Qué ver en Tánger, la ciudad más multicultural de Marruecos

Tánger es un destino sin par. Se trata de una de esas ciudades en las que conviven infinitas realidades, en las que hay muchísimas cosas que ver y en las que siempre hay cosas nuevas que hacer. Es el núcleo más importante del norte de Marruecos, su visita justifica por sí misma un viaje a la zona y tiene además muchas cosas interesantes en los alrededores. ¿Tenéis pensado hacer una escapada allí? Pues seguid leyendo, porque en esta guía turística os vamos a enseñar un montón de cosas.

La capital del norte de Marruecos

Las infinitas posibilidades de un destino como Tánger tienen mucho que ver con su carácter integrador y multicultural. Sus orígenes se pierden en los albores de los tiempos, pues 1000 años antes de cristo ya era un importante centro comercial fenicio. Fue también una de las ciudades más importantes del Imperio Romano en el norte de África, uno de los asentamientos vándalos más dinámicos y posteriormente gozó de una magnífica influencia bizantina y visigoda.

En el siglo VIII fue early adopter del Islam en el norte de África, llegando a estar en la órbita de prácticamente todas las grandes dinastías musulmanas. Misma cosa pasó con las coronas europeas, pues Tánger perteneció primero a portugueses y luego a ingleses. Su importancia en la política internacional nunca menguó, hasta el punto de que en 1923 se firmó el llamado Protocolo de Tánger: un acuerdo entre diferentes potencias coloniales (incluyendo Estados Unidos y dos décadas más tarde a la URSS) mediante el cual se declaraba a la ciudad Zona Internacional.

De este modo, el siglo XX fue frenético en Tánger. Su dinamismo económico y su ebullición cultural hicieron que la urbe creciese como pocas, siendo uno de los núcleos urbanos más potentes de toda África. Tiempos dorados en las que personalidades de todo el mundo pasaban por allí a entremezclarse con el surgimiento de literatos, cantantes y artistas varios, entre los que destaca el siempre polémico Mohamed Chukri. Figuras de la talla de Jack Kerouac, Truman Capote o Gore Vidal dejaron su impronta en sus calles de un modo o de otro.

Quizá hoy ese pasado reciente glorioso haya quedado un poquito atrás, pero os aseguramos que la visita a Tánger no os dejará indiferentes. Para nosotros fue la puerta de entrada y salida al viaje por el norte de África, por lo que empezamos visitando sus alrededores y acabamos recorriendo el casco urbano en profundidad. Fruto de esa experiencia os traemos este post, en el cual hacemos un repaso exhaustivo a las cosas más importantes que ver en Tánger.

Turismo en Tánger: 10 cosas que ver y hacer

Vamos a intentar resumir todo lo que ofrece la ciudad en diez grandes paradas. La organización es un poco engañosa, ya que algunas tienen muchas subestaciones (como la medina, que os llevará varias horas). Sin embargo, vaya por delante que todo lo que os vamos a mostrar es absolutamente imprescindible.

Gran Zoco (Place 9 Avril 1947)

La primera parada de toda visita a Tánger debería ser la famosa Place 9 Avril 1947, conocida también como Gran Zoco (o Grand Socco, en francés). Es la zona en la que confluyen tanto la parte nueva de la ciudad como la entrada a la medina, produciéndose un encuentro cultural caótico, frenético e imprevisible. De hecho, nuestra recomendación es que os toméis un té en uno de los muchísimos establecimientos que hay a su alrededor y disfrutéis de este lienzo urbano.

La plaza como tal es muy bonita. Tiene algunos edificios interesantes, como la puerta que da a la medina (Bab el Fahs) o un antiguo cine. En el centro hay unos jardines y en los laterales varios restaurantes en los que podréis comer a precio razonable.

Sin embargo, como ya hemos dicho, lo mejor de la plaza es lo inmaterial: el ruido del tráfico, buscavidas que se afanan en llevar las maletas de los turistas a cambio de unas monedas, improvisados puestos en los que tan pronto podréis comprar un bollo de chocolate o unos caracoles hervidos… Os recomendamos pasar por el Gran Zoco en diferentes momentos del día, pues solo así podréis conocer sus diferentes realidades.

Por cierto, en uno de los costados está la Mezquita Sidi Bob Aboub. Data de comienzos del siglo XX (en concreto, fue inaugurada en el año 1917) y destaca por su decoración con azulejos de policromía.

Mendoubia

Justo enfrente de la mezquita veréis una pequeña puerta de la que no deja de entrar y salir gente. Cruzadla y entraréis en el bonito patio de la Mendoubia, una mansión que sirvió para representar al sultán de Marruecos durante los años de la Zona Internacional de Tánger.

La construcción de la izquierda está dedicada en la actualidad al Tribunal de Comercio, mientras que la de la derecha está protagonizada por el Espacio de la memoria histórica de la Resistencia y la Liberación. Se trata de un museo gratuito y de visita obligada si queréis conocer uno de los episodios más determinantes de la historia reciente de Tánger.

A los pies de la mansión está el Parque de Mendoubia, en lo que eran sus antiguos jardines. Hoy es una zona verde abierta al público, a la cual se accede desde fuera del edificio. Pasear por ella es siempre un gustazo, ya que es una de las zonas más tranquilas de la ciudad.

Murallas

Toda la medina está rodeada por unas impresionantes murallas, posiblemente las más altas y gruesas que vimos en todo el viaje por el norte de Marruecos. Su perímetro es enorme, ya que rodea una ciudad vieja también de tremendas dimensiones. Cuenta con infinidad de puertas y torres, destacando especialmente Borj Dar el-Baroud. En este antiguo torreón está el Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Tánger, en el cual os enseñarán todo sobre este enorme recinto amurallado. Se accede desde la zona baja de la ciudad, más o menos junto a la gran mezquita que hay en el puerto (de la que os hablaremos en unos párrafos).

Cementerio Judío

Pegado a la muralla, aunque en este caso en la zona alta (no demasiado lejos del Gran Zoco) está el Cementerio Judío de Tánger. Es un camposanto impresionante, que está muy bien cuidado y que os permitirá acercaros a las tradiciones más íntimas de la comunidad hebrea del norte de Marruecos. Merece la pena caminar entre sus lápidas de piedra y disfrutar de la tranquilidad que, por cuestiones obvias, siempre ofrecen este tipo de lugares.

Por cierto, si vais hasta el fondo del cementerio podréis disfrutar de unas magníficas vistas del puerto, así como del propio Estrecho de Gibraltar. En días claros no deberíais tener dificultades para contemplar la curvita que une Tarifa con Zahara de los Atunes.

Tangier American Legation Museum

También cerquita de allí está el Tangier American Legation Museum, en uno de los primeros edificios que visitamos ya dentro de la mezquita. Tiene la particularidad de ser la primera propiedad pública de Estados Unidos fuera de su territorio, lo cual da buena cuenta de las estrechas relaciones entre americanos y marroquíes. En la actualidad es una mezcla entre museo, biblioteca y sala de reuniones, siempre poniendo en valor la diplomacia entre ambos países. Uno de los grandes protagonistas de este espacio es el escritor Paul Bowles, que falleció en Tánger absolutamente enamorado de la ciudad.

Mercado central

En esta misma zona se encuentra el Mercado Central de Tánger. Podéis entrar a él desde dentro de la medina (al comienzo de la Rue de Sighines) o desde fuera (a través del Mercado de Pescado). Da igual por dónde, pero el caso es que deberíais entrar. Es uno de los lugares más intensos de Tánger, con una potente combinación de olores, sabores y sonidos que os dejará sin palabras.

Caminad por sus estrechos pasillos y descubriréis lo mejor y lo peor de la cadena agroalimentaria. Tan pronto pasaréis junto a puestos con las frutas más bonitas del mundo como por carnicerías sin ningún tipo de artificio, en la que convive producto de primera calidad con cubos en los que se apilan cabezas de cabras. No es un sitio para todos los viajeros, pero os aseguramos que merece la pena entrar.

Medina

Y, ahora sí que sí, vamos a entrar de lleno en la medina de Tánger. Es la zona más vibrante de la ciudad, en la que conviven la estructura clásica de las urbes antiguas musulmanas (con ese tejido caótico y enrevesado de callejones de difícil orientación) con los frutos de la multiculturalidad de la que ya hemos hablado. De hecho, en algunos tramos no es para nada una típica medina, pues cuenta con calles amplias, es fácil orientarse y su urbanismo recuerda más al de una ciudad andaluza que marroquí.

Sea como fuere, os recomendamos dedicarle tiempo y cariño a esta medina. Conviene visitarla de manera reposada y acudir a sus distintas realidades: la zona comercial, la parte alta, las silenciosas calles que hay junto a la muralla…

Rue de Sighines

La principal arteria de la medina es la Rue de Sighines o Siaghine, que la atraviesa de lado a lado. Comunica la Bab al Fahs (junto al Gran Zoco) con la Gran Mezquita, aunque también tiene calles adyacentes que os llevarán tanto a la zona alta como a la baja.

La calle como tal es un largo centro comercial al aire libre, en el cual encontraréis absolutamente de todo. Al principio, a mano derecha si habéis entrado desde Place 9 Avril 1947, tendréis uno de los accesos al Mercado Central. Un poquito después está la Iglesia Católica de Tánger, y justo enfrente el Bazar Marrakech de vestimentas tradicionales. Como veis, actividades de lo más diversas conviven mano a mano.

Otro ejemplo es Dar Niaba, el museo de los artistas viajeros. Merece la pena que entréis a verlo, aunque solo sea por disfrutar de su bonito patio central.

En líneas generales es una calle moderna, amplia y que no os hará sentir del todo en el corazón de una medina. Sin embargo, precisamente de eso se trata Tánger: de experimentar sensaciones 100% marroquíes a la vez que sentís que estáis haciendo algo más o menos diferente.

Petit Souk

Justo a mitad de la Rue de Sighines hay un espacio que merece mención aparte: el Petit Souk (Zoco Pequeño, claramente). Hablamos de una pequeña placita en la que suele haber mucho ambiente a cualquier hora del día, gracias en buena medida a los cafés que la rodean. Antaño tenía mucha importancia a nivel comercial, pero hoy en día toda su actividad parece volcada al noble arte de tomar un té y ver pasar la gente. Allí os esperan propuestas bastante opuestas, como el turístico Café Central (súper dedicado a guiris) o el tradicional Café Tinjis (mucho más auténtico).

Gran Mezquita

Y ya al final de la calle está la Gran Mezquita de Tánger. Fue construida en el siglo XVII por Mulay Ismail, que dejó a la ciudad uno de sus edificios más lujosos. Sus enormes puertas, sus mosaicos de azulejos y su minarete verdiblanco son algunas de sus señas de identidad. No se puede visitar por dentro, pero os aseguramos que merece la pena ir hasta el edificio, rodearlo y disfrutar de su majestuosidad.

Rue des Chretiens

Para enfilar la subida a la zona alta de la medina de Tánger, lo mejor es que vayáis por la empinada Rue des Chretiens. No deja de ser una interminable sucesión de comercios de todo tipo, pero quizá un poquito más auténticos que los de la zona baja. La mejor muestra de ello es que pudimos visitar un telar, en el cual estaban elaborando todo tipo de costumbres siguiendo el método tradicional.

Kasbah

La parte de arriba de la ciudad es interesante a más no poder. Esto no es ninguna sorpresa, ya que coincide con la antigua Kasbah: la fortaleza en la que residía el poder político. Dicho de otro modo, aquí vivían el gobernador, sus funcionarios y también los militares que protegían su actividad. A modo de referencia deberíais ir buscando la Bab Haha.

Lo primero que os recomendamos, precisamente, es que crucéis esa puerta. Así podréis salir a una especie de terraza panorámica, desde la cual disfrutaréis de unas vistas estupendas del puerto y de la línea de costa. Por supuesto, la silueta de España siempre estará al otro lado del mar.

De vuelta al interior de la zona de la Kasbah, allí os esperan algunos de los restaurantes más elegante de Tánger. Los precios son caros incluso desde la perspectiva de un europeo, así que os recomendamos evitar la zona para comer si estáis viajando con el presupuesto ajustado.

Lo que no deberíais dejar de ver es la pareja de museos que hay justo allí arriba. Tenéis tanto el Museo de la Kasbah como el Museo de las Culturas Mediterráneas, dedicados al arte contemporáneo y a la historia de la región respectivamente.

Mezquita del Puerto

Cambiamos radicalmente de tercio y pasamos de la zona alta a la baja. En este caso, si desde la Gran Mezquita seguís bajando y llegáis hasta el nivel del mar, llegaréis al otro gran templo de Tánger: la Mezquita del Puerto. Al no estar rodeada de edificios, parece mucho más monumental.

Os recomendamos llegar hasta los muros del edificios. Como buena mezquita no puede visitarse por dentro, pero al menos han tenido el detalle de dejar una ventanita abierta. Así podréis asomaros y haceros a la idea de cómo es por dentro.

Café Hafa y tumbas fenicias

Y una vez más os proponemos algo distinto. En este caso, ir a tomar un té al lugar más alucinante para tal actividad de Tánger. Nos referimos al Café Hafa, un establecimiento algo alejado de la zona turística principal. Nosotros cogimos un taxi desde la Place 9 Avril 1947, el cual nos costó escasos 6 dírhams (como 60 céntimos de euro).

Una vez allí, hay que caminar por una callecita estrecha para llegar. No tiene pérdida, ya que es un lugar muy popular entre turistas y siempre hay gente yendo hacia él. Cruzad su puerta y buscad un sitio adecuado para disfrutar de las increíbles vistas. Es cierto que el sitio es poco auténtico y que el té es más caro que en otras zonas de la ciudad (12 dírhams por vaso), pero pensamos que merece la pena.

Además, justo al lado del Café Hafa os esperan unas bonitas tumbas fenicias excavadas en la roca. A nivel arqueológico rozan el abandono, pero a nivel turístico son una visita súper top. Y es que las vistas hacia el mar son igual de impresionantes que desde el café.

Ciudad nueva

Por último, vamos a hacer un pequeño repaso de los lugares más importantes de la Ciudad Nueva de Tánger. Normalmente os recomendamos pasar por la zona de influencia europea, pero en este caso queremos insistir especialmente. Hay mucho que ver y mucho que hacer, fruto fundamentalmente del gran dinamismo que tuvo la ciudad durante el siglo XX.

Mezquita Mohamed V

La primera parada la hicimos en la Mezquita Mohamed V, construida entre 1969 y 1983 en honor del rey que le da nombre. Como curiosidad, se dice que fue financiada por un kuwaití que visitó esa parte de Tánger y quedó desilusionado al ver que el skyline estaba dominado por la catedral cercana. No sabemos si fue así o no, pero lo cierto es que justo al lado está la Plaza de Kuwait.

Catedral

El edificio que forma parte de esa historia es la Catedral de la Inmaculada Concepción y el Espíritu Santo, conocida simplemente como la Catedral Española o la Catedral de Tánger. Fue construida también durante la segunda mitad del siglo XX, aunque en este caso fue inaugurada en 1961. Os recomendamos visitar su interior, es todo muy vanguardista pero a la vez resulta de lo más acogedora. Sus vidrieras son alucinantes.

Rue du Mexique

Hay dos calles que destacan por encima del resto en la zona nueva. La primera es la Rue du Mexique, una larguísima avenida comercial repleta de tiendas y casas a la europea. Si vais andando desde la Catedral os parecerá poca cosa al principio, pero os aseguramos que merece la pena.

Por cierto, no limitéis vuestra visita a la propia Rue du Mexique. En las calles adyacentes encontraréis algunas de las tiendas más interesantes de la ciudad, siempre a un precio reducido por la escasa presencia de turistas en ellas.

Boulevard Pasteur

La otra gran calle de la Ciudad Nueva, muy cercana a la anterior, es el Boulevard Pasteur. En apariencia no es gran cosa, pero en un momento dado se convierte en una terraza estupenda. En ella hay un excelente mirador con vistas al mar, cañones apuntado a la costa y toda clase de buscavidas: artistas callejeros, mujeres que hacen tatuajes de henna por 100 dírhams (podréis bajarlo a la mitad a poco que regateéis), un tipo con un águila que intenta sacar algo de dinero haciendo fotos a turistas… Es un sitio muy pintoresco, aunque quizás un poco agobiantes.

Playa, paseo marítimo y puerto deportivo

Por último, en la zona baja de la ciudad os espera el trío mágico del turismo veraniego: la playa, el paseo marítimo y el puerto deportivo. Y es que Tánger tiene mucho potencial en la materia, aunque le esté costando posicionarse como una opción sólida de viajes de sol y playa.

Es un punto de encuentro entre diferentes formas de viajar. Por un lado, en primera línea de costa veréis las grandes torres de los hoteles de lujo pensados por y para europeos. Sin embargo, en cuanto pongáis un pie en la playa os toparéis con camellos, gente haciendo carreras de caballos y vendedores ambulantes de toda clase y condición. Sea como fuere, el entorno es realmente bonito y la visita bien merece la pena.

Qué ver en los alrededores de Tánger

Hay que decir que los alrededores de la ciudad son realmente interesantes. Las dos excursiones desde Tánger más típicas son:

  • Cabo Espartel: una visita increíble en la que podréis visitar un bonito faro, unos jardines botánicos y una interminable sucesión de playas.
  • Cuevas de Hércules: a escasos cinco kilómetros de lo anterior, se trata de una cavidad en la roca en la que teóricamente estuvo Hércules (el héroe de la antigüedad griega).

Mapa turístico de Tánger

Para terminar, aquí os dejamos un mapa turístico de Tánger, con todo lo que hay que visitar en la zona:

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