El Vallejo es un pueblo abandonado (o despoblado, mejor dicho) de la provincia de Soria. Se encuentra en la comarca de las Tierras Altas, no muy lejos de sitios de referencia como San Pedro Manrique o Valdelavilla (la Peñafría de «El Pueblo»). Aunque hace ya muchas décadas que no tiene ni un habitante, todavía hoy es posible caminar por sus calles y visitar los edificios más reconocibles. Por eso, es una de las paradas más destacadas de la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria.

Un pueblo sin gente, pero con alma
Hasta 60 personas vivían en El Vallejo a mediados del siglo XX. Es cierto que era un sitio con condiciones duras (por el frío o el aislamiento), pero incluso llegó a tener luz eléctrica. Su población se dedicaba totalmente a la agricultura y la ganadería, contando con un horno comunal en el que elaboraban pan casi todos los días. El cura venía a dar misa cada quince días, el cartero también pasaba por ahí y cada lunes se bajaba al mercado de San Pedro Manrique.

Todo trascurría con calma y sosiego, pero poco a poco los nuevos tiempos fueron ganando la partida. A mediados de los sesenta, los últimos pobladores cerraron las puertas de su casa y el silencio tomaba las calles de El Vallejo. Con él, la vegetación se hizo fuerte y fue ganando terrenos a un ritmo pasmoso. Por doquier crecían árboles y arbustos, con pinos por todas partes y moras que convertían las calles en auténticos campos de cultivo.

Esta situación ocurrió en El Vallejo, pero tristemente ha pasado en muchos más pueblos de la España interior. Sin embargo, Soria tiene algo mágico y la localidad a día de hoy sigue siendo visitable. No es una experiencia fácil ni para todos los públicos, pero os aseguramos que merece mucho la pena.


Hay que reconocer la gran labor que han hecho, de manera totalmente desinteresada, David Marqués y Paki López. Dos personas que se han dedicado a limpiar las calles y reconstruir algunos edificios, convirtiendo El Vallejo en un lugar que todavía palpita (a su manera).
Recorriendo (y recordando) El Vallejo
Para llegar a El Vallejo, la opción más sencilla es desviarse desde la SO-630. Ya sea por el norte (directamente por un camino de tierra que sale desde la susodicha carretera) o desde el sur (viniendo por otra pista de tierra, aunque en este caso saliendo desde Las Fuesas), accederéis hasta el pueblo. Es el típico camino de baches que no agrada a la gente que cuida a su coche, avisados quedáis.

En un momento dado llegaréis a un apeadero en el que está claramente señalizada la entrada a El Vallejo. Hay que caminar por un sendero ascendente, en el cual en seguida veréis un cartel de bienvenida en el que se pide respeto por el lugar.


Es posible caminar por las calles principales del pueblo. Nosotros básicamente nos movimos desde la entrada hasta el pequeño lavadero que hay en el otro extremo, justo al lado de la antigua estación eléctrica. Entre medias, obviamente, nos metimos en todas las calles y casitas que pudimos (siempre con mucho cuidado, pues al fin y al cabo hablamos de edificios en ruinas).

Hay algunos puntos de referencia que ningún viajero debería perderse. El primero es el cartel del Gran Sendero de las Tierras Altas de Soria, en el que se indica que El Vallejo forma parte de la etapa 15. Allí se obtiene una imagen súper emblemática, con tejados abiertos y el entorno dando su mejor casa.


Un poquito más adelante hay una casa que está en sospechoso buen estado. Allí entramos y nos encontramos una auténtica sorpresa: el «cuartel general» de David y Paki, las dos personas que están restaurando el pueblo. En su interior había aperos de labranza, todo tipo de objetos del pueblo y también un coqueto buzón.

En él, noticias relacionadas con el pueblo y su restauración, un cuaderno para que los visitantes dejen sus mensajes y también pequeñas postales. ¡Qué maravilla!


En la zona más alta del pueblo, junto a un mirador en el que se indican los 1058 metros sobre el nivel del mar que tiene El Vallejo, se encuentran los restos de la antigua iglesia parroquial. También merece la pena entrar a ella.

La experiencia de El Vallejo no podría ser más enriquecedora. Insistimos en que no es para todos los públicos, pero os flipará a poco que os guste la vida rural y tengáis un poco de empatía. A nosotros nos encantó, desde luego.

