Los Jardines de la Taconera son los más antiguos de Pamplona. Se trata de un parque enorme (90.000 metros cuadrados) en el que es posible encontrar senderos, fuentes, esculturas, cafés e incluso un mini zoo. Es uno de los espacios de esparcimiento más queridos por los habitantes de la capital de Navarra. Además, gracias a su céntrica ubicación, también se ha convertido en una parada obligatoria dentro del circuito turístico habitual por la ciudad.

Un vergel transformado al gusto francés
Para entender la importancia histórica de los Jardines de la Taconera hay que remontarse hasta el siglo XIII. Existen documentos de la época en los que ese nombre está ya recogido. En origen se hacía referencia a unos amplios terrenos en el suroeste del recinto amurallado, pero en 1678 ese espacio se transformó en parque municipal. El primero de Pamplona, para ser precisos.

El aspecto actual tiene mucho que ver con reformas efectuadas en el siglo XIX. La ciudad crecía y vivía un buen momento económico, por lo que se antojaba necesario crear una zona verde al gusto de su boyante burguesía. Eso explica que se trazase una zona al gusto francés, muy romántica. El objetivo era compartido con espacios similares de otras ciudades europeas: pasear, ver, ser vistos y participar en la vida social.

La zona no dejó de transformarse durante el siglo XX, mediante planes de ampliación y ambiciosas construcciones en el perímetro. Una de ellas es el clásico Hotel Tres Reyes, que desde mediados de siglo ha acogido a buena parte de los visitantes más pudientes de Pamplona.
Un paseo entre monumentos, animales y secuoyas
Los Jardines de la Taconera son una auténtica maravilla desde el punto de vista de la biodiversidad. En ellos encontraréis miles de ejemplares de especies procedentes de todo el mundo, aunque obviamente con gran presencia autóctona. Hay que destacar sus hayas, sus magnolios, sus ginkgos e incluso varias secuoyas. Hablando de especies singulares, el árbol más antiguo del parque es un enorme fresno. También hay un tejo en espiral y una sófora japónica péndula.

Se da la circunstancia de que también hay muchos animales en los Jardines de la Taconera. Y es que hay un auténtico minizoo en su interior, en el cual hay registrados hasta 300 animales distintos: varios ciervos, anátidas, gallináceas y ardillas conviven en armonía en su interior. A ellos hay que sumarles, obviamente, los miles de pájaros que habitualmente se encuentran por allí.

También hay que destacar el enorme patrimonio monumental de los Jardines de la Taconera. Hay varios monumentos que marcan la diferencia, como el que Fructuoso Orduna dedicó a Julián Gayarre en el centro del parque. Sin embargo, no es el único: el monumento a Mari la Blanca, el de Hilarión Eslava, el de Teobaldo I, fuentes, puertas…

Y todo ello, en resumen, crea un parque espectacular. Un lugar por el que da gusto perderse y un refugio en el que escapar del caos que a veces tiene Pamplona. Es una zona verde gigantesca, llena de lugares con encanto y en la que prácticamente cualquier viajero puede encontrar su sitio. Puede que de primeras no sea lo más popular de la capital de Pamplona, pero os aseguramos que la visita a los Jardines de la Taconera siempre merecen la pena.
