Castellane se define a sí mismo como un pueblo con carácter. Situado en el extremo oriental de las Gargantas del Verdón, para muchos viajeros supone la primera o la última parada en este magnífico espacio natural del sur de Francia. Nosotros llegamos allí después de todo un día haciendo turismo y lo que nos encontramos nos llegó al corazón. Su casco histórico es súper acogedor, hay muchísimo que ver, a nivel gastronómico es una joya y encima se encuentra rodeado de naturaleza. Sin duda, un lugar para enamorarse y disfrutar de la vida.

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Felicidad a la sombra de una roca
A la sombra de su icónica roca (coronada por una capilla), Castellane es una localidad tranquila y que a la vez tiene muchísimas cosas que ofrecer al viajero. Hablamos de animadas plazas, de iglesias con pura esencia medieval, de jardines con frutos del bosque, de calles repletas de comercios tradicionales… Los puntos suspensivos son porque podríamos estar poniendo ejemplos casi infinitos de todo lo que nos gustó de este coqueto destino de la Provenza.

Con 1500 habitantes, se trata de la subprefectura menos poblada de toda Francia. Eso no es incompatible con una larga tradición de poblamiento, que arranca en tiempos prehistóricos (hay vestigios de hace más de 8000 años) y que vivió un clarísimo esplendor en la Edad Media. De los siglos del medievo son sus elementos más reconocibles, como los restos arqueológicos de Petra Castellana o la ermita que domina la villa.

Aunque su pasado trashumante evolucionó de manera lógica en diferentes industrias, en la actualidad Castellane es una urbe que vive fundamentalmente del turismo. Eso sí, lo hace de una manera más sutil que su homóloga Moustiers-Sainte-Marie, en el otro lado de las Gargantas del Verdón. Aquí se vive con un ritmo mucho más pausado, no hay tantas aglomeraciones y todo fluye de una manera más intensa.

El recorrido por Castellane lleva un mínimo de un par de horas, tiempo que habría que duplicar si os animáis a subir a su capilla sobre la roca. Por el camino os acompañarán las siluetas de diferentes personajes históricos, las cuales han sido distribuidas por todo el pueblo junto a paneles explicativos.

Nuestra recomendación es que lleguéis allí al atardecer, deis un paseíto y toméis asiento en alguna terraza del centro. Allí os esperan gastronomía de calidad a precios ajustados, música en directo y conversaciones de las que dejan poso. Antes o después habría que subir hasta la roca y tocar su famosa campana, pero el orden lo dejamos a vuestra elección.


Turismo en Castellane
Puente
No se nos ocurre mejor sitio para comenzar la visita a Castellane que en su Puente sobre el río Verdón. Básicamente es el lugar por el que pasa la D4085 a su entrada al pueblo, pero a la vez es un excelente mirador tanto al pueblo como a la roca que hay sobre su cabeza.

Place Marcel Sauvaire y Place de l’Èglise
Entramos de lleno en el casco histórico de Castellane yendo al conjunto formado por dos grandes plazas: la Place Marcel Sauvaire y la Place de l’Èglise. La primera está al sur de la segunda, pero están tan juntas que es mejor considerarlas como un todo. Es uno de los espacios con más aparcamiento del pueblo, aunque de pago.

La parte peatonal de la plaza tiene una fuente, mientras que los laterales están repletos de tiendas y restaurantes. También hay edificios interesantes, como el Ayuntamiento (Mairie), el edificio de Correos o la Maison Nature & Patrimoines (un pequeño museo).
Iglesia del Sagrado Corazón
Por supuesto, allí se encuentra el principal edificio religioso del centro de Castellane: la Iglesia del Sagrado Corazón (Église du Sacré-Coeur). Es relativamente moderna, ya que data de la segunda mitad del siglo XIX. Está en un alto, por lo que tendréis que superar una pequeña escalinata para llegar hasta ella.

El acceso es gratuito y abre de 10:00 a 18:00 todos los días. Haced lo posible por entrar a visitarla, ya que es muy bonita. Además, tiene hilo musical con temas religiosos, por lo que se respira un ambiente realmente solemne.
Iglesia de San Víctor
A pocos pasos de allí, yendo por la Rue Saint-Victor, hay otro edificio sacro destacado: la Iglesia de San Víctor (Église Saint-Victor). Tiene mucha más carga histórica que el anterior, ya que data del siglo XII. En su interior se puede contemplar un osario y también la momia de San Víctor, pero solo está abierto durante el verano y mediante visita guiada.

Rue du Mitan (¿o Rue de Milieu?)
Vamos ahora con la calle más animada de Castellane. Lo primero que tenemos que decir es que tenemos dudas respecto al nombre, pues en los carteles pone Rue du Milieu pero en el mapa turístico que nos dieron la llama Rue du Mitan. Sea como fuere, hablamos de una animada arteria comercial, con un ambientazo impresionante y repleta de establecimientos que aportan valor. Algún puesto con souvenirs sin importancia hay, pero en general está poblada por tiendas de artesanía alucinantes y por restaurantes perfectos para tomarse algo.

Más o menos a mitad de la calle hay una especie de placita con una fuente. Es sin duda nuestra zona favorita de la ciudad, en la cual pasamos uno de los mejores momentos del viaje. Nos sentamos en una de sus terrazas (en concreto en la de Cote Fontaine), pedimos una gallete bretona (crepe de trigo sarraceno con relleno salado) y echamos ahí la noche. Se respiraba un ambiente mágico, de esos que invitan al viajero a quedarse y fantasear sobre cómo sería su vida allí.
Oficina de Turismo
Al final de la calle, después de pasar por un pequeño arquito, se encuentra la Oficina de Turismo. Hay que decir que merece la pena visitarla en sí misma, ya que está en un edificio precioso. Además, podéis ir incluso si vais fuera de horario, ya que tienen la costumbre de dejar mapitas del pueblo en la entrada.

Torre del Reloj
Desde la propia Oficina de Turismo de Castellane tendréis el mejor punto para observar la Torre del Reloj. Conocido también como Puerta de Saint-Michel, se trata de una construcción del siglo XIV. Sin embargo, su elemento más característico (el campanario metálico) no fue añadido hasta el siglo XVIII. Se da la circunstancia de que es el edificio más alto de la localidad, con unos 25 metros de altura.

Torre Pentagonal (y sus jardines)
Y hablando de las alturas, para sacarle todo el jugo a Castellane hay que caminar un poquito hacia arriba. En primer lugar, junto al casco urbano os espera la Torre Pentagonal. Es uno de los muchos vestigios que hay repartidos por la localidad de su antiguo recinto amurallado, cuya construcción se inició en el año 1359. Aunque la torre hoy en día no es visitable, merece la pena acercarse hasta ella para contemplar todos sus detalles.

Además, en su base de encuentran unos estupendos jardines aterrazados. También está en la lista de los sitios que más nos gustaron de Castellane: por su tranquilidad, las vistas que ofrece de los tejaditos del pueblo y por las especies que se pueden contemplar en él.
Petra Castellana
Un poquito más arriba está Petra Castellana, un conjunto arqueológico que recoge las huellas del antiguo núcleo medieval de Castellane. Recorrerlas no tiene ninguna complicación, ya que se ha instalado un sendero interpretativo autoguiado repleto de paneles informativos. Es cierto que algunos espacios requerirían algo de mantenimiento, pero en general es una visita muy interesante y que os permitirá conocer el interesante pasado de la localidad.

Capilla de Notre-Dame du Roc
Por último, encaramada sobre la roca que define el skyline de Castellane, la Capilla de Notre-Dame du Roc es una visita obligada. Data del siglo XII y llegar hasta ella requiere hacer un poquito de ejercicio (entre subir y bajar se van un par de horas), pero os aseguramos que merece muchísimo la pena.

El templo en sí es una maravilla. La capilla ha sido restaurada en 2025, por lo que en la actualidad se encuentra en un estado de revista espectacular. Este tipo de sitios encaramados en la piedra no suelen ser gran cosa, pero sin duda aquí encontramos una construcción espectacular.


Además, como no podía ser de otro modo, desde este punto disfrutaréis de una magnífica panorámica de Castellane y los alrededores. Sus tejaditos os dejarán sin palabras, ya que en conjunto forman uno de los paisajes urbanos más adorables de las Gargantas del Verdón.