Los Jardines de Frederiksberg son el mejor ejemplo de que a veces lo mejor de los palacios está en sus alrededores. Aunque lo más habitual sería hablaros de esta antigua residencia de la familia real danesa, en la actualidad está siendo utilizada como academia militar del ejército de Dinamarca. Sin embargo, sus maravillosos jardines están abiertos al público, constituyendo uno de los espacios verdes más interesantes de los alrededores de Dinamarca.

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64 hectáreas repletas de sorpresas
Así, el extremo oeste de Copenhague atesora estas increíbles 64 hectáreas de zonas verdes. El origen hay que buscarlo entre finales del siglo XVII y comienzos de la siguiente centuria, cuando el rey Federico IV (siendo todavía príncipe) estaba proyectando una residencia de verano para la familia real. Pidió permiso a su padre y transformó por completo la colina Valby, inspirándose en los palacios y jardines que había conocido en Italia y Francia.

Desde el primer momento se quiso crear un amplio espacio verde al gusto europeo, para lo cual contó con el arquitecto y paisajista Johan Cornelius Krieger. Como era un terreno en pendiente, se aterrazó y de paso se pudieron crear distintos espacios. Estos fueron evolucionando según las modas vigentes. Por ejemplo, en la década de 1790 se creó un jardín paisajístico inglés, repleto de prados, pabellones y cenadores.

Teóricamente era un parque abierto al público, pero el acceso no fue libre hasta 1865. Hasta entonces, el personal de seguridad impedía el acceso a marineros, gente con aspecto «pobre» y perros. Por suerte, finalmente los Jardines de Frederiksberg pasaron al pueblo y desde entonces se han convertido en uno de los mejores espacios verdes de Copenhague (pese a estar técnicamente en el pueblo de al lado).

Nosotros dimos un paseo larguísimo por estos jardines y fue una pasada. Más allá de los bonito que es el conjunto, vimos un montón de cosas que nos llamaron la atención: esculturas por todas partes, una isla con una pequeña reserva de aves, una cascada…

A nivel arquitectónico es una maravilla, con edificios como un pabellón chino o el Templo de Apis. Al palacio no se puede entrar, pero de patrimonio van sobrados. También hay unas láminas de agua por las que, en verano, es posible navegar en barquita.

Por cierto, un dato curioso. Desde los Jardines de Frederiksberg es posible contemplar, de manera totalmente gratuita, una panorámica del Zoo de Copenhague. Si tenéis suerte podréis ver elefantes, jirafas y otros animales que nada tienen que ver con la fauna local.

Copenhague es una ciudad muy hygge, pero a veces el exceso de turistas le vuelve un poco agobiante. Por eso, se agradece que exista un espacio abierto y tranquilo como los Jardines de Frederiksberg.
El palacio barroco del ejército danés
Aunque no sea visitable, el Palacio de Frederiksberg es uno de los grandes atractivos de los jardines homónimos. Ya hemos dicho que fueron impulsados por Federico IV, que quería una residencia de verano con sus jardines al gusto europeo. La mayor parte de la obra es del primer cuarto del siglo XVIII, aunque ha sufrido muchas modificaciones. De hecho, en origen era una construcción de una sola planta, pero en una de las reformas posteriores se le dio tres alturas.

Durante más o menos 150 años, este palacio vivió momentos muy felices. Por aquí pasaron ilustres como el zar de Rusia Pedro el Grande, se celebraron bodas reales e incluso fue la residencia oficial de Federico VI durante su época como príncipe. Sin embargo, posteriormente cayó en desuso e incluso coqueteó con la ruina. No fue hasta 1868 cuando fue transferido al Ministerio de Guerra, que un año después lo convirtió en Academia de Oficiales. Desde entonces ha experimentado varias obras de restauración, adecuándolo a los nuevos tiempos y haciendo que esté en un estado de conservación magnífico.
Mucho que ver en los alrededores
La visita a los Jardines de Frederiksberg es completa a más no poder, ya que sus alrededores están repletos de sorpresas. Ya os hemos hablado del zoo, pero es que también habría que mencionar otros atractivos como el Cementerio de Frederiksberg. Está repleto de enterramientos ilustres y es uno de los mejores ejemplos de arte funerario de toda Dinamarca.

También nos gustó mucho Cisternerne, un antiguo depósito de agua que en la actualidad funciona como galería de arte contemporáneo. Es uno de los sitios más impactantes de toda la capital danesa, así que bien haríais en darle una oportunidad.
