Aiguines es una de las rock stars de la cara sur de las Gargantas del Verdón. Hablamos de una villa que puede presumir de recibir al viajero con un tremendo castillo y una iglesia de postín, pero que a la vez ofrece un casco histórico repleto de pequeñas calles con encanto. No hay que olvidarse ni de su oferta gastronómica (espectacular) ni de sus museos (no se quedan atrás). Además, el pueblo es famoso por ser la capital francesa de los torneros de madera. Estos artesanos os sorprenderán con sus creaciones, tal y como llevan haciéndolo al país galo desde hace siglos.

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Artesanía en madera (y muchas más cosas)
No hay guía de turismo que mencione Aiguines sin hacer referencia en algún momento a su artesanía. Hablamos de un oficio en claro retroceso, pero que durante mucho tiempo ha definido la realidad de este pueblecito. Hoy en día su herencia se pone en valor a través de un museo y de diferentes ateliers, en los cuales podréis comprar directamente sus creaciones a los artistas de la madera.

Pero no solo de la madera vive Aiguines. Nosotros disfrutamos muchísimo recorriendo su casco histórico, el cual es un auténtico y privilegiado balcón a las Gargantas del Verdón. Desde prácticamente cualquier punto del pueblo se puede echar un ojo a un entorno único, el cual estuvimos recorriendo un fin de semana completo.

Contad con al menos dos o tres horas para verlo todo. Pese a que el centro es compacto, conviene subir a la zona más alta (donde hay una ermita y un mirador) y recorrer también algunos puntos de las afueras. No es una visita cansada, pero es verdad que consume algo de tiempo.

Turismo en Aiguines
D19
Nosotros aparcamos en la D19, la carretera que atraviesa el pueblo. A la que lo hace se convierte en su calle principal, por lo que de un modo o de otro pasaréis por ella. Os recomendamos dejar vuestro vehículo en un punto intermedio entre la zona del castillo y el Musée des Tourneurs sur Bois (del que ahora hablaremos), ya que así estaréis cerca de todo.

Aunque hablamos de una carretera con todas las letras, lo cierto es que la D19 se domestica a su paso por Aiguines. De hecho, es una de sus calles más bonitas y a la vez atraviesa los principales puntos de interés del pueblo.
Memorial de la I Guerra Mundial
Casi sin darnos cuenta, aparcamos a escasos 10 metros del Memorial de la I Guerra Mundial que hay en Aiguines. Es una pena, ya que prácticamente no hemos visto un pueblo en toda Francia que no tenga un monumento como este. En él figuran todos los habitantes del pueblo caídos en este brutal conflicto.

Ayuntamiento y Oficina de Turismo
La cosa se pondrá más alegre cuando lleguéis al Ayuntamiento (Mairie, en francés). Es la típica casa consistorial francesa, en cuya planta baja os espera la Oficina de Turismo de Aiguines. Allí os podrán explicar lo que ver y hacer en la zona, además de daros una guía gratuita con mapas y explicaciones sobre los edificios.

Musée des Tourneurs sur Bois
Justo detrás de ambos edificios, perfectamente señalizado, está el Musée des Tourneurs sur Bois. Es la institución que se dedica a poner en valor el noble arte del torneado y fresado de la madera, que lleva haciéndose en Aiguines desde tiempos inmemoriales. En su colección permanente encontraréis infinidad de piezas, con especial atención a las boules cloutées o bolas tachonadas, una de las especialidades locales. El acceso cuesta 3€ por persona (precio de 2025).

Ateliers de madera
Si vuestros pensamientos están más en el presente que en el pasado, podéis ir a ver los ateliers que los herederos de esa tradición tienen a día de hoy. Hay varios a lo largo y ancho de Aiguines, pero al ladito del museo tenéis un par de lo más interesantes. Mirando a la entrada, seguid a mano izquierda y están en una especie de galería comercial que hay justo debajo. Allí podréis comprar piezas de artesanía directamente a sus productores.


Place de la Mairie y Place de la Fontaine
Pero vamos a meternos ya de lleno en Aiguines, en este caso visitando su zona más emblemática. Nos referimos a la unión de la Place de la Mairie y la Place de la Fontaine, en la cual se conforma un paisaje urbano acogedor y de lo más agradable. Imaginad el cuadro: una bonita fuente, terrazas de restaurantes con productos de la zona, tiendecitas de artesanía en los laterales, en el centro una torre con un reloj, edificios monísimos por todas partes…

Solo por visitar estas dos plazas ya merecería la pena visitar Aiguines. Es una absoluta maravilla, de hecho nosotros nos quedamos a comer allí solo por lo bonita que era. Lo hicimos en Brasserie l’Antidote, por cierto, en donde comimos dos galletes deliciosas. No pudimos evitar cerrar la operación con una crepe de Nutella y coco.
Torre del Reloj
El elemento central de ambas plazas es la Torre del Reloj (en francés Tour de l’Horloge o simplemente Beffroi). Es una enorme torre de base cuadrada, en cuyo punto más alto hay un campanario cilíndrico hecho con hierro forjado. Vimos varios así a lo largo de nuestro viaje por la Provenza, ya que eran una muestra de estatus y prácticamente todos los pueblos querían tener el suyo.

Lavadero
Justo debajo, a mano izquierda de la plaza, hay un pequeño lavadero. Es uno de los más bonitos que hemos visto en el sur de Francia, pues está decorado con unas pinturas estupendas. Merece la pena que vayáis a verlo, de verdad.

Capilla de Notre Dame
Tras pasar un rato muy largo entre las plazas de la Mairie y la Fontaine (incluyendo comida, tal y como os hemos dicho), nos dispusimos a ver el resto del pueblo. Antes de ir hacia la zona más céntrica, nos desviamos hacia la Capilla de Notre Dame, un pequeño templo situado en la zona baja. Ha sido desacralizado y en la actualidad es propiedad privada.

Mirador del puente romano
Caminando por la misma calle, en dirección hacia las afueras, llegamos a una zona conocida como el mirador del puente romano. Se llama así porque desde ahí se podía ver un puente antiguo, obviamente. Sin embargo, no esperéis poder contemplarlo, ya que este fue engullido tras el llenado del Lago de Sainte-Croix. La zona sigue ofreciendo una panorámica estupenda, así que merece la pena ir allí.

Point de Vue (mirador en la curva de la D19)
Y hablando de miradores, en el punto más septentrional de la D19 hay una curva cerrada. Desde allí podréis disfrutar de otro magnífico point de vue, pues al fin y al cabo la ubicación de Aiguines se presta a ello.

Rue de l’Horloge
Vamos ya a meternos en el centro centro de Aiguines. Para ello, lo mejor es encarar la Rue de l’Horloge desde la misma Place de la Fontaine. Es una callecita estupenda, de esas que tienen aroma medieval: estrecha, con empedrado, repleta de tiendas muy chulas y con edificios muy cuquis a los lados. A partir de este punto podéis seguir nuestro itinerario, pero no pasaría si empezáis a caminar sin rumbo. Os aseguramos que en cualquier caso os toparéis con rincones repletos de encanto.

La Placette
Un buen ejemplo de estos rincones es La Placette. Como su propio nombre indica, se trata de una pequeña placita. Eso sí: ¡menuda plaza! Aiguines no dejó de sorprendernos en ningún momento gracias a espacios como este.
Chapelle Saint-Pierre
El recorrido por el corazón de Aiguines debe ser necesariamente de ascenso. Ya sea callejeando a tope o yendo de manera más directa, deberíais hacer lo posible por llegar hasta la coqueta Chapelle Saint-Pierre. Sus orígenes se hunden hasta el siglo XII, aunque el edificio actual es fruto de infinitas reformas. Es de estilo románico y de dimensiones contenidas, aunque pese a su tamaño es una auténtica joya.

Junto a la capilla hay una interesante mesa de orientación. Aprovechando que está en el punto más alto del pueblo, podréis disfrutar de unas vistas alucinantes de todo el entorno.
Place du Barda
A la que volvimos a bajar pasamos por la Place du Barda, que está justo encima de las dos plazas que os hemos enseñado antes (Mairie y Fontaine). La plaza en sí no es que sea una locura, pero al estar encima os dará unas vistas sensacionales de ese punto de Aiguines.


Iglesia de San Juan
Y, antes de iros del pueblo, id a la zona en la que hay una iglesia y un castillo. El templo no es otra cosa que la Église Saint-Jean, construida en el siglo XVII sobre una capilla anterior que se había quedado pequeña. A partir de ese punto se convirtió en la iglesia en la que se daban misas de manera regular en el pueblo, ya que la de Saint-Pierre no resultaba cómoda en el día a día. Al ladito está el cementerio.

Castillo
Por último, junto a la iglesia está el Castillo (Château d’Aiguines). La fortaleza data de la Edad Media, cuando la zona empezó a desarrollarse económicamente bajo la influencia de los templarios. Poco a poco fue restaurado y transformado, hasta que a finales del siglo XX fue comprado y adaptado a los nuevos tiempos. Cuando nosotros fuimos (2025) estaba a la venta en un portal de viviendas de lujo, al módico precio de 12 millones de euros. Poca cosa.
