La Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria es uno de los itinerarios culturales que más nos han impresionado en los últimos tiempos. A lo largo de algo menos de 50 kilómetros, el recorrido plantea la visita a cinco localidades en las que ya no hay gente viviendo. Las duras condiciones de las Tierras Altas de Soria, unidas al éxodo rural, hicieron que el silencio tomase las calles de estos pueblecitos repletos de encanto.

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Del abandono al interés turístico
Pueblos fantasmas, pueblos deshabitados, pueblos abandonados. Se puede utilizar el término que se quiera, pero en todos los casos hablamos de lo mismo: localidades que estaban llenas de vida y que poco a poco se fueron apagando. Es un fenómeno que se repite por toda la España interior, aunque tiene especial incidencia en sitios como las Tierras Altas de Soria. Las difíciles condiciones climatológicas, el aislamiento y la consiguiente falta de servicios supusieron la tormenta perfecta para que el olvido ganase la partida.

La mayor parte de estos pueblos se abandonaron en la segunda mitad del siglo XX. La falta de oportunidades, unida a las cuestionables repoblaciones forestales de la dictadura franquista, hicieron que estas pequeñas urbes perdieran su razón de ser. Durante décadas, la vegetación y los animales han recuperado terreno a un ritmo vertiginoso, haciendo que la desaparición esté asegurada. ¿O no?


Bueno, pues por suerte no del todo. Proyectos como la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria ponen en valor la herencia patrimonial y cultural de estas pequeñas localidades, haciendo que vuelvan a florecer gracias al turismo. Cada vez somos más las personas que queremos visitar espacios de este tipo, pues son espacios para la reflexión y el recogimiento. Tal y como se indica en el folleto de este itinerario, hay que hacer las visitas con respeto, en homenaje a los antiguos moradores que alguna vez dieron vida a estos lugares.

La Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria se puede hacer en un solo día del tirón, aunque anunciamos que es bastante paliza. Nosotros aprovechamos para combinarla con otro recorrido (la Ruta de las Icnitas de Soria) y así pasamos un finde completo entre pueblos abandonados y huellas de dinosaurio. No se puede pedir más.

Eso sí, vaya por delante que no es una propuesta para todos los públicos. Si buscáis emociones fuertes, turismo activo o una escapada urbana, claramente os recomendamos buscar otras opciones. Por el contrario, si os gustan los pueblecitos, la naturaleza o simplemente tenéis respeto por las tradiciones, estáis ante una auténtica joya.
Paradas de los Pueblos Deshabitados de Soria
Torretarrancho
La primera parada de la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria fue en Torretarrancho. Es quizá el pueblo que menos llama la atención de los cinco componentes del itinerario, pero aún así es una magnífica toma de contacto. Está perfectamente integrado en su entorno, el paso entre los valles de San Pedro Manrique y Fuentes de Magaña.

En la visita podréis ver unas cuantas casas, las calles principales y también el mirador estelar que han instalado a la entrada. No es fácil de llegar y la visita es breve, pero insistimos en que nos gustó verlo.
El Vallejo
De ahí pasamos a El Vallejo, probablemente la parada que más nos gustó de toda la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria. Se vació por completo en los años 60 del siglo XX, por lo que incluso llegó a tener electricidad. Sin embargo, no pudo sobrevivir al éxodo rural y acabó cediendo el testigo a la naturaleza.

El Vallejo se encuentra en un perfecto estado de revista gracias a David y Paki, dos personas que han desbrozado sus calles y puesto en valor algunos de sus edificios. Es posible transitar por sus principales arterias, entrar a casas, visitar la iglesia, ver el lavadero e incluso asomarse a un mirador. 100% recomendable.
Aldealcardo
La tercera parada de la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria es Aldealcardo, otra auténtica joya. Es el pueblo de mayor tamaño (o al menos eso nos pareció, ya que estuvimos un rato largo en él). Pudimos visitar muchas de sus calles, la antigua Plaza Mayor, entrar a algunas viviendas… Todo ello en un paisaje rural post-apocalíptico bastante inquietante.

Lo que más nos impresionó fue poder entrar en la antigua Iglesia de San Clemente. Todavía tiene su estructura en pie, aunque el campanario se ha empezado a agrietar y algunas partes del techo se han venido abajo. Lamentablemente, su interior ha sido vandalizado y tiene algunas pinturas urbanas.
Vellosillo
Vellosillo es la penúltima etapa de esta Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria. Fue de las últimas localidades en ser abandonadas, por lo que todavía tiene muchos edificios en perfecto estado de conservación. Además, tiene pinta de que los dueños de algunas casas van regularmente.

Se puede entrar con el coche hasta el corazón del mismo pueblo. Entrar en la iglesia es complicado (ya que la entrada está repleta de maleza), pero con un poquito de paciencia lo conseguiréis. Su calle principal resulta impresionante, pues es estrecha y los edificios en ruina a ambos lados generan un paisaje urbano único.
Villaseca Bajera
Terminamos en Villaseca Bajera, la que quizá sea la localidad más fotogénica de la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria. El pueblo está a los pies de la SO-P-1131, con edificios repartidos a ambas manos de la carretera. Veréis casas de diversos tamaños y tipologías, siendo la que más destaca una con un balcón todavía en pie. Al parecer, fue la última en ser abandonada.

El pueblo está repleto de moras (como prácticamente todos los de la ruta), tiene una bonita iglesia en las afueras y hay muchas callecitas por las que curiosear. Es la mejor manera de concluir un itinerario profundo e interesante, de esos que te hacen reflexionar. A veces nos pensamos que el planeta es nuestro, pero en sitios como Villaseca Bajera apenas han pasado unos años sin humanos y ya está todo de nuevo lleno de árboles.