Tras visitar todos y cada uno de los pueblos de la Sierra del Rincón, hoy os traemos un resumen de las experiencias vividas. Este rinconcito de la Sierra Norte de Madrid, situado entre las sierras de Ayllón y Guadarrama, es uno de nuestros favoritos. Desde el año 2005 es Reserva de la Biosfera por la UNESCO, estando protegido prácticamente el 90% de su territorio. Entre pinares, hayedos y robledales surgen seis poblaciones absolutamente mágicas, de esas a las que siempre hay que volver.

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La Hiruela
Empezamos con uno de los grandes musts de las montañas madrileñas: La Hiruela. Bien podría ser la capital espiritual de la Sierra del Rincón: por popularidad, por propuesta arquitectónica y por opciones para hacer senderismo. Su casco urbano es una locura hecha en piedra, de lo mejorcito que se puede ver en la Comunidad de Madrid.

En su momento su posición remota jugó en su contra, ya que era un municipio de difícil acceso y relativamente aislado. Sin embargo, eso hizo que el tiempo se detuviese y que haya llegado a nuestros días en un estado alucinante. Mientras que en otros puntos de la sierra el urbanismo se ha ido de las manos, aquí se ha conservado un conjunto auténtico y no demasiado transformado.


Sus piedras negras os recordarán a los pueblos de arquitectura negra de Guadalajara. No os perdáis ni la Iglesia de San Miguel Arcángel (una maravilla del barroco rural) ni su Museo Etnológico, en el cual podréis aprender muchas cosas sobre la vida en la mal llamada Sierra Pobre. Su mítico peral o su molino harinero os trasladarán a un tiempo en el que el aprovechamiento de los recursos naturales era la clave para sobrevivir.
Horcajuelo de la Sierra
Y de La Hiruela pasamos a Horcajuelo de la Sierra, otro de los pocos ejemplos de la serranía madrileña que no se han visto trufados de innecesarios chalets acosados de segunda residencia. Su casco histórico es una cucada, una vez más gracias a haber pasado desapercibido mientras otros lugares eran arrasados por el urbanismo desarrollista del siglo XX.

La Iglesia de San Nicolás de Bari os recibirá con su marcado estilo barroco, en el cual se integra también una portada mudéjar. También deberíais ver su Museo Etnológico, situado en una casa tradicional que fue restaurada y puesta en valor a finales del siglo XX. Por supuesto, no podéis dejar pasar estructuras tipiquísimas de la Sierra Norte, como su fragua o su potro de herrar. Aunque hay que caminar un poquito para llegar hasta ella, la coqueta Ermita de Nuestra Señora de los Dolores también merece una visitita.

Por cierto, por todo el pueblo hay repartida una ruta que destaca la importancia de los oficios rurales. Siluetas que representan al pastor, al herrero o al aguador: personajes hoy olvidados, pero sin los que hubiese sido posible llegar hasta aquí.
Madarcos
Madarcos es siempre mencionado como el último fichaje entre los pueblos de la Sierra del Rincón. No porque no estuviese allí, sino porque no fue incluido en la Reserva de la Biosfera hasta 2022. A esta inclusión contribuyeron tanto su entorno natural como su magnífico casco histórico, por el cual siempre es un gustazo pasear.

Una vez más hay que mencionar estructuras típicas de las montañas madrileñas, como la fragua, el lavadero o el potro de herrar. Aquí también podréis ver un reloj de vez, utilizado por los habitantes del pueblo para repartirse los turnos de riego. En resumen, elementos comunales que hoy en día son impensables en una sociedad híper capitalista como la que nos ha tocado vivir.

Es imposible no mencionar la Iglesia de Santa Ana o el Ayuntamiento. Sin embargo, si somos 100% sinceros, nuestra recomendación al hablar del pueblo siempre va por otro lado. Y es que allí se encuentra El Ahumadero de Madarcos, uno de nuestros proyectos favoritos de la serranía madrileña. Se trata de un sorprendente ahumadero de pescado, en el cual podréis degustar un producto alucinante y que poco a poco se está haciendo famoso.

Montejo de la Sierra
Hablando de fama, en Montejo de la Sierra encontraréis el hayedo más popular de toda España. Tanto que visitarlo es complicado, ya que hay que reservar entradas en una web arcaica y con un sistema de turnos que ni ellos mismos entienden. Pero esa es otra guerra, así que mejor centrémonos en lo bonito que es su casco urbano y en lo buen representante que es de los pueblos de la Sierra del Rincón.

La magnífica Iglesia de San Pedro in Cathedra, uno de los templos más bonitos de toda la sierra de Madrid, es la punta de lanza de un casco urbano repleto de sorpresas. Las ermitas de la Soledad y de Nazaret, el curioso Callejón Abrazamozas o la majestuosa Fuente de los Tres Caños hablan del patrimonio que atesora esta localidad. Todo ello, como no podía ser de otra manera, junto a elementos tradicionales como el potro de herrar o un horno suspendido en altura.

Por cierto, siempre que hablamos de Montejo de la Sierra recordamos que allí surgieron uno de los bollos más famosos de Madrid: los cojonudos. Son unos hojaldres bañados en miel y limón que poco a poco se han ido extendiendo a otras localidades, pero que son originarios de la mítica Panadería Nani.
Prádena del Rincón
Prádena del Rincón es otro lugar muy popular entre los pueblos de la Sierra del Rincón. Concurrido los fines de semana pero híper tranquilo de lunes a viernes, se trata de un municipio coqueto y cuya visita no lleva demasiado tiempo.

El antiguo Ayuntamiento, hecho con materiales de la zona, es hijo del proyecto para reconstruir España tras los destrozos ocurridos durante el golpe de estado y la posterior guerra civil. Aun así, el pueblo supo conservar una arquitectura tradicional auténtica y que pone en valor la dificultad de la vida en la sierra. Fuertes muros, estrechas calles y ventanas no demasiado grandes hablan de los rigores climáticos en esta zona de la montaña.

La Iglesia de Santo Domingo de Silos os dejará sin palabras, pues no siempre se puede visitar un siglo del siglo XII. En su corazón se ha conservado una necrópolis medieval que es posible contemplar a través de pasarelas. Las chozas, los chocillos, el potro de herrar e incluso el edificio del consultorio médico también merecen una visita.
Puebla de la Sierra
Por último, en Puebla de la Sierra encontraréis la localidad más ecléctica y llena de sorpresas que podáis imaginar. Allí conviven edificios tradicionales (la Parroquia de la Purísima Concepción o el Ayuntamiento, por ejemplo) con cosas que no imaginaríais (como un Museo Japonés, fruto del hermanamiento de la localidad con la mismísima Osaka).

La fragua, el potro de herrar, el lavadero, una fuente de origen árabe, una ermita e incluso dos molinos (con sus correspondientes centros de interpretación) engrosan una lista larga y que requiere bastante tiempo. Contad con no menos de una mañana para recorrer esta localidad, tiempo que se puede alargar hasta un fin de semana completo si pensáis en los alrededores.

Y es que el término municipal de Puebla de la Sierra da para mucho. Sus árboles singulares, sus rutas de senderismo y sus miradores al resto de la Sierra del Rincón hacen que sea uno de sus pueblos más interesantes de ver.