Benicàssim es una ciudad asociada siempre los grandes festivales musicales. Sin embargo, tiene mucho que ofrecer más allá de esos grandes eventos. Nos referimos a su estupendo casco histórico, a sus villas decimonónicas, a sus largas playas de aguas tranquilas o a su magnífico entorno natural, por poner algunos ejemplos. Como no podía ser de otro modo, también tiene una animada vida cultural y una propuesta gastronómica que literalmente es deliciosa.

Tabla de contenidos
Mediterráneo en estado puro
Aunque el lugar ha sido poblado desde tiempos íberos y tuvo presencia de colonizadores romanos, el nombre de Benicàssim viene claramente del árabe Banu Qasim. No significa otra cosa que «los hijos de Qasim», una tribu bereber que se estableció en la zona durante la Edad Media. Tras la conquista cristiana, prácticamente el conjunto de su economía se volcó en oficios tradicionales como la agricultura o la ganadería.

Todo cambió a finales del siglo XIX, cuando Benicàssim se convirtió en uno de los primeros destinos turísticos de moda en el Mediterráneo. Por sus villas, sus playas y sus fiestas, era conocida como la Biarritz valenciana. Muchos de esos palacetes decimonónicos han llegado hasta nuestros días, creando un lienzo estupendo entre las playas y sus lujosas fachadas.

Precisamente, lo que más nos gustó de Benicàssim fue su equilibrio. Tiene patrimonio, pero tampoco es que requiera 200 horas para ser visitado: con una mañana o una tarde es más que suficiente. Tiene playas, pero sin estar masificadas. ¿El entorno? Una pasada, aunque quizá no tan conocido. Muchos bares, muchos sitios en los que tomarse algo, mucho comercio con encanto. No se puede pedir más, desde luego.

Nosotros, como tantos otros, fuimos por primera vez a Benicàssim en el marco de un festival de música (en este caso, el FIB). Sin embargo, desde el primer momento sentimos un feeling con la localidad que nunca se ha terminado de apagar. Volveremos mil y una veces a disfrutar de sus playas, a tomarnos una paellita o simplemente a dar un bonito paseo al atardecer, con la brisa marina pegándonos en la cara.

De momento, aquí os dejamos nuestra guía con todo lo que ver y hacer en Benicàssim. Como ya hemos dicho, con media jornada es más que suficiente. Os recomendamos no complicaros mucho con el coche y aparcar en las inmediaciones del área de autocaravanas. Desde ahí tendréis unos cinco minutos a pie hasta la zona histórica, así como diez más desde esta hasta las playas.
Turismo en Benicàssim
Ayuntamiento
Empezamos el recorrido en la Plaza de los Dolores, donde se encuentra el Ayuntamiento de Benicàssim. No es precisamente un edificio monumental o histórico, pero ciertamente es el epicentro de la vida política en la ciudad. Da la bienvenida al casco urbano si se entra desde el norte.

Fuente del Señor
Justo al ladito está la Fuente del Señor, que data del año 1927. Es uno de los elementos más queridos por los habitantes de Benicàssim, ya que durante muchos siglos fue lugar de reunión y centro de intercambio de información. Su agua, fresca y limpia, procede de un manantial subterráneo. Los más mayores del lugar todavía recuerdan ir allí con garrafas para abastecerse.

Oficina de Turismo
Al otro lado de la calle está la Oficina de Turismo de Benicàssim, donde podréis conseguir todo tipo de información sobre la ciudad y sus alrededores. Tened en cuenta que estamos hablando de uno de los núcleos urbanos con mayor vida cultural del litoral español, por lo que siempre es bueno pasarse por aquí a recibir información de última hora.

Iglesia de Santo Tomás
La Oficina de Turismo está justo al lado de la Iglesia de Santo Tomás, el principal templo de Benicàssim. Data del siglo XVIII y su sobria arquitectura neoclásica valenciana es muy representativa. Si podéis entrar hacedlo, ya que en su interior os espera un estupendo retablo mayor y varias muestras de arte sacro de mucha calidad.

Teatro Municipal Francesc Tárrega
Detrás de la iglesia, accediendo a su plaza bajo un arquito, está el Teatro Municipal Francesc Tárrega. Lleva el nombre de un popular compositor local y siempre tiene una estupenda programación. En ella no solo hay teatro (que también), sino también conciertos, bailes o proyecciones cinematográficas. Precisamente, Benicàssim es una localidad estrechamente vinculada con el séptimo arte. Al ladito veréis una escultura dedicada al legendario Antonio Bardem.

Calle Santo Tomás y Avenida Castelló, el eje comercial
El eje comercial del centro de Benicàssim es la sucesión de la Calle Santo Tomás y la Avenida de Castellón. Tanto estas dos como prácticamente todas sus adyacentes están repletas de tiendas, panaderías, bares, restaurantes, heladerías y horchaterías. Mezcla a la perfección la oferta entre establecimientos de toda la vida con otros de corte más modernito, por lo que resulta difícil aburrirse allí.

Cruce entre Carrer Bayer y Carrer la Pau, el eje gastronómico
Si lo que buscáis es pegaros una buena comilona, el eje gastronómico tiene nombre y apellidos. Id al cruce entre la Carrer Bayer y la Carrer la Pau, pues allí encontraréis una altísima tasa de restaurantes por metro cuadrado. Paellas, tapas tradicionales y cocina fusión os esperan en una zona en la que conviven perfectamente locales y viajeros. Pese a que Benicàssim es un destino muy turístico, tenemos que decir que la relación calidad/precio es excelente. Eso sí, si vais en un fin de semana de verano o que coincida con un festival, lo suyo es que reservéis antes o vayáis tempranito. Si no, imposible encontrar sitio.

Bodega Carmelitano
¿sabíais que los monjes carmelitas que vivían en las montañas cercanas a Benicàssim inventaron su propio licor? Podéis probarlo y degustarlo en la Bodega Carmelitano, fundada ni más ni menos que en 1896. Tienen varios tipos de visita, pero en general todas incluyen explicaciones históricas, un repaso al proceso de destilación y una pequeña cata final. Más allá de la actividad, el edificio en sí es una pasada.

Torre de Sant Vicent
Vamos a poner ahora el foco en la parte costera, siendo el mejor punto para empezar la Torre de San Vicente o Torre de Sant Vicent. Esta torre vigía, integrada en un sistema defensivo que protegía a todo el litoral levantino de las incursiones de piratas y corsarios, es uno de los grandes emblemas de Benicàssim. Pude visitarse por dentro (3€ por persona, precio de 2025), lo cual permite conocer su historia y disfrutar de una bonita vista de la playa.

Ruta de las Villas
Llegados a ese punto, seguro que sentís la imperiosa necesidad de daros un chapuzón. Pero no lo hagáis todavía, pues primero os quedaría por hacer la Ruta de las Villas de Benicàssim. Se trata de un itinerario cultural que pone en valor casi una 30 de construcciones, todas ellas erigidas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Hablamos de grandes palacios de nobles y burgueses, que fueron planteados como lugares de veraneo en lo que se conoció como la Biarritz valenciana o la pequeña San Sebastián.

Hemos hecho un post específico hablando de esta ruta, pero no queremos dejar de mencionar nuestras construcciones favoritas. Nos referimos a Villa Dávalos (que bien podría estar en la costa vasca), Villa Ana (actual biblioteca) o Villa Elisa (con sus ambiciosas exposiciones temporales). Merece la pena que lleguéis hasta el mismísimo Hotel Voramar, toda una institución en la zona. Si os queréis dar un caprichito, sentaos en su coqueta terraza y picotead algo. Mejor experiencia imposible.
Vía Verde del Mar
Si seguís con ganas de caminar, en ese mismo punto empieza la Vía Verde del Mar. Es un itinerario de 6 kilómetros de longitud, el cual recorre una antigua vía ferroviaria y conecta Benicàssim con la vecina Oropesa del Mar. Por el camino os esperan pequeñas calas, miradores y banquitos.
Playas de Benicàssim
En cualquier caso, sería un crimen ir a Benicàssim y no disfrutar de sus tremendísimas playas. Hablamos de casi tres kilómetros, prácticamente ininterrumpidos, de fina arena y aguas tranquilas. Frente a ellos, varios establecimientos para pedir una paella y disfrutar de la buena vida.

Tenemos que decir que toda la playa es espectacular. Siempre la vimos limpísima, no nos pareció en absoluto masificada y las aguas tenían unas temperaturas estupendas. Eso sí, si tuviésemos que recomendar una zona en concreto, sin duda serían los alrededores de la Torre de Sant Vicent. Y es que en ellos también hay árboles, por lo que podéis poneros a la sombra y disfrutar de un ratito de playa sin quemaros.

Todas las playas tienen bandera azul, estando algunas de ellas incluso adaptadas para personas con movilidad reducida. La cosa negativa es que no han tenido a bien dejar un espacio para ir a la playa con perros, algo incomprensible.
Parque Natural del Desierto de las Palmas
Por último, en los alrededores de Benicàssim está el Parque Natural del Desierto de las Palmas. Se trata de una de las zonas protegidas más diversas de la provincia de Castellón, pues en ella hay monasterios, castillos, miradores, rutas para hacer senderismo y un montón de sorpresas más. Por si todo eso os pareciese poco, el entorno no podría ser más privilegiado. Está en altura, por lo que brinda unas vistas panorámicas estupendas de toda la región. Os recomendamos encarecidamente hacer esta visita, perfecta para una mañana o una tarde.

Benicàssim, tierra de festivales
El FIB (Festival Internacional de Benicàssim) abrió el camino, pero le siguieron otros muchos: Rototom Sunsplash (de reggae), Sansan Festival (indie como el FIB, pero en plena semana santa), el BEF (Benicàssim Electrònic Festival, de chunda chunda), Benicàssim Blues Festival, Flamenco Fusión, el Certamen Internacional de Guitarra «Francisco Fábrega», Costa de Fuego (dedicado al heavy metal, pero con una única edición)… ¿veis por dónde vamos?

Benicàssim es una localidad que se presta mucho a los eventos multitudinarios. Lo hace con éxito, de manera pionera y continuada desde hace ya muchísimos años. Por tanto, es un lugar preparadísimo para este tipo de citas. Si tenéis idea de acudir a alguna de ellas, hacedlo sin miedo. Quizás pilléis un poquito de atasco en la N-340 si llegáis en hora punta, pero fuera de eso disfrutaréis de unos días tranquilos y llenos de cultura.