Las Cuevas de Hércules, el parque temático de la mitología griega al lado de Tánger

A medio camino entre la geología, la mitología y el turismo de masas, las Cuevas de Hércules son una visita imprescindible si se está de viaje en el norte de Marruecos. En concreto, estas cavidades están a escasos 14 kilómetros de Tánger, por lo que no deberíais perdéroslas si estáis en esa ciudad. En ellas podréis disfrutar de un espacio natural único, vinculado (tal y como su nombre indica) a una de las grandes figuras de la cultura clásica: Hércules. Eso sí, tal y como vais a ver a lo largo del artículo, se trata de una visita con sus luces y sus sombras.

El bed & breakfast de Hércules

Las Cuevas de Hércules son conocidas desde antiguo. Surgieron como fruto de la erosión propia de los vientos y del empuje del mar, aunque se piensa que su característica abertura hacia el agua pudo ser perfilada en época fenicia. Al fin y al cabo, al espacio que da al mar se le conoce como Mapa de África por guardar cierta similitud con la forma del continente.

La leyenda dice que Hércules (o Heracles) durmió en estas cuevas justo antes de llevar a cabo su undécimo trabajo, a través del cual debía robar las manzanas del mítico Jardín de las Hespérides. A su vez, este en teoría estaba en Lixus, una pequeña urbe a unos 3 kilómetros de la actual Larache.

Como no podía ser de otro modo, el hecho de que el héroe clásico por antonomasia pegase una cabezadita aquí se ha rentabilizado por los siglos de los siglos. Y es que las Cuevas de Hércules son un recurso turístico más que tradicional del norte de Marruecos, contando a su alrededor con tiendas, restaurantes y alguna que otra cosa más para sacaros el dinero. ¿Merece la pena ir? En nuestra opinión si, pero en cualquier caso no es una visita 100% mágica. Seguid leyendo y os contamos cómo nos fue a nosotros.

Nuestra experiencia visitando las cuevas

Empecemos por llegar hasta las Cuevas de Hércules, que no fue poca cosa. Desde Tánger no os llevará más de 20 minutos, por una carretera tirando a sencilla. Una vez lleguéis allí, tendréis que aparcar en el arcén de la carretera. No os preocupéis, en seguida saldrá gente dispuesta a ayudaros a cambio de recibir los correspondientes 10 dírhams de propina. Mendicidad activa en toda regla, pero merece la pena pagar a cambio de saber que no os harán nada en el vehículo.

Una vez lleguéis al sitio, lo primero que os encontraréis ante vosotros es un enorme espacio abierto. Es conocido como Plaza de Animación (Place d’Animation) y se trata de una especie de distribuidor, a cuyo alrededor veréis restaurantes, tiendas de souvenirs, gente vendiendo cosas en improvisados tenderetes (o directamente haciendo venta ambulante) y unos aseos). Todo tiene el típico tufillo de turismo antiguo que tanta nostalgia despierta, pero que a la vez resulta cargante en dosis altas.

Si vais hacia el fondo de la plaza, veréis una suerte de mirador panorámico hacia el Océano Atlántico. Podéis contemplar las aguas desde allí o incluso adentraros entre las rocas. Os recomendamos esta última opción, aunque con mucho cuidado de no resbalaros.

Sea como fuere, las grandes protagonistas del lugar son las propias Cuevas de Hércules. Bajando por una cuestecita llegaréis a una taquilla mal organizada, en la que siempre os tocará esperar incluso aunque no tengáis a nadie delante. El coste por persona es de 60 dírhams y no se puede pagar con tarjeta.

Una vez dentro, la visita básicamente se distribuye en dos. Por un lado, el grueso del público se arremolina entorno a la salida que hay hacia el mar (la que hemos mencionado antes por tener la forma del continente africano). Es la foto más típica y probablemente os tocará esperar un poco hasta poder estar frente a ella sin un montón de cabezas delante.

Por otro lado, la cueva se mete un poco hacia el interior, dibujando las típicas formas que tanto gustan del subsuelo. No es un espacio agobiante, pero desde ya os decimos que está tirando a masificado. Además, todo el rato se os acercarán guías (oficiales y no tanto) ofreciendo sus servicios a cambio de contaros que Hércules echó un rato por allí.

Por cierto, justo al lado de la taquilla de la cueva está la Grotte des Arts, una mezcla entre tienda de souvenirs y espacio para echar cuatro fotos. Os cobrarán 5 dírhams solo por asomaros.

Si habéis llegado hasta aquí, habréis entendido que nuestro tono no es el más entusiasmado del mundo. No nos malinterpretéis: la visita merece la pena con creces. Sin embargo, todo tiene un toque un poco rancio y el lugar podría tener muchas más posibilidades si se le diese un poco de mimo, por lo que nos fuimos con una sensación agridulce.

Por suerte, pensad que a cinco kilómetros os espera el faro del Cabo Espartel. Bien haríais en hacer la visita antes o después de las Cuevas de Hércules, ya que el sitio es una auténtica pasada.

Información práctica

Cómo llegar

Las Cuevas de Hércules están a 14 kilómetros de Tánger. Llegar no tiene complicación, pues podréis ir en taxi, en bus turístico o en vuestro coche. Ojito con esta última opción, que aparcar no es del todo agradable: tendréis que dejar el vehículo en el arcén y darle 10 dírhams a un gorrilla a cambio de que os «ayude» a aparcar.

Horarios

El entorno en el que están las cuevas es abierto, por lo que podéis ir a cualquier hora del día. Las cuevas como tal abren todo el día, de 8:00 a 22:00.

Tarifas

La entrada a la cueva vale 60 dírhams por persona. Es importante que sepáis que no se puede pagar ni con tarjeta ni en euros, así que deberéis llevar moneda marroquí en efectivo.

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