El Valle de Cuelgamuros (conocido hasta el año 2022 como Valle de los Caídos) es un lugar muy difícil de describir. Hemos reescrito varias veces este post hasta que por fin hemos podido hacer una versión con la que estemos a gusto, ya que es muy difícil no dejarse llevar por las emociones. Para bien o para mal, se trata de un sitio muy conocido, que forma parte de la memoria colectiva española y que también despierta el interés entre los viajeros extranjeros que visitan nuestro país. Aquí os dejamos con nuestras reflexiones sobre este espacio único de la Sierra de Guadarrama, a escasos kilómetros de San Lorenzo de El Escorial.

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El lugar más polémico de España
La descripción aséptica del Valle de Cuelgamuros nos haría hablar de un conjunto arquitectónico en el que destaca una cruz gigante, sobre la cual hay una basílica subterránea. En el mismo montecito hay un monasterio que también forma parte de todo el tinglado. Sin embargo, una mera relación de estructuras no tiene sentido en este caso, ya que no se puede evitar la carga ideológica que tiene este sitio.

Y es que fue construido por orden del dictador Francisco Franco, que quería un lugar para enterrar a su ideólogo de cabecera (Primo de Rivera) y a los «caídos en la Gloriosa Cruzada». La mayor parte de la mano de obra que trabajó aquí lo hizo en contra de su voluntad, ya que eran presos políticos pertenecientes al legítimo gobierno republicano. Tras el golpe de estado apoyado por nazis y fascistas, Franco quería hacer una gran obra y no dudó en utilizar el proceso para represaliar a miles de personas.
Tras la construcción, se trasladaron aquí restos mortales de más de 30.000 personas caídas en la Guerra Civil. Se mezclaron sin ton ni son cuerpos de ambos bandos, creando una especie de fosa común gigante. Con el tiempo, tal y como ha documentado el CSIC, estos restos se han ido fusionando entre sí y con la propia estructura del edificio, creando una especie de cadáver colectivo indisoluble. Vamos, que miles de familias han sido privadas del legítimo derecho de recuperar los cuerpos de sus familiares, en lo que viene siendo la mayor fosa común de España.

La Ley de Memoria Histórica impulsada por el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, ninguneada por el gobierno de Mariano Rajoy y retomada por el de Pedro Sánchez tenía mucho que decir sobre el Valle de Cuelgamuros. Por lo pronto, en 2022 se le cambió el nombre, ya que hasta entonces seguía siendo Valle de los Caídos. Previamente se habían retirado los restos mortales de Franco (2019), para en 2023 hacer lo propio con Primo de Rivera (por deseo expreso de su familia).
Todo el mundo tiene algo que decir sobre el Valle de Cuelgamuros. Hay quien dice que habría que hacerlo desaparecer, quien lo quiere convertir en un museo, nostálgicos que mantienen que debe centrarse únicamente en sus funciones religiosas…

El hecho objetivo es que se trata de un lugar impresionante y clave para entender la historia reciente de España. Nosotros no pensamos que haya que hacerlo desaparecer, más bien todo lo contrario: hay que ponerlo en valor y utilizarlo para explicar bien un conflicto que con frecuencia se tergiversa. A día de hoy, en los colegios se sigue estudiando por un lado «República y Guerra Civil» y por otro «Dictadura y Democracia», en unas parejas hechas con toda la intención. Debería ser «Guerra Civil y Dictadura», pues la democracia preexistente y la posterior se parecen al franquismo lo mismo que un huevo a una castaña.
Sea como fuere, nosotros os recomendamos la visita. Básicamente hay que ir en coche hasta allí, moverse por el entorno y visitar las diferentes estructuras que han llegado hasta nuestros días. Si seguís leyendo os contaremos cómo fue lo que vimos.
Qué se ve en el Valle de Cuelgamuros
Entorno natural y carreteras
Empezamos por lo más obvio: el Valle de Cuelgamuros se encuentra en un paraje natural increíble. La Sierra de Guadarrama es uno de los ecosistemas más impresionantes del interior de la Península Ibérica, por lo que solo por visitar este valle de montaña ya merecería la pena ir hasta allí.

Los tickets para visitar el lugar se compran directamente en el coche, en una garita que hay junto a la entrada. Una vez paséis por caja, podréis moveros libremente por la carretera que lleva hasta lo alto de la montaña. Pasaréis así junto a los míticos Postes de Juanelo (cuatro columnas en medio de la carretera), veréis el desvío hacia el poblado o podréis asomaros hacia el valle según ganéis altura.

De hecho, aprovechamos para insistir en ello. La basílica, la cruz y el monasterio son impresionantes, pero las vistas de los alrededores no se quedan atrás. Echad un vistazo a cada mirador, pues disfrutaréis de lo mejorcito de la sierra madrileña.
Basílica
Todo está perfectamente señalizado, así que no hay pérdida. Os recomendamos ir directamente a la Basílica, ya que es el espacio que más tiempo requiere. Es uno de los edificios católicos más llamativos de España, ya que es íntegramente subterránea. De hecho, parece mentira que vaya a haber semejante construcción cuando se está junto al acceso (ojito con las puertas, que son una pasada).

Siendo sintéticos, los dos espacios más impresionantes de la basílica están claramente diferenciados. El primero sería la Gran Nave: una especie de túnel que sirve para ir avanzando por el interior de la montaña. La perforación original se hizo con un cilindro de 11 metros de diámetro, pero la construcción actual es incluso mayor. Sea como fuere, resulta abrumador el recorrido.
A ambos lados hay seis capillas de reducidas dimensiones, en las cuales hay diferentes vírgenes relacionadas con el ejército español: Nuestra Señora de África, Nuestra Señora del Pilar, la Inmaculada Concepción…

La parte central del edificio es el Crucero, donde está el Altar Mayor. Sigue siendo rompedor a nivel arquitectónico, ya que hablamos de un espacio circular. Claramente fue concebido con una vocación de centro de peregrinaje, pues la visita lógica consiste en rodearlo y volver por la Gran Nave.
Mucho ojito con la impresionante cúpula que tendréis sobre vuestras cabezas en este punto. Es una de las grandes obras de la arquitectura católica reciente de España.
Cruz Monumental
Sobre la basílica se encuentra la enorme Cruz Monumental del Valle de Cuelgamuros. Es una construcción visible a muchísimos kilómetros a la redonda, especialmente desde la A6 (la carretera que comunica la Comunidad de Madrid con Galicia).

Franco no quería que se viese ridícula en la lejanía, así que fue con todo: 150 metros de alto y dos brazos de 25 metros cada uno. Esto hace que pueda presumir de ser la cruz más grande del planeta. Por si eso fuera poco, en la base tiene cuatro esculturas de los evangelistas… ¡de 18 metros cada una! Y seguimos sumando: si se mide también el risco sobre el que se asienta la cruz, habría que sumar otros 150 metros de altura.

La cosa ha ido cambiando a lo largo del tiempo, pero en su momento había un funicular (cerrado en 2009, no sabemos si en algún momento reabrirá) que permitía subir hasta la cruz. Hoy en día se tiene que ir a pie por unas rampas y escaleras, aunque el acceso suele estar restringido.
Monasterio
Por último, no os podéis ir del Valle de Cuelgamuros sin ir también a la zona del Monasterio. Allí están las dependencias de los benedictinos que cuidan el lugar, pero también hay una hospedería (si, es posible dormir allí), un restaurante-cafetería que tiene buena fama a nivel gastronómico y algunas zonas para pasear. También hay espacios en los que en ocasiones se organizan exposiciones.

¿Merece la pena visitar el Valle de Cuelgamuros?
En el momento de escribir este post, tenemos publicados 1442 artículos en la web. Llevamos más de cinco años escribiendo sobre lugares de todo el mundo y nunca hemos escondido que somos gente con una ideología progresista. No pasa nada por decir que somos de izquierdas: algunos de nuestros mejores amigos son de derechas, el pensamiento no es tan determinante para la vida. Aquí se habla de viajes, aunque inevitablemente a veces se nos ve el plumero.

Sin embargo, tener un pensamiento de izquierdas no significa que ahora vayamos a decir que no hay que ir al Valle de Cuelgamuros. De hecho, todo lo contrario: hablamos de la obra cumbre de la arquitectura franquista, de un lugar clave para entender la historia reciente de España. Creemos que es un lugar que sí merece la pena, al que todo español debería ir al menos una vez en la vida.
Teniendo en cuenta lo sensible que sigue siendo el tema, apelamos al respeto. No se puede ir allí a hacer comentarios sobre fachas, al igual que tampoco se debería ir cantar el Cara el Sol. En nuestra opinión, hay que ir con humildad y recogimiento, pensando en lo que nos une y no en lo que nos separa. De hecho, aprovechamos para pedir disculpas si hemos ofendido a alguien con nuestro artículo. Lo hemos hecho desde la mejor intención, queriendo crear un post turístico y no político.

Sea como fuere, os invitamos a ir allí, reflexionar, leer, investigar y sacar vuestras propias conclusiones. España es un sitio único y hasta el rincón más polémico merece ser visitado.