Qué ver en Aia, la atalaya de Urola Kosta

La diversidad de Urola Kosta queda plasmada a las mil maravillas en Aia (Aya en castellano), un pequeño pueblo de montaña que sirve de privilegiado balcón hacia el tramo más bonito de la costa guipuzcoana. Famoso por integrar en su término municipal a varias maravillas naturales, el propio núcleo urbano es una auténtica pasada. Tiene unas callecitas preciosas, mucho más patrimonio del que cabría esperar y también pone en valor oficios tradicionales como al agricultura o la elaboración de quesos. Seguid leyendo y os mostraremos qué ver y qué hacer en esta joya de Euskadi.

Un pueblo costero en medio de la montaña

Pese a que Aia es un lugar poblado desde antiguo y en el que hay infinitas huellas humanas desde la prehistoria, lo cierto es que la mayor parte del pueblo actual se debe a un momento de esplendor entre los siglos XVI y XVII. En esas dos centurias surgieron iglesias, ermitas y caseríos por todo su entramado urbano, buena parte de los cuales han llegado hasta nuestros días.

Aia forma parte de la subcomarca de Urola Kosta, a la cual se le presuponen los típicos paisajes de sol y playa. Sin embargo, hablamos de un pueblo volcado en la realidad más rural de la zona, pues a pesar de estar a pocos kilómetros del mar se encuentra en las alturas. Para llegar tendréis que conducir por unas sinuosas y empinadas carreteras que os ayudarán a salvar el lógico desnivel.

Una vez allí, hay varias zonas junto al centro en las que os resultará fácil aparcar. Os recomendamos hacerlo en la zona más alta y a partir de ahí ir descendiendo, ya que así podréis hacer un recorrido circular y lógico.

Turismo en Aia

Un casco viejo de altura

Antes de destacar cualquier elemento en particular, lo primero es poner en valor la belleza del conjunto histórico-artístico de Aia. Se trata de uno de esos cascos viejos en los que es un gusto pasear, perderse, encontrarse, disfrutar de sus rincones con encanto y volver a perderse de nuevo.

Habría que distinguir entre dos realidades. Por un lado, Aia está compuesto por empinadas y estrechas calles, en las que una larga sucesión de caseríos compite entre sí por ofrecer el balcón más cuidado y engalanado.

Por otro lado, la ubicación en altura de Aia hace que sea un constante mirador a su entorno, en el cual conviven preciosas montañas con la costa vasca en todo su esplendor. Asomaos siempre que podáis, ya que disfrutaréis de estampas increíbles.

Parroquia de San Esteban

Moverse por Aia puede ser un poco lioso, puesto que sus calles se entrelazan entre sí a lo largo de diferentes cuestas. Por ello, no está de más tener como referencia a la Parroquia de San Esteban, el epicentro de la vida religiosa en el pueblo. Data del siglo XVI, consta de una sola nave y en ella se celebran misas todos los domingos.

Ayuntamiento

En la plaza de al lado de la parroquia está el Ayuntamiento, otro de los puntos calientes del casco histórico de Aia. Podría confundirse con un caserío más, aunque sus balcones y banderas lo delatan.

Ostatu Berri

Hablando de caseríos, uno de los más impresionantes es Ostatu Berri. Data del siglo XVIII, su planta inferior es de sillería y tiene unos largos balcones con entramado de madera. Si os gusta la arquitectura típica rural vasca, sin duda no os podéis perder esta construcción.

Serorategi

Misma cosa se podría decir de Serorategi, también del siglo XVIII. Un siglo después su propietario lo donó a la parroquia (no tenía mucho mérito, ya que era cura), por lo que fue habitado por el sacristán y la sacristana del pueblo durante mucho tiempo. Fue usado por los vecinos en general durante generaciones, ya que en su planta baja se cambiaban de calzado para posteriormente entrar a misa.

Gilisastienea

Gilisastienea es otra de las construcciones con nombre propio de Aia. En este caso data del siglo XVII y su nombre se debe a un ferrón que hizo fama en la comarca. Su balcón corrido de madera, en la segunda planta, es su principal seña de identidad

Ermita de Nuestra Señora de Aitzpea

El otro gran edificio religioso de Aia es la Ermita de Nuestra Señora de Aitzpea, construida en la roca sobre la que se veneraba a la virgen antiguamente. Fue realizada por algunos de los principales maestros artesanos vascos del siglo XVII, por lo que es un edificio muy querido y con muchos detalles de interés.

Garagorrienea

El último gran caserío que os queremos enseñar es Garagorrienea, que ofrece una excelente mezcla entre lo que cabría ofrecer de un caserío rural y de otro integrado en un pequeño casco urbano.

Etxexto

Por último, ya junto a la carretera os espera Etxetxo, uno de los grandes símbolos de Aia. Es una cruz de piedra enmarcada en el Via Crucis de la localidad, protegida por un pequeño tejado de piedra.

Queserías

Aprovechad la visita a Aia para disfrutar de uno de sus productos más emblemáticos: el queso. Tanto en el casco urbano como en las montañas de los alrededores podréis encontrar diferentes queserías tradicionales, en las que aprender un montón de cosas sobre el producto, degustarlo y llevarlo a casa al mejor precio. Nosotros fuimos a Agerre-Beru, al final de la Iturri Kalea, y la experiencia no pudo ser mejor.

Básicamente hay que ir a la quesería, llamar y esperar a que venga el maestro quesero. Os dará a probar diferentes productos para que elijáis cual comprar. Además, allí mismo podréis ver cómo se elaboran y la vidorra que se pegan las cabras y ovejas de su ganadería.

Parque Natural de Pagoeta

Por último, en el término municipal de Aia está el Parque Natural de Pagoeta, uno de los espacios verdes más interesantes de toda Gipuzkoa. Os recomendamos visitarlo con detenimiento, ya que en su interior os esperan muchísimas rutas que os llevarán por parajes de gran belleza.

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