Cuidado con Moustiers-Sainte-Marie, que es uno de los pueblos más bonitos de Francia. Dejamos esta advertencia porque no queremos que paséis de largo, ya que este destino es una auténtica locura. En pocos lugares nos hemos sentido tan bien, hemos disfrutado tantísimo y nos hemos vuelto a casa con semejante cantidad de recuerdos bonitos. Es una de las puertas de entrada a las Gargantas del Verdón, en la Alta Provenza, pero no penséis en un sitio de paso. Hablamos de una localidad absolutamente increíble, que por sí sola justificaría un viaje a la zona.

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La capital de la fayenza francesa
Corría el año 1983 cuando Moustiers-Sainte-Marie pasó a formar parte de la lista de Les Plus Beaux Villages de France. No es casualidad que un destino como este se encuentre en la flor y nata del turismo galo, ya que hablamos de una auténtica joya. Sin embargo, no goza de la fama de otros lugares, por lo que os recomendamos tomar buena nota de todo lo que tenemos que contaros.

El origen del pueblo se remonta al siglo V, cuando unos monjes fundaron la villa. Lo hicieron, entre otros motivos, para aprovechar sus condiciones y sus recursos naturales. Se instaló así la costumbre de elaborar fayenza o loza fina, un tipo de cerámica muy apreciada en el mundo entero. De hecho, Moustiers-Sainte-Marie es toda una potencia en la elaboración de ese producto.


Más allá de cuestiones históricas, Moustiers-Sainte-Marie es un pueblo realmente bonito. Su casco histórico se encuentra rodeado de ríos, cascadas y montañas. Os sentiréis en una especie de Rivendel a la francesa, con callecitas preciosas en las que no sería raro cruzaros con unos elfos del bosque.

Con una mañana es tiempo suficiente para recorrer este pueblo. Eso sí, tenemos que decir que no es sencillo hacer un recorrido lineal. Se sube y se baja por distintas calles, que en ocasiones se repiten obligatoriamente. Sin embargo, el conjunto es tan bonito que nunca dejaréis de sorprenderos con sus detalles. Un recorrido típico podría consistir en ir hacia la capilla que hay en lo alto y volver, no sin antes callejear a tope.


Importante: Moustiers-Sainte-Marie es un destino muy dog friendly. Podréis entrar con vuestro perro a restaurantes, tiendas e incluso a edificios históricos. ¡Muy bien! No tan bien está el tema gastronómico, ya que hay muchas opciones pero están muy enfocadas a turistas. Todo lo contrario ocurre con las tiendas, que son una maravilla y en general ofrecen productos locales a un precio más que conveniente.

Por cierto, aparcar en Moustiers-Sainte-Marie no es tarea sencilla. Hay varios parkings de pago en la zona baja, aunque muchos con limitación de dos metros de altura (un problema si vais en furgoneta, como nosotros). En nuestra opinión, la mejor opción es que pongáis en el GPS el Parking des Manants: bien ubicado, no muy caro y suele tener espacios libres.


Y, hechas las presentaciones, vamos a mostraros todo lo que ver y hacer en Moustiers-Sainte-Marie. Eso sí, antes queremos presentaros uno de sus elementos más característicos: la estrella dorada que cuelga entre las dos montañas que dominan el pueblo. Fue instalada ahí por un noble de la localidad, que fue a las cruzadas y allí fue apresado por los árabes. Juró colgar una estrella en su pueblo si conseguía volver a él… ¡y vaya si lo hizo! Aunque la estrella se ha ido renovando con el paso del tiempo, quedó instalada allí se convirtió en todo un signo de identidad. Incluso está en el blasón de la villa.

Turismo en Moustiers-Sainte-Marie
Ayuntamiento (Mairie)
Como ya hemos dicho, dejamos nuestro vehículo en uno de los aparcamientos de pago y nos dispusimos a recorrer Moustiers-Sainte-Marie. Básicamente hay que caminar durante cinco minutitos cuesta arriba, hasta llegar al Ayuntamiento (Mairie, en francés). Es la típica casa consistorial gala: sobria, con su banderita y siempre dando sensación de estar abierta a todo el mundo.

Museo de la Fayenza
Justo al lado del ayuntamiento está el Museo de la Fayenza (Musée de la Faïence), una institución prácticamente legendaria. Fue fundada en 1930 y ha sido actualizada en diversas ocasiones, ofreciendo en la actualidad una exposición única y de primer nivel. Es una visita obligada si os interesa la cerámica, ya que aquí encontraréis piezas desde prácticamente los albores de la humanidad hasta la actualidad. Por supuesto, maestros como Clérissy, Olérys o Ferrat también tienen su espacio.

Puente de Santa María
De todos modos, el ayuntamiento y el museo no son más que un pequeño aperitivo de lo que viene. La cosa se empieza a poner seria al llegar al Puente de Santa María (está en la Avenue de Lérins). Básicamente sirve para cruzar sobre el Ravin de Notre-Dame, que no es otra cosa que el tremendo barranco que ha excavado el río estacional del mismo nombre a lo largo de los siglos. La vista desde allí es impresionante, idílica a más no poder. Nosotros nos empezamos a poder nerviosos, ya que estábamos antes un pueblo que había superado con creces las expectativas que teníamos depositadas en él.

Place du Couvert
Aunque lo lógico hubiese sido tirar de frente (en dirección a la Oficina de Turismo), preferimos primero explorar una zona un poquito más periférica del casco histórico. Así, empezamos incándole el diente a la Place du Couvert, donde empezamos a disfrutar de la esencia medieval de Moustiers-Sainte-Marie. A ella dan callecitas estrechas y muy singulares, repletas de comercios con mucho encanto. Podéis seguir leyendo nuestro relato o, en este punto, simplemente dar una caminata sin rumbo. Os prometemos que allá donde vayáis encontraréis una belleza fuera de lo normal.

Place Clérissy (Lavadero)
Si preferís ir con un cierto orden, tomad la preciosísima Rue du Courtil y llegad hasta la Place Clérissy. Allí os espera un lavadero súper bonito, en el que probablemente sea el rincón con más paz y tranquilidad de toda Moustiers-Sainte-Marie. No es que el resto del pueblo sea Nueva York, pero tiene una gran presencia de turistas y se puede sentir un poquito de agobio. Sin embargo, en esta zona estaréis solos y podréis disfrutar de la cara más relajada de la villa.

Antiguo Presbítero
Ahora volved hacia la Place du Couvert y buscad un pequeñito callejón cubierto que sale desde ella. Es el Passage du Cloître, para ser exactos, que os llevará hasta el Antiguo Presbítero de Moustiers-Sainte-Marie. El espacio ha perdido su función sacra, siendo en la actualidad una sala de «exposiciones temporales». Le ponemos comillas porque básicamente era una tienda, pero aun así fue interesante verla.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Habiendo llegado hasta allí, seguimos avanzando hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Hay muchos datos (más de los normales) sobre la construcción de este edificio. Se sabe que fue ordenado por un cardenal llamado Pierre de Pratis, en un proceso que se prolongó desde 1336 hasta 1361. Es una magnífica obra románica, cuyo elemento más representativo del exterior es un campanario lombardo de tres pisos.

Aunque da a una plaza, nosotros allí no vimos el acceso. Nos resultó más fácil entrar desde la Rue de la Diane, otra callecita imprescindible del pueblo. En cualquier caso, merece la pena visitarla por dentro. Como podéis ver, es una auténtica maravilla.
Oficina de Turismo
En la misma Plaza de la Iglesia está la Oficina de Turismo de Moustiers-Sainte-Marie. Está en un edificio precioso, merece la pena acercarse hasta su coqueta fachada. Además, en su interior os darán información de mucha calidad para recorrer tanto el pueblo como sus alrededores.

Place Pomey y su puente
Si seguís avanzando llegaréis hasta la Place Pomey, otro de los rincones imprescindibles del casco histórico de Moustiers-Sainte-Marie. Todo parece de cuento, la verdad: casitas preciosas, tiendas con encanto, olor a crepes recién hechos… Fue un paseo agradable a más no poder.

La plaza da hacia un puente con el mismo nombre, que también sirve para superar el barranco que hay en medio del pueblo. El puentecito en sí mismo es una maravilla, deberíais pasar por él en algún momento.

Además, desde este punto podréis disfrutar de unas vistas preciosas de las dos orillas de Moustiers-Sainte-Marie. Las casitas y los restaurantes son especialmente bonitos en esta zona.
Rue de la Bourgade (Lavadero)
Al cruzar el puente estaréis en la Rue de la Bourgade, otra de las calles principales del centro de Moustiers-Sainte-Marie. Está llena hasta la bandera de tiendas y restaurantes, por lo que puede ser un buen sitio para hacer unas compritas o comer algo.

Sin embargo, también es un buen sitio para hacer algunas de las mejores fotografías que se pueden hacer en el pueblo. Pensad que tendréis a mano la iglesia y otros edificios de época medievales, con el barranco justo en medio. ¡Una maravilla!

Capilla de Nuestra Señora de Beauvoir
Pues ya solo quedaría una cosa: ¡subir! Y es que en lo alto de Moustiers-Sainte-Marie no solo hay una estrella, sino también uno de los templos rurales más bonitos de toda Francia. Nos referimos a la preciosa Capilla de Notre-Dame-de-Beauvoir, la cual se encuentra encaramada en una de las peñas que hay sobre la localidad.

La subida se hace desde el puente que hay junto a la Place Pomey, aunque no tiene pérdida: por toda la localidad hay indicaciones en el suelo que llevan hasta allí. No es que sea un trayecto durísimo, pero bien haríais en poneros calzado cómodo. Entre subir y bajar se va una hora, las piedras pueden ser resbaladizas y las barandillas a veces se quedan un poco cortas.


Sin embargo, el esfuerzo será recompensado por partida doble. En primer lugar, porque llegaréis hasta una capilla absolutamente preciosa. Tiene una puerta de madera renacentista que es una maravilla, en el interior se conservan muchos elementos románicos y también góticos. Merece muchísimo la pena.

Además, si llegáis hasta lo alto podréis disfrutar de unas vistas increíbles de Moustiers-Sainte-Marie, de los valles cercanos y de toda la meseta de Valensole. Eso sí, un consejo: las mejores vistas no están arriba del todo, ya que el pueblo poco a poco se va alejando. Os recomendamos ir asomándoos a la vez que ganáis altura, ya que así podréis obtener unas panorámicas realmente alucinantes.
