Hundertwasserhaus es un edificio de Viena que deja sin palabras a todo el que lo visita. Es un conjunto de viviendas sociales que fue construido a finales del siglo XX, en una colaboración entre el artista plástico Friedensreich Hundertwasser y el arquitecto Josef Krawina. Surrealista, rompedor, sin una sola línea recta y absolutamente icónico. No se puede visitar por dentro, paro tanto sus fachadas como los edificios aledaños han creado un paisaje urbano con una personalidad propia. Merece muchísimo la pena conocerlo.

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Conociendo a Hundertwasser, el genio vienés
En medio de un mar de palacios imperiales y edificios que supuran arte barroco, el Hundertwasserhaus es la excepción que rompe con todo. Sus formas imposibles, su creativa paleta de colores y su revolucionaria integración de la naturaleza hacen de este edificio una visita prácticamente obligada.

Este maravilloso complejo industrial fue construido entre 1983 y 1985, siguiendo el sueño de Friedensreich Hundertwasser. El artista quería presentar una alternativa de color y fantasía a la arquitectura racionalista que dominaba Europa en ese momento, la cual hacía que los extrarradios de todas las ciudades fuesen iguales.

El autor del Hundertwasserhaus es una de esas mentes que se dan una vez cada cientos de años. Su vida es interesantísima, pues desde su Viena natal llegó a todo el mundo. De hecho, acabó pasando los últimos años de su vida en Nueva Zelanda, previo paso por sitios tan diversos como Japón o Estados Unidos. Su obra es particular como pocas, es como si la obra de Gaudí y la de Dalí hubiesen hecho una colaboración.


Una ciudad surrealista en miniatura
La Hundertwasserhaus se encuentra al este de la zona histórica de Viena, en un ensanche no demasiado lejos del Prater. Eso sí, vaya por delante que la comunicación no es la mejor, pues tendréis que llegar allí en Uber o tras una caminata de no menos de media hora.

En cualquier caso, cuando estéis frente a la Hundertwasserhaus veréis que el esfuerzo habrá merecido la pena. Frente a vosotros tendréis una serie de fachadas onduladas, con formas imposibles decoradas con colores vivos. Los suelos tienen desniveles que se aprovechan para integrar fuentes, esculturas e incluso árboles. Importante esto último, ya que la construcción tiene dos centenares perfectamente integrados. El artista, de hecho, insistía en que había que tratarlos como a un inquilino más.

Justo debajo, a mano izquierda según se la mira desde la Kegelgasse, hay una pequeña tienda con oficina de correos. Ahí podéis comprar souvenirs, botellitas de agua y algunas postales. También encontraréis en su interior una maqueta del edificio y una escultura del propio Hundertwasser.

Aunque no se puede visitar el edificio por dentro (los propios vecinos piden disculpas en un cartel), es alucinante ir allí y respirar el ambiente.
Además, la Hundertwasserhaus no está sola. Justo en frente está el Hundertwasser Village, creado entre 1990 y 1991. Lo que era un taller de neumáticos pasó a ser el único centro comercial diseñado por el propio Hundertwasser. Una obra que resulta acogedora y que pone en valor la arquitectura del edificio principal.

En su interior hay una pequeña galería de arte, una cafetería para degustar especialidades austriacas, un baño que sigue el mismo diseño (y que se ha convertido en un icono turístico) y una pequeña tienda. Entrad aunque no vayáis a comprar nada, porque es muy interesante.

Y, si tenéis tiempo, a cinco minutos os espera el Kunst Haus Wien (el Museo Hundertwasser). También sirve para rendir homenaje a la obra, con una fachada igual de alucinante y una colección permanente de lo más interesante.


Toda la zona tiene uno de esos inexplicables aire bohemios que solo se vive en los barrios culturales. Por momentos recuerda a la Christiania de Copenhague, aunque en chiquitito.
¿Merece la pena visitar Hundertwasserhaus?
De primeras puede dar pereza ir hasta la Hundertwasserhaus, ya que no está precisamente céntrica ni bien comunicada. Además, ni siquiera se puede visitar por dentro. ¿Tanto esfuerzo para contemplar unas pocas fachadas? Pues sí, absolutamente sí. Visitar la Hundertwasserhaus es absolutamente imprescindible si se está en Viena, ya que es un edificio único a nivel mundial.

Nosotros fuimos allí con muchas expectativas, pero a la vez con el miedo de que fuera todo un bluf. Después de la visita, todo lo que podemos decir es positivo. Id si tenéis ocasión, porque la Hundertwasserhaus no os va a fallar.