El Pont de l’Artuby (también conocido como Pont de Chaulière) es el único puente en las Gargantas del Verdón que es capaz de rivalizar en fama y fotogenia con el Pont du Galetas. Es famoso por su estructura, que es una locura y se integra en un paisaje tan abrupto como espectacular. Sin embargo, también hablamos de un sitio popular por haberse convertido en un lugar para hacer puenting o bungee jumping.

Un hito de la ingeniería en las Gargantas del Verdón
Para llegar al Pont de l’Artuby simplemente hay que recorrer la cara sur de las Gargantas del Verdón. Yendo por la D71 desde el este (ya sea viniendo de Trigance o de Comps-sur-Artuby) pasaréis de manera obligatoria por él, poquitos kilómetros después de superar el Balcón de la Mescla (otro de los grandes hitos de la ruta).

Hay apeaderos a ambos lados del puente. Nosotros os recomendamos que aparquéis justo al otro lado de donde vengáis, ya que la ruta luego continua y así os quitáis ya de en medio el cruce (a veces hay atascos, ya que hay mucha gente caminando por el puente).
Una vez aparquéis, podréis contemplar este hito de la ingeniería. Fue construido en tiempos difíciles, pues las obras se prolongaron de 1938 a 1940. Sin embargo, no estuvo operativo hasta 1946, ya que en ese momento todos los esfuerzo estaban puestos en la II Guerra Mundial.

El puente mide unos 142 metros de largo, mientras que su arco principal tiene una luz (distancia entre apoyos) de 110 metros). Sobre la altura no hay acuerdo, ya que las cifras varían según la fuente que se consulte. Hay quien habla de 182 metros (lo que le convertiría en uno de los puentes más altos de Europa), pero los mapas topográficos muestran una diferencia de cota de 138 metros.

La construcción requirió mucho ingenio, ya que hablamos de un cañón con unas condiciones complejas. Así, se colocaron unos semimoldes de 60 toneladas de peso a cada lado, luego se colocaron los cables y por último se hizo el arco. No es la forma de construcción habitual, aunque siendo sinceros tampoco sabemos cómo se construye un puente normalmente.
Observación de lejos y de cerca
El caso es que el Pont de l’Artuby, más allá de sus complejidades arquitectónicas, se ha convertido en una visita obligada en dentro del circuito turístico por las Gargantas del Verdón. Su imagen es uno de los grandes iconos de la zona, siendo un recurso turístico por sí mismo. Sin embargo, lo cierto es que tanto desde sus lados como desde sus barandillas se pueden disfrutar de unas vistas alucinantes del cañón. En resumen, resulta obligatorio contemplar el Pont de l’Artuby desde tantos puntos de vista como sea posible.

En su lado oeste hay un pequeño establecimiento, a medio camino entre cafetería y tienda de souvenirs. No es el sitio con mejor pinta del universo y todas las cosas que vende parecen sacadas del turismo del siglo pasado, pero es lo único que hay en la zona y puede sacaros de un apuro.

Más allá de la observación, la principal actividad que se puede hacer en el Pont de l’Artuby es el puenting, puentismo o salto con liana. En resumen, atarse a una cuerda, saltar y confiar en no acabar convertido en carpaccio al estamparse con el suelo por golpe de mala suerte. Lo cierto es que la broma no es barata, ya que hablamos de 140€ por salto (precio de 2025). Había descuentos por grupo, en caso de que seáis un grupo de locos y queráis jugárosla en amor y compañía.

Aunque nosotros no saltaríamos ni locos, tenemos que reconocer que la imagen de alguien tirándose es espectacular. Os recomendamos ir a una de las dos orillas, esperar pacientemente y tendréis ante vuestros ojos un auténtico espectáculo. Eso sí, recalcamos que hay que tener paciencia, ya que en el tiempo en el que estuvimos (aproximadamente una hora) solo se animaron un par de personas.