La Avellaneda, el pueblo abandonado de la comarca de Los Ibores

La Avellaneda es un pueblo abandonado de Extremadura. Está ubicado en la comarca de Los Ibores y se encuentra estrechamente relacionado con Castañar de Ibor, ya que a este pueblo acudieron sus habitantes tras tener que salir de allí por una plaga de termitas. El vínculo nunca se rompió, gracias a diferentes intentos de repoblación y a romerías que año tras año acercaban allí a los descendientes del pueblo original. Hoy os contamos cómo visitar este interesante despoblado.

Cuando las termitas derrotan a los humanos

Se dice que el origen de La Avellaneda de Ibor podría estar en época romana, como un enclave destinado al aprovechamiento agropecuario y minero de la zona. Sería una especie de satélite de la cercana Augustóbriga, cuyos restos perviven hoy a través de los templos de Los Mármoles y La Cilla.

Poco a poco el lugar fue prosperando, pero a veces los humanos no son capaces de domesticar la naturaleza. Así, en el siglo XV los vecinos de La Avellaneda tuvieron que irse de allí por una plaga de termitas que arrasó cultivos y zonas de pasto. Se mudaron al primer territorio habitable que encontraron, fundando así la cercana Castañar de Ibor.

No fue un despoblamiento total ni definitivo, pues con el tiempo se sucedieron los intentos por repoblarlo. Sin embargo, ninguno cuajó de manera definitiva: a veces por motivos económicos, otros por la guerra o simplemente porque se vivía mejor en núcleos ya establecidos.

Los hechos más exitosos en ese sentido se han dado en las últimas décadas, cuando algunos vecinos de pueblos cercanos han arreglado diferentes casas con la intención de pasar allí periodos vacacionales. Por eso, encontraréis varios edificios que han superado el estado de ruina y que hoy lucen en perfecto estado de revista.

Qué ver en La Avellaneda, el despoblado del Ibor

Lo primero que hay que decir es que La Avellaneda está a unos 10 minutos en coche de Castañar de Ibor. Hay que ir por la EX-118 y tomar un pequeño desvío. Tras bajar por una sinuosa carretera, en seguida llegaréis al centro del pueblo.

El edificio más destacado de La Avellaneda es la Iglesia de San Miguel Arcángel, en cuyo interior se encontraba una talla del siglo XVI conocida como Cristo de la Avellaneda (que ahora se encuentra en la Parroquia de San Benito Abad de Castañar de Ibor). La iglesia ha sido restaurada en fechas recientes.

Aparte de eso, lo que os espera es un bonito paseo por un núcleo con la estructura típicamente rural de Extremadura. Se combinan las casas en estado de ruina (mucho cuidado y mucho respeto en caso de que vayáis a curiosear por ellas) con otras que han sido restauradas.

Además, el pueblo se encuentra en medio de infinitos olivares, por lo que también es una manera de aproximarse a uno de los cultivos más extendidos de la zona.

Un despoblado con mucha vida

La Iglesia de San Miguel Arcángel protagoniza todos los meses de mayo la Romería del Cristo de La Avellaneda, en concreto el día 15. Esa jornada, buena parte de los habitantes de Castañar de Ibor sacan al cristo y lo llevan en procesión hasta La Avellaneda, pasando allí todo el día.

Hay que decir que, más allá de la romería, La Avellaneda no es el típico pueblo abandonado en el que se palpe el silencio. Vimos muchas casas restauradas, las calles estaban impecables y nos transmitió más la sensación de vuelta a la vida que de camino al olvido.

Nosotros no habíamos oído hablar de este sitio antes de ir, sino que nos lo recomendó un paisano de Castañar de Ibor. Le hicimos caso, fuimos a visitarlo y fue todo un acierto. ¡Deberíais hacer lo mismo!

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