales del siglo XIX. El edificio es «gemelo» del anterior a nivel arquitectónico, aunque obviamente la colección no tiene nada que ver. Es de los poquitos museos de Europa que juegan en la liga de titanes como el Museo del Prado o el Louvre. En sus fondos están algunas de las obras más destacadas de gigantes como Tiziano, Caravaggio, Vermeer, Klimt, Velázquez, El Bosco o Rubens. Parece que estamos diciendo artistas famosos al azar, pero es que hay de todos.

MuseumsQuartier
El MuseumsQuartier es uno de los últimos hits de la ciudad. Lo que eran los establos imperiales cayeron en desuso, ya que la monarquía ya no necesita tantos caballos como antaño. Así, entre finales del siglo XX y comienzos del XXI el recinto se restauró, creando uno de los mayores espacios culturales del planeta.

En el MQ encontraréis 60000 metros cuadrados llenos de museos, cafeterías, plazas en las que tener una conversación agradable, zonas ajardinadas y miradores. Se pueden visitar exposiciones, hacer compras o simplemente merendar, todo ello en un ambiente creativo y acogedor.

Hay un elemento que se ha convertido, de manera inesperada, en uno de sus grandes iconos. Es su mítico fotomatón, que más parece sacado de una película de Wes Anderson que de la capital de Austria. Por 4€ podéis llevaros a casa un souvenir único.
Burggarten
Con su césped precioso como principal seña de identidad, el Burggarten es otro de los paraísos verdes que hay en el corazón de Viena. Sus pequeños prados son perfectos para hacer un picnic, para sentarse a leer o simplemente para tomar aire antes de meterse en otras zonas más concurridas de la ciudad. Es uno de esos sitios muy queridos por los locales, pero que a veces pasan desapercibidos para los viajeros. Muy top.

Albertina
La Albertina es uno de los museos de arte más importantes del planeta. Está dedicado a los dibujos (contiene más de 65000) y a los grabados (en este caso va por encima del millón). Los fondos llevan la firma de personalidades como Durero, Pieter Brueghel el VIejo, Van Dyck, José de Ribera, Rembrandt, Picasso o Goya. ¡Casi nada! El edificio además es una locura.

Biblioteca Nacional de Austria
Y, hablando de locuras, vamos con uno de nuestros edificios favoritos de Viena. Nos referimos a la magnífica Biblioteca Nacional de Austria, cuya Sala Imperial parece una recreación de la biblioteca de La Bella y la Bestia. ¡Qué auténtica locura!

Sus 77 metros de largo, 14 de ancho y 19 de alto dan cobijo a unos 200 000 libros, siendo uno de los grandes orgullos de los Habsburgo de Austria. En este caso, el continente es tan importante como el contenido, pues estanterías, columnas, estatuas y frescos configuran un espacio único.
Hotel y Café Sacher
La Tarta Sacher tiene su cuartel general en el Hotel Sacher y su anexo Café Sacher. La ciudad de Viena está vinculada a este delicioso pastel de chocolate como pocas otras urbes a un dulce: parece que no hay calle en la que no se sirva un pedazo de esta joya de la gastronomía. Por eso, ir al lugar en el que se sirve la original es algo prácticamente obligatorio. La experiencia tiene tintes bizarros y es muy cara, pero volveréis a casa con algunas de las imágenes más locas del viaje.

Kärntner Strasse
El complejo Sacher da, en uno de sus laterales, hacia la Kärntner Strasse. Es el principal paisaje urbano de Viena: si solo pudieseis visitar un sitio, sin duda tendría que ser esta calle. Conecta la ópera con la catedral, utilizando como nexo de unión edificios increíbles, tiendas, restaurantes y cafeterías.

Miles de personas pasan por aquí a diario, ofreciendo una estampa que resulta espectacular tanto de día como de noche. De hecho, haced lo posible por pasar por allí en ambos momentos, ya que es como estar en dos sitios diferentes.

No hay capital europea que no tenga una mega calle comercial. Eso sí, en el caso de Viena hay que decir que es especialmente bonita.
Catedral de San Esteban de Viena
Mismo elogio se podría decir sobre la Catedral de San Esteban de Viena, pues sin lugar a dudas es uno de los templos más bonitos del centro de Europa. Tiene unas proporciones un poco peculiares, pues es altísimo pero no demasiado largo. Eso hace que resulte aun más espectacular.

Si por fuera impresiona, por dentro es una joya. Es un edificio lleno de detalles y de objetos interesantes, por lo que pasaréis en su interior un buen rato. Tiene también una ambiciosa programación cultural, por lo que no sería raro que vuestra visita coincida con una exposición o un concierto.
Casa de Mozart
Imposible ir a Viena y no pasarse a ver la Casa de Mozart. Aunque el genio de la música tuvo diferentes residencias, solo esta ha llegado a nuestros días. Tiene la particularidad de que fue donde vivió cuando se encontraba en el prime de su carrera, por lo que refleja sus años más dulces.

La exposición se visita de arriba a abajo, en tres plantas con sendas temáticas diferentes. La más alta está dedicada a analizar la vida en Viena en esos años, en la segunda a la influencia que ejerció Mozart en otros músicos y la tercera a la vida del genio en el apartamento.
Hoher Markt y el Reloj Anker
Uno de los espacios más curiosos del centro es la Hoher Markt, situada en la misma ubicación que tenía el antiguo Foro Romano. En el centro se encuentra Vermählungsbrunnen, una de las fuentes más monumentales de la capital de Austria. Eso sí, el elemento más destacado es el Reloj Anker, uno de los más impresionantes de todo el continente europeo. Es del año 1913 y cada hora salen diferentes personajes de la historia de la ciudad. A las 12:00 del mediodía salen todas las figuras, en un espectáculo que suele congregar a decenas de personas.

Iglesia de San Pedro
La Iglesia de San Pedro fue el último templo que visitamos en Viena. La Peterskirche es la más antigua de toda la ciudad en espíritu, aunque el edificio actual es del primer tercio del siglo XVIII. Está inspirada en la Basílica de San Pedro de El Vaticano, aunque en dimensiones reducidas,

Si por fuera es impresionante, por dentro es una carta de amor al arte barroco. Está llena de frescos, esculturas y todo tipo de objetos litúrgicos. Si os interesa el tema podréis estar allí durante horas.
Calle Graben
La iglesia os pondrá en disposición de visitar dos de las calles más interesantes de Viena. La primera es la Calle Graben, una joyita peatonal llena de tiendas y cafés. No os perdáis sus dos míticas fuentes, así como los magníficos edificios que rodean la calle.

Calle Kohlmarkt
La otra sería la Calle Kohlmarkt. Pese a sus orígenes humildes (el nombre significa literalmente «mercado de las coles»), hoy en día es el centro neurálgico del lujo vienés. Allí encontraréis las tiendas de las típicas marcas bien, como Bvlgari o Dolce & Gabbana. Si buscáis hacer compras de lujo, sin duda es vuestro espacio.

Al final de esta calle (o al inicio, en función de dónde vengáis) está la mítica chocolatería Demel, una de las dos contendientes en la disputa por la propiedad de la Tarta Sacher original. Hay que esperar siempre, ya sea para su tienda take away o para sentarse en el local.
Parque de la Ciudad
El Parque de la Ciudad (Stadtpark) es uno de los espacios favoritos de los habitantes de Viena para pasear y echar el rato. Es un jardín de unos 65000 metros cuadrados, con un marcado estilo inglés y repleto de pequeños monumentos. El más representativo es una estatua de bronce dorado en honor de Johann Strauss. Su ubicación es ideal, ya que está muy pegadito al centro, por lo que puede ser el lugar perfecto para respirar tras el estrés que pueden ocasionar los puntos más concurridos de la capital austríaca.

Vollpension
Cerramos la lista con la Vollpension, la cafetería en la que nosotros mismos terminamos el viaje. Hemos querido poner este establecimiento como una de las visitas imprescindibles de Austria porque acabamos absolutamente enamorados del proyecto. Su idea es sencilla y genial a partes iguales: dar empleo a abuelas y abuelos. Así, pueden complementar sus exiguas pensiones y a la vez combatir la soledad, aportando tanto sus ganas de hacer cosas como… ¡sus recetas!

Y es que en la Vollpension podréis merendar deliciosas tartas, elaboradas por los yayos y las yayas con sus recetas de toda la vida. El funcionamiento es sencillo: os sientan, os dan una moneda (grandma coin) y podréis ir directamente a hablar con la abuela o el abuelo en cuestión, que os recibirá con una sonrisa y os servirá su mejor porción de tarta.

Es un sitio especial, de esos que resultan inspiradores y transformadores. No esperéis un barista con un pez tatuado en el brazo ni un salón decorado como si os fueran a operar a corazón abierto. Aquí os sentiréis como en el salón de vuestros abuelos, gracias a sus muebles vintage y a la amabilidad del equipo. ¡Una maravilla!
Cómo organizar la ruta
Distribución por días
Mucha tela que cortar, pero nada que no se pueda ubicar bien en el mapa. Dando por hecho que llegáis el viernes a la tarde y que os volvéis el domingo al final de día, esta es nuestra propuesta:
- Día 1: ir del aeropuerto al centro y realizar el check in en el hotel seguramente os consuma una hora larga, por lo que no será un día con mucho tiempo para ver cosas. Nosotros lo que hicimos fue ir directos en busca de una buena würstel y de ahí a tomar el postre en forma de Tarta Sacher (el local tiene largas colas por el día, pero por la noche es mucho más fácil entrar). Ya con el estómago lleno dimos una vueltecita por el centro, pero sin más pretensión que estirar las piernas y empezar a pensar en lo que teníamos por delante.
- Día 2: aunque lo lógico parece empezar por el centro, nosotros la jornada del sábado la dedicamos a los alrededores. Y es que en las afueras de Viena hay mucha visita importante, así que nos lo quitamos de en medio para no tener apreturas el último día. La primera parada fue en el Palacio de Schönbrunn, donde echamos buena parte de la mañana. De ahí fuimos al mítico Naschmarkt, ya que los domingos cierra. La Iglesia de San Carlos Borromeo, la Ópera, la Cripta Imperial y el Belvedere le dieron el toque lujoso a las horas centrales. La tarde la pasamos entre la increíble Hundertwasserhaus, el Prater y la subida a la Donauturm. Rematamos el sábado comiéndonos un schnitzel de época en un restaurante de las afueras. Más auténtico imposible.
- Día 3: el tercer y último día fue para las calles más céntricas. Hicimos mucha visita, más o menos en forma de espiral. Empezamos por el norte, yendo a la Casa Museo Freud, a la Iglesia Votiva y a la zona del Ayuntamiento y el Parlamento. Después echamos un buen rato explorando el Palacio Imperial de Hofburg y sus dependencias anexas, para después explorar a fondo tanto el MuseumsQuartier como los grandes museos que hay en sus alrededores. La Kärntner Strasse de arriba a abajo, con paradas míticas como la Catedral de San Esteban o la Casa de Mozart, fueron lo siguiente. Terminamos con las cosas que se nos habían ido quedando: la Iglesia de San Pedro, calles como la Hoher Markt, Graben o Kohlmarkt… Por último, nos despedimos de Viena por la puerta grande, merendando en la Vollpension.

Vienna Pass, la mejor aliada
Obviamente es una propuesta sujeta a muchas variables, como la llegada del vuelo, la ubicación del hotel o el turno que hayáis conseguido para la visita guiada a la Ópera. Sin embargo, en todos los casos hay un elemento que no debe faltar: la Vienna Pass. La tarjeta turística para visitar la capital de Austria merece muchísimo la pena. Es híper rentable, da algunos beneficios como el uso de los fast tracks en sitios muy concurridos y es de lo más cómoda. Aunque de primeras el precio puede asustar, a poco que hagáis cuentas comprobaréis que renta muchísimo.

Mejor época para ir a Viena
Una ciudad tan bonita es interesante los 365 días del año. Sin embargo, hay una mejor época para ir a Viena en función de vuestros gustos:
- Primavera y otoño: es el prime de la ciudad. Temperatura ideal, parques en todo su esplendor (ya sea en floración o con la caída de las hojas), precios no demasiado altos, menos gente que en la temporada alta… Nosotros fuimos a mediados de mayo y fue uno de los grandes aciertos viajeros del año.
- Verano: la temporada alta. Los días son eternos, las terrazas están en plena ebullición y la vida cultural de la ciudad sencillamente es insuperable. A cambio tendréis que lidiar con las olas de calor (cada vez más frecuentes) y con el exceso de gente, pero nada puede empañar una visita a un sitio así.
- Invierno: la gran olvidada, pero a la vez muy interesante. Los días son cortos, pero os sentiréis como paseando en un cuento de hadas. No digamos si encima vuestra visita es entre finales de noviembre y diciembre, pues los mercadillos navideños de la urbe tienen mucha fama.

Alojamiento en Viena: el tranvía lo cambia todo
Tanta cosa buena atrae a viajeros de todo el mundo, de todas las edades y de gustos muy diversos. Eso, como no podría ser de otro modo en nuestra sociedad capitalista, se convierte en que los hoteles pueden ser un poquito más caros que en otras ciudades, al menos si vais en temporada alta y queréis hospedaros en el centro. De nuevo, si sois previsores y reserváis con antelación podréis encontrar las mejores tarifas.
Nuestro consejo aquí es que penséis un poquito out of the box. Por supuesto, no hay nada más cómodo y pintoresco que alejarse en el centro. Sin embargo, las líneas de metro y tranvía os pueden llevar a barrios de la periferia en cuestión de minutos y durante todo el día, por lo que podréis acceder a alojamientos mucho más económicos sin que vuestra experiencia se resienta.
Gastronomía en Viena
Platos imprescindibles
Se nos pone la piel de gallina de pensar en lo bien que se come en Viena. Y no solo eso: podréis hacerlo a muy buen precio, ya que es una de las grandes capitales europeas del street food. En una experiencia de fin de semana, deberíais probar los auténticos hits de la cocina vienesa. En nuestra opinión, no deberían faltar:
- Schnitzel: el clásico filete empanado de toda la vida. Es la gran rock star de la ciudad, la encontraréis por doquier. Normalmente es de cerdo, pero también es frecuente encontrarla de pollo o incluso en su versión vegana.
- Salchichas y perritos calientes: la gran estrella del fast food austriaco. Casi en cada calle encontraréis un puesto en el que comeros una salchicha, siendo la variedad würstel la más típica. Se sirve tanto cortada en un plato desechable (con una generosa capa de ketchup y curry) como en un pan, al más puro estilo hot dog.
- Guisos: el centro de Europa es frío, por lo que no faltan los platos de cuchara. Siempre se mencionan dos recetas (el tafelspitz que deleitaba al emperador Francisco José I y el gulasch), pero hay mil variantes.
- Tarta Sacher: la tarta vienesa por excelencia. Una elaboración en la que dos bizcochos de chocolate están separados por mermelada de albaricoque y cubiertos por un glaseado también de chocolate. Imprescindible conocer su historia y probarla tanto en el sitio original como en el resto de la ciudad. No hay viaje a Viena que esté completo si no se toman dos o tres porciones.
- Apfelstrudel: también merece una mención este legendario pastel de manzana, uno de los grandes símbolos de la gastronomía del país. Su aroma es irresistible, por lo que será difícil que escapéis de sus encantos si pasáis por un sitio en el que lo acaben de hornear.

Restaurantes y cafeterías recomendados
Los platos están bien, pero ir con la certeza de que estarán bien elaborados es mejor todavía. Obviamente en un fin de semana no pudimos recorrer la ciudad (gastronómicamente hablando) en su totalidad, pero sí tenemos algunas recomendaciones que haceros.
- Bitzinger: el puesto de salchichas viral. A cualquier hora del día lo encontraréis lleno de gente, pero es que está muy bueno. Se encuentra al ladito de la Ópera y sus würstel son sencillamente deliciosas.
- Zum Kaiser Würstelstand: la alternativa. Si el primero está muy lleno, este os dará una cálida bienvenida. Está en la Krugerstrasse (una perpendicular a la mítica Kärntner Strasse) y también tiene todo lo necesario para una buena fast food al estilo austríaco.
- Kolonitz Beisl: siempre intentamos ir a restaurantes alejados de las zonas turísticas, de esos en los que come la gente de la ciudad y no los turistas. En el caso de Viena, el elegido fue este. No está demasiado lejos del Prater, es auténtico a más no poder y en su interior degustamos unos schnitzels absolutamente increíbles.
- Café Sacher: en el extremo contrario estaría esta cafetería, en la cual se sirve la Tarta Sacher original. Si vais en las horas centrales del día tendréis que esperar y los precios son desorbitados. Sin embargo, no hay viaje que esté completo sin un poquito de postureo.
- Vollpension: rematamos la lista con nuestra cafetería favorita de todos los tiempos. Un local que sirve para dar empleo a personas mayores, que complementan sus pensiones a la vez que combaten la soledad. Podréis degustar tartas auténticas, con recetas de esas que solo las abuelas y los abuelos manejan. Muy recomendable.

Compras y souvenirs en Viena
Viena es una ciudad muy turística, así que no tendréis problemas para haceros con souvenirs típicos como imanes de nevera, camisetas o similares. Prácticamente en cualquier esquina encontraréis una tiendecita, igual que todo museo o monumento tiene la suya propia. La Kärntner Strasse es el sitio al que os recomendamos ir, pues allí tenéis de todo y a todos los precios.

¿Cuáles solo los souvenirs típicos de Viena? Pues todos los relacionados con sus hits culturales. Por ejemplo, hay mucho merchandising relacionado con Mozart (mención aparte merecen los míticos bombones Mozartkugeln), con El Beso de Klimt o con la mítica emperatriz Sisí. Algo que no puede faltar en vuestra lista es una bola de nieve, ya que las modernas se originaron en la ciudad.

Encontraréis una tienda muy curiosa justo en frente de la Hundertwasserhaus. También os podéis pasar a por alguna antigüedad en Naschmarkt, siempre y cuando vayáis en sábado. Por último, en el Hotel Sacher venden trozos de tarta para llegar, con una cajita que hará que el producto llegue bien de vuelta a casa.
Conclusión: tan bonita que parece de mentira
Íbamos a decir que este post refleja nuestro entusiasmo desmedido por Viena, pero la mesura es absolutamente correcta. Es una ciudad que nos ha enamorado por mil y un motivos, los cuales hemos descrito a lo largo de las decenas de párrafos anteriores. Acogedora, vibrante, divertida, sorprendente, monumental: todo lo que os digamos sobre la capital de Austria es positivo.

Ya sea para un fin de semana o para una visita más larga, Viena es una ciudad con todo lo necesario para llegar a vuestro corazoncito. Es tan perfecta que parece de mentira, haciendo que desde este viaje en adelante suban las expectativas para otras capitales europeas. Spoiler: sintiéndolo mucho, hablamos de un sitio único.