La Ruta del Silencio es una carretera panorámica que transita entre las comarcas del Maestrazgo y Andorra-Sierra de Arcos. Corresponde con la A-1702, un itinerario que pone a disposición del viajero pueblos llenos de encanto, paisajes excepcionales, rutas de senderismo alucinante y una gastronomía de primer nivel. Todo ello cumpliendo con el prometido silencio, ya que hablamos de una de las zonas con menos densidad de población de España. Destino tradicional para moteros y campers, en esta larga guía de viajes os contamos todo lo que ver y hacer allí. Bienvenidos a The Silent Route, el mejor ejemplo de que la España interior tiene todavía muchísimas cosas que decir.

Tabla de contenidos
Introducción: 63 kilómetros inolvidables
Perteneciente al programa Slow Driving Aragón, que pone en valor los caminos como destinos en sí mismo, la Ruta del Silencio es una propuesta turística de extrema calidad. Tiene las típicas incomodidades de ir por la España vaciada (falta de cobertura, no demasiadas opciones para comer, conviene echar gasolina antes de empezar), pero a la vez todas sus virtudes.

La A-1702 es una carretera que transcurre por tierras poco conocidas para el gran público. Pueblos en los que no hay ni un alma, pequeños arroyos repletos de misterio, montañas que parecen inaccesibles, palacios, antiguas fábricas que hoy están en ruinas… ¿No os suena bien todo esto? A nosotros nos llamó mucho la atención, por eso nos pasamos por allí.

Y, después de haber hecho la Ruta del Silencio con todo lujo de detalles, tenemos que decir que las expectativas fueron más que superadas. Fue una experiencia viajera inolvidable, de esas que dejan poso en la memoria. Hicimos todo aquello que nos gusta (pueblear, rutitas por la naturaleza, comimos como animales), sin ninguna masificación y con la sensación de estar «descubriendo» algo nuevo. Porque sí, ese es otro de los atractivos de esta ruta: no está nada trillada y todavía conserva capacidad de sorprender.

Tomad buena nota, porque sus 63 kilómetros merecen la pena de principio a fin.
Organización del recorrido
La A-1702, de arriba a abajo
El escenario principal de la Ruta del Silencio es la carretera autonómica A-1702. 63 kilómetros que van de norte a sur, uniendo la N-211 con la A-226. A nivel turístico se suele recorrer en ese sentido, yendo de pueblo en pueblo y prestando atención a prácticamente cualquier desvío.

En la actualidad se encuentra en un estado de conservación estupendo. Los vecinos de la zona reivindicaron que se invirtiese en ella durante muchos años, hasta que finalmente lo consiguieron. Aprovechando la jugada, se creó el proyecto turístico de la Ruta del Silencio (The Silent Route, si os queréis poner finolis), dándole un dinamismo a la carretera que poco a poco va ganando fama.
Organización del recorrido
Se requieren tres días completos para disfrutar sin prisas de la Ruta del Silencio y poder ver sus principales atractivos turísticos. Con esas 72 horas, podréis disfrutar de sus siete pueblos y de sus principales rutas de senderismo. Eso sí, la riqueza de la zona es tremenda. Bien se podría estar allí una semana y todavía quedarían cosas por ver.

En cualquier caso, no hablamos de un sitio para ir con prisas. Esto no es una gran ciudad, así que nuestra recomendación es que no apretéis demasiado la agenda. Marcad a fuego los puntos clave y el resto os irá sorprendiendo sobre la marcha. Aparte de pueblos y rutas, hay mil pequeñas paradas que os llamarán la atención en base a vuestros gustos.

Por ejemplo, nosotros fuimos parando en un montón de miradores y ruinas arqueológicas, ya que nos interesan tanto la naturaleza como la historia. Sin embargo, otro tipo de viajeros seguro que le da más atención a los restaurantes o a los museos, por decir algo.
Un destino perfecto para furgos y motos
Lo que sí queremos destacar, antes de meternos de lleno en harina, es que la Ruta del Silencio es un destino perfecto para ir en furgoneta. Moveros en camper os ayudará a solventar algunas de las dificultades propias de la zona, como que no siempre es fácil encontrar un sitio para comer o que los alojamientos no son especialmente abundantes. Eso sí, esto es complementario y no excluyente. Nosotros aprovechamos la rutita para comprar productos locales y comimos en varios de sus restaurantes, poniendo nuestro granito de arena en la economía de la zona.

Misma cosa se podría decir si estáis buscando una buena ruta para hacer en moto. Este es un destino clasiquísimo, conocido desde hace muchos años. De hecho, por doquier veréis referencias a este tipo de turismo: restaurantes temáticos, monumentos, puntos en los que pegar pegatinas… Cada curva os hará sentir como en casa.

Qué ver en la Ruta del Silencio
Vamos ahora a hacer un repaso de todo lo que hay que ver en la Ruta del Silencio. Os vamos a enseñar todas las paradas que hicimos, yendo siempre de norte a sur.
Gargallo, la puerta de entrada
En el trayecto típico de norte a sur, la puerta de entrada al recorrido suele ser Gargallo. Es cierto que este pueblo no se encuentra exactamente en la A-1702, sino en su vecina del norte N-211. Sin embargo, su cercanía y su belleza hacen que sea la mejor manera de ir abriendo boca.

En Gargallo encontraréis el placer de pueblear elevado a su máxima expresión. Es un municipio súper coqueto, con varias cosas interesantes que ver (como su Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad) y con un entorno natural alucinante. Lo dicho: no se nos ocurre mejor manera de hincarle el diente a la Ruta del Silencio que recorriendo sus calles.
Hotel Venta la Pintada, punto de encuentro
Justo en el cruce entre la N-211 y la A-1702 se encuentra el Hotel Venta la Pintada, el punto de encuentro clásico para aquellas personas que quieren hacer la ruta en compañía. Prácticamente a cualquier hora del día veréis a grupos de moteros configurándose, antes de emprender su recorrido por los magníficos 63 kilómetros de esta carretera panorámica.

Cartel de Inicio
Eso sí, el primer tramo no dura mucho. Todo aquel que entra en la Ruta de Silencio siente la imperiosa necesidad de parar a los 20 o 30 metros. Y es que allí se encuentra, a mano derecha el cartel de inicio del recorrido. ¿Cómo no hacer ahí una pequeña pausa para hacer la foto de rigor?

Aeródromo del Campillo
La primera parada como tal, ya dentro de la ruta, la hicimos en el antiguo Aeródromo del Castillo. Fue un improvisado punto de despegue y aterrizaje que construyó el gobierno de España al inicio de la Guerra Civil, cuando necesitaba una zona que sirviese de apoyo para la defensa de Teruel. Tristemente, en marzo de 1938 fue ocupado por los golpistas tras duros combates. Hasta nuestros días ha llegado únicamente el centro de mando. En la fachada del edificio todavía se pueden ver las huellas de los impactos de proyectiles antitanques.

Eso sí, si miráis con ojos curiosos, podréis ver que todavía es posible intuir la pista de aterrizaje. Y es que justo delante del edificio hay una explanada en la que no hay ni un árbol, por lo que seguro que fue el espacio escogido para las operaciones aéreas. Allí mismo hay un panel informativo en el que podréis saberlo todo sobre este vestigio de la Guerra Civil.
Mirador del Campillo
Aprovechad que estáis ahí para poner en el GPS el Mirador del Campillo. No se tarda mucho en llegar hasta él y disfrutaréis de una vista panorámica increíble. Tendréis a tiro de piedra el río Escuriza, varios molinos harineros, el ferrocarril Alcañiz-Teruel y restos de antiguas explotaciones mineras. Por supuesto, todo ello rodeado de extensos bosques de pino rodeno (también llamado pino resinero). Estos pinares son muy característicos de esta zona de España.

Ejulve
El primer pueblo situado específicamente a lo largo de la A-1702 es Ejulve. Os dará la bienvenida el guante motero gigante que habéis visto un poco más arriba. Además, en el pueblo encontraréis la estupenda Iglesia de Santa María la Mayor, el Paseo de San Pedro (con su correspondiente mirador) y un par de ermitas.

¡Ah! Y resulta que Ejulve también aglutina la mayor parte de los servicios de la Ruta del Silencio. En sus calle podéis encontrar más tiendas y restaurantes que en ningún otro municipio de la carretera. Tenedlo en cuenta y aprovisionaos como corresponde.
Calega del Huergo
No nos movimos mucho para la siguiente parada, pues en el mismo término municipal de Ejulve está la Calega del Huergo. Fue la primera de las tres grandes rutas de senderismo que hicimos en este viaje. En este caso, hablamos de un itinerario que lleva hasta un estrecho congosto a través de bosques y pozas. Muy sencillito todo, pero a la vez una buena manera de hacer una toma de contacto con el medio natural de la comarca.

El tramo final de la ruta es una delicia. De repente os veréis caminando entre pasarelas de madera por lo alto de un desfiladero repleto de agua. Una maravilla que si estuviese en otro país sería mundialmente conocida, pero aquí nos cuesta sacarle partido a lo nuestro.
Cueva del Recuenco
Resulta que la Ruta del Silencio también es muy buen destino para los amantes de la espeleología. En ella se encuentra la Cueva del Recuenco, una cavidad kárstica de unos 150 metros de profundidad. Se puede subir a ella haciendo una rutita de unos 500 metros, tras pasar por un camino de tierra que será infernal para vuestro vehículo. Eso sí, la cueva solo es visitable mediante excursión con guía privado. La actividad cuesta unos 50€ por persona y hay que hacer reserva previa.

Monumento de la Ruta del Silencio (y mirador)
Seguimos avanzando por la A-1702. A la altura del Puerto de Los Degollaos, a 1265 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el Monumento de la Ruta del Silencio. Probablemente es el punto más fotografiado de todo el itinerario, ya que allí está su popular logotipo con una cabra sobre fondo amarillo. Veréis a gente haciéndose fotos a cualquier hora del día.

Junto al monumento también hay un bonito mirador hacia la zona meridional de la ruta. Merece la pena asomarse, pues las vistas son fantásticas.
Masías de Ejulve
La zona que protagoniza este post no podría entenderse sin las Masías de Ejulve: viviendas solitarias y autosuficientes que evocan a un modo de vida que hoy prácticamente ha desaparecido. Podéis ver la mayoría entre la localidad que les da nombre y la siguiente. Hay varias masadas que se pueden visitar: El Pecino, Los Barrancos, El Sartenero…
Montoro de Mezquita
Vamos con el tercer pueblo que visitamos: Montoro de Mezquita. Es, sin lugar a dudas, el más chiquitito y tranquilo de todos. En sus escasas calles el silencio es ley, ya que muy rara vez os toparéis con vecinos. A la vez, es buen ejemplo de que las mejores esencias se guardan en tarros pequeños. La iglesia, el horno o el lavadero dan buena cuenta del modo de vida humilde (y a la vez auténtico) que se ha realizado aquí desde que el mundo es mundo.

Estrechos de Valloré
Montoro de Mezquita también sirve como punto de partida para la segunda gran ruta del viaje: los Estrechos de Valloré. En realidad, se trata de un recorrido que tiene dos alternativas claramente diferenciadas:
- PR-TE 10: Estrechos de Valloré / Pasarelas: la opción sencillita. Va desde el pueblo hasta una magnífica red de pasarelas, en la cual podréis disfrutar de los espacios más fotogénicos de toda la Ruta del Silencio.
- PR-TE 81: Vuelta al Mirador de Valloré: empieza con cuatro kilómetros de subida y bajada hasta uno de los miradores más impresionantes que se pueden imaginar. Enlaza con la ruta anterior, ofreciendo lo mejor de ambas.
¿Qué podemos decir? Una de las rutas que hemos hecho en España que más nos han impresionado hasta la fecha. Solo por este recorrido ya merecería la pena el viaje.

Órganos de Montoro
Otro paisaje icónico del recorrido lo dan los Órganos de Montoro. Pensad en unas dramáticas paredes de piedra, absolutamente escarpadas y con más de muralla que de montaña. Estas puntiagudas crestas han sido esculpidas por la erosión del agua durante miles de año, creando unas siluetas que recuerdan en parte a los tubos de un órgano. ¡De ahí viene el nombre! Podéis acercaros a través de rutas de senderismo o parando en los muchos miradores que hay en la carretera. En el mapa de más abajo os hemos dejado señalado su punto más emblemático.

Antiguas fábricas fluviales (siglo XVII)
Tomamos ahora un pequeño desvío para ir a visitar unas antiguas fábricas fluviales. Fueron inauguradas en el año 1789 y utilizaban la fuerza de las aguas del río Guadalope para fabricar un material muy demandado en la época: el papel. Fue la primera fábrica de papel continuo aragonesa, así como una de las primeras (por no decir la primera) del país. Eso sí, en un momento dado cambió de manos y los nuevos propietarios decidieron reconvertir el proyecto en una fábrica textil. Para visitar el edificio original, tenéis que tomar un desvío de una carretera que no viene en Google Maps, aparcar a ojo e ir campo a través.

Antiguas viviendas de la fábrica de papel moneda (Hostal La Trucha)
Muy cerquita de allí, aunque de nuevo a los pies de la A-1702, están las antiguas viviendas de la fábrica de papel moneda. Fueron compradas en 1972 por Miguel Gargallo (originario del pueblo que lleva en el apellido) para abrir el primer establecimiento de su cadena hotelera. Hoy en día sigue en funcionamiento, siendo toda una institución en la provincia. Ofrece hasta sesenta y ocho habitaciones, siendo el alojamiento más grande de la ruta.

Pitarque
Seguimos con Pitarque, un pueblo tranquilísimo pero que a la vez está lleno de posibilidades. Increíbles los túneles de acceso a la localidad, excavados en las montañas con mimo y que hoy en día dejan uno de los rincones más fotogénicos de todo el recorrido.

En el pueblo podéis ver la Iglesia de Santa María la Mayor, una casa consistorial estupenda, varias casonas tradicionales y una magnífica ermita.
Nacimiento del Río Pitarque
Además, la visita a Pitarque también ha de ser aprovechada para hacer la Ruta al Nacimiento del Río Pitarque. Es un recorrido lineal y sencillo, que a la voz ofrece estampas únicas. Por el camino disfrutaréis de tramos del río con aguas turquesas, pequeños saltos de agua, bosques repletos de castañas, puentes de madera e incluso pequeñas cuevas.

Una vez lleguéis a la zona del nacimiento, simplemente os quedaréis sin palabras. Fue la tercera y última senda que hicimos en la Ruta del Silencio, por lo que ya veníamos bastante sorprendidos. Sin embargo, lo que encontramos aquí nos pareció alucinante a más no poder. ¿Cómo puede ser que un sitio tan increíble sea a la vez tan poco conocido?
Villarluengo
Continuamos avanzando, en este caso para ir a otro pueblo que nos sorprendió gratamente. En Villarluengo flipamos con su magnífica Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con su Trinquete (una especie de frontón de estilo francés), con su lavadero, con su cruz de término, con su recinto amurallado…

Además, pensad que Villarluengo se asienta sobre lo alto de un risco. Eso hace que tenga una ubicación privilegiada para contemplar su entorno, de lo cual dan cuenta panorámicas como la del Balcón de los Forasteros o la del Mirador de Peña Capitán.
Ermita de la Magdalena
Un edificio que nos llamó mucho la atención en la ruta fue la Ermita de la Magdalena, situada en las afueras de Cañada. Es el típico templo en medio del campo, de planta rectangular y una sola nave. ¿Dónde está entonces lo peculiar? En que, tras perder el uso litúrgico, ha pasado a ser utilizado… ¡como corral! De hecho, si vais a verlo os lo encontraréis abierto y veréis que el suelo está cubierto de paja.

Cañada de Benatanduz
La ermita pertenece al término municipal de Cañada de Benatanduz, un pueblo con una disposición rarísima. Junto a la A-1702 encontraréis su Ayuntamiento, un lavadero y un horno. Sin embargo, si os adentráis bien en sus calles, llegaréis hasta una plaza de origen medieval en la que el tiempo parece haberse detenido. Allí no hay asfalto, sino arena. Todavía siguen en pie una iglesia y un hospital de pobres, además de las ruinas de un viejo castillo.

El Caimán
Ya estamos llegando al final, pero en este último tramo encontramos una de las paradas que más nos gustaron. Nos referimos al homenaje a El Caimán, el coche de línea que empezó a recorrer la zona a comienzos del siglo XX. En su momento utilizaba un pintoresco mini-bus que hoy en día ha sido puesto en valor, a través de un monumento en el que podéis tomaros una foto estupenda.

Hay muchos sucesos relacionados con este coche-correo: desde cuando se despeñó en 1930 (con dos heridos y ningún fallecido) hasta un asalto en 1948 (cuando la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón acabó a tiros con una pareja de guardias civiles). Hoy en día la línea sigue operando, con una salida a las 6:30 en una dirección y otra de vuelta a las 14:00. Se le sigue llamando El Caimán en memoria de aquel viejo autobús, cuya bonita historia la podéis conocer en profundidad gracias a un enorme panel informativo.
Final de la ruta
El hecho de que la mayor parte de los viajeros hagamos la ruta de norte a sur se traduce en que en el extremo meridional espera el cartel con el final de la ruta. Tal y como hicimos en el inicio, no pudimos evitar pararnos justo al lado y tomar una fotografía para conmemorar que habíamos exprimido los 63 kilómetros de la ruta.

Cantavieja, el epílogo perfecto
Al igual que Gargallo servía como puerta de entrada, Cantavieja es la mejor puerta de salida para la Ruta del Silencio. La capital del Maestrazgo está a escasos minutos del extremo sur del recorrido, por lo que sería un crimen no pasarse por allí. Es un pueblo en el que la Edad Media se eleva a su máxima expresión, con calles llenas de patrimonio y un conjunto que brilla por encima de las individualidades.

Como plaza muy involucrada en las guerras carlistas, tenéis allí un museo que recuerda tales sucesos. También merecen la pena su magnífica Plaza Porticada (con el Ayuntamiento y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción brillando con luz propia), su antiguo Castillo o la Iglesia de San Miguel.
Distribución por días
Como veis, la Ruta del Silencio tiene muchísimo que ofrecer. Por si os sirve de algo, así fue como distribuimos nosotros los tres días que pasamos allí:
- Día 0: hay que decir que hicimos el viaje en furgoneta, lo cual tiene algunas ventajas. En este caso, salimos del trabajo un jueves a las 19:00 y nos desplazamos a la zona para poder aprovechar bien el día siguiente. Llegamos a los alrededores de Gargallo a eso de las 23:00, justo para cenar algo ligero e irnos a dormir.
- Día 1: Gargallo – Hotel Venta la Pintada – Cartel de Inicio – Aeródromo del Campillo – Mirador del Campillo – Ejulve – Calega del Huergo – Cueva del Recuenco – Monumento de la Ruta del Silencio – Masía de Ejulve – Montoro de Mezquita.
- Día 2: Estrechos de Valloré – Órganos de Montoro – Antiguas fábricas fluviales – Hostal La Trucha – Pitarque – Nacimiento del río Pitarque. Honestamente, podríamos haber visto más cosas, pero decidimos pasar la tarde en la furgoneta viendo pelis y jugando a juegos de mesa.
- Día 3: Villarluengo – Ermita de la Magdalena – Cañada de Benatanduz – El Caimán – Cartel de final de ruta – Cantavieja. Más o menos a media tarde habíamos terminado, así que pusimos rumbo a casa y llegamos para cenar.
Así es tal cual lo hicimos. Obviamente depende mucho de vuestro ritmo, de vuestro grupo (no es lo mismo ir en pareja que con amigos o con niños pequeños) y de la forma de viajar (nosotros íbamos en camper y teníamos mucha libertad para elegir el sitio en el que dormir).

Consejos para disfrutar a tope de la Ruta del Silencio
¿Sabíais que la Ruta del Silencio tiene su propia lista de consejos oficiales para disfrutar del recorrido? Básicamente son siete indicaciones que harán mucho más fácil vuestro viaje:
- Preparar la experiencia: para eso estáis leyendo este post. Por supuesto, en la web oficial de la ruta y de los pertinentes organismos de turismo encontraréis un montón de información valiosa.
- Reservar para comer: hay pocos restaurantes, así que los fines de semana se suelen llenar. Merece la pena que hagáis unas llamadas antes de ir.
- Disfrutar de productos kilómetro 0: queserías, fábricas de embutidos, factorías de mermeladas… Hay muchos proyectos así que os esperan con los brazos abiertos. No hay mejor manera de conocer un lugar que disfrutando de su gastronomía.
- Llevar dinero en efectivo: la ausencia de cobertura hace que en muchos establecimientos no se pueda pagar por tarjeta. Además, no veréis prácticamente ningún cajero, por lo que es mejor llevar billetitos de casa.
- Llenar el depósito: aunque la ruta no es muy larga (63 kilómetros), no hay gasolineras en su interior. Las opciones más cercanas para repostar están en Montalbán y Alcorisa (al norte), en Aliaga (al oeste) y en Cantavieja (al sur).
- Cobertura de móvil e internet: inexistente en buena parte del trayecto. Guardad mapas e información útil en el móvil antes de salir.
- Asistencia médica: aunque hay servicios de urgencias 24 horas en Villarluengo y en Gargallo, no esperéis un ambulatorio en cada pueblo. Ojito con esto.

Una propuesta sólida, aunque no exenta de problemas
La Ruta del Silencio como tal es una iniciativa turística relativamente reciente, puesta en marcha por los organismos turísticos de la Comarca del Maestrazgo y la Comarca de Andorra-Sierra de Arcos tras la restauración de la carretera. Es una propuesta moderna, de esas que lamentablemente escasean en España. No os perdáis su excelente página web (thesilenroute.com), en la cual se desarrolla una línea gráfica que estará presente en todo el recorrido. Su logotipo, sus folletos y la idea en general son una maravilla.

La Ruta del Silencio / The Silent Route es un ejemplo magnífico de cómo poner en valor una zona y utilizar el turismo para dinamizarla económicamente. Es cierto que ya había mucha tradición entre moteros, que finde tras finde se echaban al asfalto para recorrer sus míticos 63 kilómetros. Sin embargo, con este proyecto se ha abierto al gran público y poco a poco está cogiendo fama.

Eso sí, aunque la base es muy buena (los pueblos y el entorno) y el proyecto interesante, hay una serie de carencias que tampoco hay que olvidar. Viajar por la España vaciada tiene sus dificultades, como la escasez de servicios o la ausencia de cobertura. No siempre es fácil moverse por una zona en la que cuesta encontrar un sitio para comer, por poner un ejemplo de lo más gráfico.
En cualquier caso, la Ruta del Silencio es un destino fiable y que siempre ofrece una buena experiencia al viajero.
Alojamiento: hoteles y áreas camper
Si estáis viajando en moto o en coche, os interesará hacer la reserva de vuestro alojamiento con antelación. La oferta hotelera de la Ruta del Silencio es excelente en cuanto a calidad, pero discreta en lo que a calidad se refiere. Apenas hay unos poquitos alojamientos a lo largo de todo el recorrido. El Hotel Venta La Pintada al inicio, el Hotel La Trucha a medio camino, la Fonda Josefina de Villarluengo y un par de opciones en Cantavieja es todo lo que hay. Por suerte, poco a poco el sitio va cogiendo fama y estamos seguros de que esto se resolverá a no mucho tardar.

Por otro lado, encontraréis cero problemas si estáis viajando en camper. Si miráis en Park4night, veréis que hay muchos sitios para poder pasar la noche a lo largo del trayecto. En general todas las localidades son súper amigables para los que viajamos en furgoneta, algo que no siempre es común. Nosotros dormimos una noche en el aparcamiento que hay al lado de Montoro de Mezquita y otra en el de Pitarque, lo cual nos permitió hacer las rutas que hay en ambos municipios a horas de lo más conveniente.
Gastronomía: dónde comer en la Ruta del Silencio
La Ruta del Silencio está en la provincia de Teruel, por lo que comer bien está más que asegurado. Eso sí, una vez más insistimos en que los bares y restaurantes tienen dos problemas: no hay muchos y los horarios de apertura pueden ser algo más restringidos que en otros destinos. Veréis sitios muy míticos, como el Bar La Carretera (100% para moteros) o los multiservicios rurales que hay tanto en Pitarque como en Cañada de Benatanduz. En todos ellos comeréis de maravilla, podréis disfrutar de productos kilómetro cero y además pagaréis precios más que razonables.

Lo hemos mencionado antes en los consejos, pero insistimos: salvo que vayáis muy temprano o muy tarde, conviene reservar. Muchos de estos establecimientos son chiquititos y abren solo los fines de semana, por lo que la improvisación se puede traducir en que no haya sitio para vosotros.
Compras y souvenirs
El shopping está muy unido a la gastronomía de la Ruta del Silencio, ya que las mejores compras que podéis hacer allí están relacionados con los productos comestibles que se elaboran en la zona. Allí os esperan proyectos emblemátic cuentran fácil. También podéis pasaros por Alimentación Tere, donde hay un poquito de todo.


Aparte de cosas para comer, recordad que la Ruta del Silencio sigue una línea gráfica muy chula. En la tienda de regalos de Cantavieja vimos imanes, sudaderas y camisetas con la mítica cabra sobre fondo amarillo. Por supuesto, nuestra nevera ya ha sido decorada como corresponde.
Mapa turístico de la Ruta del Silencio
Os dejamos aquí un mapa turístico de la Ruta del Silencio. Hemos marcado en azul los pueblos, en verde las grandes rutas de senderismo y en amarilla pequeñas paradas que se hacen en cuestión de minutos.
Conclusión: un destino con un equilibrio exquisito
Las expectativas eran altas antes de ir a la Ruta del Silencio, pero la conclusión tras vivir esta experiencia es que fueron superadas con creces. Es cierto que todo en esta vida es subjetivo y que nosotros encontramos en este destino todo aquello que nos gusta. Nos resulta imposible resistirnos a pueblos con encanto, a una naturaleza tan alucinante como la que os hemos enseñado o a productos gastronómicos de semejante calidad. Si lo vuestro son las grandes capitales europeas quizá aquí no os sintáis tan bien como nosotros, porque alguna incomodidad hay cuando se viaje por el campo, pero bien haríais en darle una oportunidad.


La Ruta del Silencio ha sido una de las grandes sorpresas que nos hemos llevado últimamente viajando por el interior de España. Es un sitio equilibrado, en el que hay un poquito de todo y en el que hasta la última pieza parece encajar con facilidad. Nosotros hemos convertido esta guía de viaje en una carta de amor a sus 63 kilómetros, porque esa es la pura realidad. Hemos quedado enamorados y volveremos a este sitio muchas más veces a lo largo de nuestra vida.