Canillo es uno de esos sitios en los que es imposible aburrirse. Tiene todo lo que cabría esperar de Andorra: callecitas con todo el encanto pirenaico, mucho turismo asociado a la nieve, una gastronomía única y mil alternativas de ocio. Todo ello habiendo sido capaz de conservar un ambiente rural y tranquilo, que nada tiene que ver con el ajetreo de la capital.

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Turismo 360º a 1500 metros de altura
Edificios de piedra y madera con tejados de madera, callecitas que van a parar a un incesante río, miradores a unas montañas que tienen nieve casi todo el año… ¿Quién no querría pasar por un sitio como este? Canillo es una visita obligada en Andorra, por todo lo anterior (de verdad que es una cucada) pero también por la infinita variedad de su propuesta turística. Seguid leyendo y os lo contamos.

De momento, os anticipamos que este pequeño pueblecito situado a 1500 metros sobre el nivel del mar empezó como tantos otros en Andorra. La ganadería y la agricultura de montaña movieron su economía a través de las centurias, hasta que una nueva moda lo cambió todo el siglo XX: el esquí. Y es que Canillo es una de las puertas de entrada a Grandvalira, la gran estación de esquí andorrana.

Este nuevo turismo ha traído hostelería, ocio y propuestas novedosas en formas de puentes y esculturas, pero sin olvidar las raíces. De hecho, eso es lo que nos enamoró de Canillo: ir de una calle a otra era como viajar en el tiempo. Además, los alrededores también ofrecen visitas alucinantes.

Da igual si vais a Andorra un finde, un puente largo o incluso una semana entera. En todos los casos deberíais pasar por Canillo, ya que es una referencia imperdible para entender el país.
Turismo en Canillo
Iglesia de Sant Serni
El edificio más destacado del casco histórico de Canillo es la Iglesia de Sant Serni, un templo de origen románico que fue ambiciosamente reformado entre los siglos XVI y XVII. Tiene un campanario de estilo lombardo espectacular, con una fachada de piedra de lo más evocadora.

Visitad su interior si tenéis ocasión. Es un templo precioso, en el que se muestran un montón de elementos románicos con posteriores añadidos de estilo barroco. No hay mejor resumen de la arquitectura religiosa andorrana que este.
Molino Harinero
Y, hablando de emblemas, el antiguo Molino Harinero de Canillo también merece una mención. Este tipo de estructuras fueron claves para la economía local durante generaciones, en la que prácticamente todo se fiaba a la ganadería, la agricultura de montaña y la economía de subsistencia. Queda claro que una localidad respeta su tradición cuando pone en valor un edificio como este.

Casco antiguo
En cualquier caso, lo mejor de Canillo es precisamente eso: el pueblo. Y es que en su casco antiguo encontraréis decenas y decenas de muestras de arquitectura tradicional pirenaica. Calles estrechas y empinadas atesoran edificios únicos, con una buena mezcolanza entre casonas con siglos de antigüedad y posteriores añadidos que han respetado el conjunto. Cuanto más os alejéis de la CG-2 (la carretera que atraviesa el pueblo) más fácil os resultará entender cómo fue todo antes del auge turístico.

Os podríamos dar algunos rincones en concreto, como la Placeta Carrer Perdut, pero es un entramado urbano chiquitito. Nuestra recomendación es que vaguéis sin rumbo, pues de un modo o de otro lo acabaréis recorriendo en su totalidad. Tendréis ante vosotros un buen puñado de rincones fotogénicos, en los cuales siempre estará presente el agua.
Cal Federico
En la zona pegada a la carretera, justo en frente de la Oficina de Turismo, se encuentra una de las mejores muestras de que Canillo tiene una propuesta turística profunda y en constante renovación. Nos referimos a Cal Federico, un antiguo molino (el primero eléctrico de Andorra) que ha sido reconvertido en tienda de productos kilómetro cero, zona de degustaciones y sala de exposiciones.

En el país no siempre es fácil comprar sus productos. Muchas tiendas se han convertido en una especie de macro-duty free, dando la espalda a los artículos de origen andorrano. Por eso, es destacable un punto en el que comprar y degustar quesos, embutidos o vinos del país. Nosotros estuvimos allí un buen rato, dando cuenta de tremendos manjares.

Por si eso fuera poco, en la zona alta hay una sala de exposiciones gratuita, en la que diversos artistas andorranos van exponiendo sus obras a lo largo del año. ¡Muy bien!
Palau de Gel
Si venís desde Andorra, lo primero que veréis en Canillo es su impresionante Palau de Gel. Construido en los años 90, es uno de los grandes símbolos del boom turístico de finales del siglo XX. Tiene una pista de hielo muy popular, además de un gimnasio y pistas de tenis. Una buena alternativa si hace mal tiempo.
Puente Tibetano de Canillo
Eso sí, si hace bueno… ¡ojo si hace bueno! En Canillo os esperan dos de las atracciones más vanguardistas y virales de toda Andorra. La primera es el Puente Tibetano de Canillo, una locura de más de 600 metros de largo suspendida sobre el valle. Para llegar a ella la única alternativa es el autobús, pero el servicio está incluido en la entrada.

No os podemos ni describir lo impresionante que fue esa experiencia. La sensación de caminar por una estructura como esta hay que vivirla, ya que por más que os describamos la adrenalina no será lo mismo. Además, increíbles paisajes que tuvimos ante nuestros ojos justificaron por sí solos todo el viaje. 100% recomendable, a día de hoy es un crimen ir a Andorra y no pasarse por aquí.
Mirador del Roc del Quer
Por si eso fuera poco, muy cerquita (y conectado por el mismo servicio de bus) está el Mirador del Roc del Quer. No solo os dará la vista más espectacular de Canillo y su valle, sino que también os pondrá frente a una escultura de arte contemporáneo absolutamente mágica.

No se nos ocurre mejor manera de ponerle el broche de oro a Canillo que contemplarlo desde los cielos. Además, su plataforma suspendida en el aire también tiene un toque de aventura. Subid si podéis a primera hora (no habrá nadie) o al atardecer (con una vista fascinante).
Qué ver en los alrededores de Canillo
Por último, no se puede hablar de Canillo sin mencionar todas las posibilidades que ofrece su entorno más inmediato. Algunos de los destinos turísticos más importantes de toda Andorra se encuentran en su parroquia, por lo que una visita al pueblo necesariamente debe conllevar la exploración de los alrededores.

Al ladito, literalmente a cinco minutos en coche hacia el sur, está la Basílica Santuario de Nuestra Señora de Meritxell. Es uno de los grandes iconos de Andorra, tanto por su historia como por su vanguardista manera de haberse reinventado tras un incendio. Si buscáis un templo más tradicional, justo al norte tenéis la Iglesia de San Juan de Caselles, una de esas joyas con las que está trufado todo el territorio andorrano.

Por último, no os podéis perder el Valle de Inclés, una de las mejores zonas del país para hacer senderismo. Tenéis rutas para todos los niveles, en las que podréis ver montañitas, lagos y casitas de piedra tradicionales. Muy pero que muy top.