La Palud-sur-Verdon es un pequeño pueblo situado en la cara norte de las Gargantas del Verdón. En concreto, se halla justo a mitad de camino entre el extremo occidental y el oriental, por lo que es un sitio magnífico para hacer una pausa y estirar un poquito las piernas. Eso sí, también tiene mucho que ver y que hacer. De hecho, allí mismo se encuentra una de las carreteras panorámicas más bonitas de la zona, por lo que deberíais parar allí sí o sí.

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Mucho más que un lugar de paso
El término municipal de La Palud-sur-Verdon oscila entre suaves llanuras y altas montañas, con una altitud mínima y máxima de 800 y 1920 metros respectivamente. El pueblo en sí es muy tranquilo, pese a que la carretera principal de la zona (la D952) lo atraviesa de punta a punta.

Los orígenes se sitúan en la edad media. Al parecer, alrededor de una iglesia ya desaparecida se empezaron a construir pequeñas viviendas. El pueblo daba servicio a los viajeros que transitaban la zona, a la vez que aprovechaba sus casi inagotables recursos naturales.

Con la llegada del turismo moderno, La Palud-sur-Verdon no cambió demasiado. Y es que para muchos viajeros no es más que un lugar de paso entre la magnífica Moustiers-Sainte-Marie y la acogedora Castellane. En todo caso, es común hacer una parada en su carretera circular y luego seguir.

Sin embargo, nosotros queremos romper una lanza a favor de La Palud-sur-Verdon. Nos gustó lo que vimos desde la ventana de la furgoneta, decidimos parar y fue todo un acierto. En una visita que se hace rápido (no más de una hora) pudimos ver su iglesia, su castillo y un montón de bonitas casas tradicionales.

Turismo en La Palud-sur-Verdon
Iglesia de Notre-Dame-de-Vauvert
Empezamos la visita yendo directamente a la Iglesia de Notre-Dame-de-Vauvert, el principal templo de La Palud-sur-Verdon. Aunque los orígenes son claramente medievales (todavía se conserva el campanario del siglo XI), la mayor parte del edificio data de una ambiciosa reconstrucción del siglo XIX. La reconstrucción neorrománica le dotó de un aspecto contundente y robusto, el cual se integra perfectamente en el pueblo.

En la actualidad, la iglesia ha perdido su uso religioso para pasar a ser utilizada como sala de exposiciones. Cuando nosotros fuimos tenían una muestra de pintura dedicada a una artista local, la cual pudimos visitar de manera totalmente gratuita.

Plaza de la Iglesia
Como no podía ser de otro modo, la iglesia da a la Place de l’Eglise o Plaza de la Iglesia. Es uno de los espacios más bonitos del La Palud-sur-Verdon, pues es acogedora a más no poder. Tiene una pequeña fuente, el edificio de correos (todavía en funcionamiento) y las típicas fachadas repletas de contraventanas de colores. La única pega es que está llena de coches, pero en algún sitio tendrán que dejar sus vehículos los habitantes del pueblo.

Castillo
El otro edificio de relumbrón de La Palud-sur-Verdon es su Castillo. También tiene orígenes medievales, aunque en este caso la fortaleza que sirvió como base fue transformada por completo durante el siglo XVIII. Hoy en día es un edificio multiusos, pues en la actualidad hace las veces de Ayuntamiento, Oficina de Turismo, Ecomuseo y Sala de Exposiciones.

Rue Grande (D952)
La Rue Grande no es otra cosa que el nombre que le dan en La Palud-sur-Verdon a la carretera D952 a su paso por el pueblo. Atravesarla fue precisamente lo que hizo que nos quedásemos, ya que ante nuestros ojos habían aparecido un montón de cosas que nos llamaron la atención. Qué buen acierto fue dejar la furgoneta y recorrerla a pie.

Allí nos topamos con tiendas de productos locales, típicas casas provenzales que siempre resultan fotogénicas, restaurantes llenos de encanto… Resulta increíble que un sitio que hoy en día funciona como carretera resulte tan agradable y haya conservado su encanto rural.

Route des Crêtes (D23)
Por último, el gran atractivo turístico de La Palud-sur-Verdon es la Route des Crêtes. La carretera, señalizada como D23, es una de las grandes joyas de las Gargantas del Verdón. Se trata de un itinerario panorámico de algo más de 20 kilómetros, a lo largo del cual hay señalizados 13 miradores diferentes.

Sus curvas cerradas y sus impresionantes balcones hacia el cañón han hecho de esta carretera un destino turístico en sí mismo. Es muy apreciada por motoristas y ciclistas, aunque también por cualquier otro tipo de público. Nosotros la hicimos en furgoneta y no tuvimos ninguna complicación.
