El Palacio Real de Olite (conocido también como Palacio de los Reyes de Navarra o simplemente Castillo de Olite) es un edificio único. Se encuentra, como su propio nombre indica, en la preciosa villa medieval de Olite, en el corazón de la Zona Media de Navarra. Es una de esas construcciones en las que las palabras sobran: por belleza, por dimensiones y por significado histórico. En este post os vamos a contar por qué hay una joya de semejante calibre en un pueblecito de menos de 4000 habitantes y cómo es la experiencia de visitarla.

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La joya de la arquitectura civil gótica navarra
Desde el siglo XIII, en Olite se encontraba una de las sedes cortesanas de la corona de Navarra. Era en el vecino Palacio de los Teobaldos, conocido a la postre como Palacio Viejo. Sin embargo, todo era poco para el rey Carlos III el Noble. A comienzos del siglo XV decidió ampliar el palacio anterior, creando una megaconstrucción que tenía varios fines. El más evidente era el de reflejar la bonanza económica que vivía su reinado: un mensaje tanto para sus súbditos como para otros monarcas. Sin embargo, hay que decir que también tuvo mucho que ver el hecho de que Leonor de Trastámara tuviese cierta morriña de sus palacios castellanos. Carlos no quería que pasase largas temporadas fuera de su órbita, así que no reparó en gastos y construyó un palacio digno de la situación.


Se creó así un conjunto magnífico. Desde el primer momento pasó a ser la joya de la arquitectura civil gótica (no olvidemos que es un palacio, pese a su disposición de fortaleza) de Navarra. Sin embargo, su fama rápidamente traspasó fronteras, considerándose uno de los recintos más importantes de toda la península ibérica e incluso de toda Europa.

Pese a lo que cabría esperar por su excelente estado actual, el paso de los siglos no fue especialmente benévolo con el Palacio Real de Olite. El deterioro fue progresivo desde el siglo XVI, ya que tras las invasiones castellanas y aragonesas pasó a tener un uso residual. Sin embargo, el golpe de gracia se lo dio Espoz y Mina, que decidió prenderle fuego en 1813. Tenía miedo de que las tropas napoleónicas se hiciesen fuerte allí, así que optó por la solución más sencilla: echarlo abajo.
Pasó más de un siglo hasta que se pusiera en marcha un proyecto serio de restauración. Tras un concurso celebrado en 1923, en el año 1937 comenzaron unas obras que a día de nuestra última visita (2025) no han concluido. Se ha optado por una restauración muy ambiciosa, pero que a la vez se ha dejado llevar por la espectacularidad. Y es que algunos tramos del palacio han recibido una reconstrucción romantizada, en la que básicamente se ha creado un castillo al estilo Disney.


En cualquier caso, hoy en día hablamos del monumento más visitado de Navarra. En el año 2024 recibió a más de 250.000 personas, todo un hito en la comunidad foral. A ello contribuyen agentes externos al castillo, como su animada vida cultural (con el Festival de Teatro Clásico de Olite como principal seña de identidad) o la propia belleza del pueblo.
Cómo es la visita al Palacio Real de Olite
Exteriores
Lo primero que tenemos que decir es que la visita al Palacio Real de Olite comienza mucho antes de comprar la entrada. Según os acerquéis al pueblo, lo más probable es que ya veáis su silueta dominando su skyline. Pero es que una vez os bajéis del pueblo, comienza lo bueno.

Haced lo posible por contemplar el palacio desde distintos puntos de vista. Dedicadle tiempo: desde fuera de la muralla, junto a los muros, yendo a plazas cercanas… Solo así podréis ser conscientes de la impresionante magnitud de este conjunto palaciego medieval.
Planta baja (primera parte)
¿Ya os habéis dado un paseíto? En ese caso, id a la taquilla y soltad la pasta. En nuestra última visita (2025) había que pagar 4,40€ por la entrada general, que básicamente da derecho a moverse libremente por las entrañas del Palacio Real de Olite. Calculad un mínimo de hora y media para verlo todo, aunque podría ser más si os gusta la fotografía o el postureo en general.

Al entrar, lo primero que veréis es el Jardín Viejo. Hoy no queda mucho de su esplendor, ya que en tiempos estuvo repleto de naranjos y limoneros. Sin embargo, todavía se conservan los restos de su antiguo sistema de riego. Allí mismo están los baños y una pequeña tienda.
También tenéis a mano la Sala de las Excavaciones, donde se han dejado visibles algunos restos arqueológicos. El Palacio Real de Olite fue (y es) un edificio vivo, en el que constantemente se fueron levantando torres, columnas y diferentes estancias. Aquí podréis ver el esqueleto de algunas de ellas.


Por último, pasaréis por la Sala de los Arcos. Es una estancia destinada a sostener un jardín que hay justo encima, el cual fue construido para uso y disfrute de la reina. Esta estancia es sin duda la más oscura y húmeda del palacio, hasta el punto de que llegó a ser utilizada brevemente como cárcel. Podréis verla justo antes de subir la escalera de caracol que os llevará a la zona alta.
Planta alta
Hay que decir que el recorrido por el Palacio Real de Olite es lineal y muy sencillo… siempre y cuando vayáis prestando atención a los números. No tiene mucha complicación, ya que todo está muy bien señalizado, pero vimos a gente yendo a contracorriente y moviéndose como pollo sin cabeza. Nosotros os recomendamos encarecidamente ir siguiendo la ruta prevista, ya que pasa por todos los puntos de interés. También aprovechamos para recomendaros subir a todas las torres y asomaros a todos los miradores, ya que todos ellos son especiales.

Ya arriba, lo primero que se visita es la Cámara de la Reina. Es donde Leonor de Trastámara pasaba la mayor parte del tiempo, ya que Carlos III quiso que estuviese rodeada de lujo y comodidades. Lo dicho: que no echase de menos Castilla. Para ello no reparó en gastos: zócalos de madera tallada, cerámicas esmaltadas, tapices bordados con oro…


Dicha estancia comunica directamente con la Cámara del Rey, la más amplia de todo el palacio. 120 metros cuadrados de habitación, más que la mayor parte de las casas de la gente normal. Contaba con uan chimenea enorme y grandes ventanales de marcado estilo gótico.

Todo el palacio tenía una función representativa, ya que había que demostrar que las cosas le iban bien a la corona de Navarra. Por eso, justo al lado estaba la Cámara de los Yesos. Tenía una decoración magnífica, la única original que se conserva en el palacio después del incendio del siglo XIX. Con ella impresionaban a sus visitantes y mandaban un mensaje al mundo entero.
Desde ahí pasamos a la Galería del Rey, desde donde se podían contemplar los patios de la zona baja. Sus arcos góticos son uno de los grandes emblemas del castillo. Para protegerse del frío, Carlos III acabó cubriendo las ventanas con vidrios.

El claustro que se visita a continuación, con sus 22 arcos, es la Galería de la Reina. Data de 1418 y poco más podemos decir. Las imágenes hablan por sí solas.
A partir de aquí, comienza una larguísima y entretenida sucesión de tierras. La primera que se visita es la Torre de la Atalaya, que puede presumir de ser la que mejor conserva el aspecto original. En tiempos era la más alta del palacio, pero durante la reconstrucción le ganó la partida la Torre del Homenaje (de la que luego hablaremos).

Subir a la torre requiere sufrir un poquito, ya que son muchas escaleras. Sin embargo, el premio es excelente: las vistas son alucianantes. Se domina desde la vecina villa de Ujué hasta la frontera con el reino de Aragón.
Al ladito está la Torre de los Cuatro Vientos, conocida así por estar expuesta a los cuatro vientos que asolan Olite a lo largo del año: el cierzo, el bochorno, el solano y el negro. Por su forma, también es conocida como la Torre de las Tres Ventanas.

El Palacio Real de Olite es potencia mundial en lo que a torres se refiere. El mejor ejemplo es que a continuación pasaréis por la Torre del Portal de Fenero, llamado así porque estaba al lado de una de las puertas de la villa. En concreto, la que conducía a unos prados de heno (de ahí lo de «fenero»).

La Torre del Aljibe se llama así porque estaba estrechamente relacionada con el sistema de riego del palacio. Realmente está hueca, ya que hacía las veces de depósito y cisterna. El agua se servía directamente desde el río Cidacos a través de un complejo sistema de tuberías y canalizaciones.
Como hemos dicho antes, en la actualidad el punto más elevado del castillo es la Torre del Homenaje. En ella ondea la bandera de la comunidad foral de Navarra, situada a unos 40 metros de altura. En su interior, además, se encontraban estancias que ahora se distribuyen entre la Sala de Guardarropa y la Sala de las Damas de la Reina.

La visita a la Torre del Homenaje es más que obligada, ya que en ella está el único espacio musealizado del Palacio Real de Olite. Hay una pequeña exposición sobre el proceso de reconstrucción del palacio, en la cual se incluyen maquetas, fotografías y dibujos. El clásico antes y después de la cosmética.
La última a la que se sube es la Torre de las Tres Coronas. Según la leyenda, fue mandada construir por Carlos III para que sirviese de casa de juegos de sus hijos. ¡Por eso es todo más chiquitito!

Si prestáis atención, desde esta torre se ven tres espacios exteriores que no son accesibles al público: el pozo de hielo (una especie de huevo gigante), la Capilla de San Jorge (ahora en ruinas) y el Palacio Viejo (actual Parador de Olite).

Planta baja (segunda parte)
De vuelta a la planta baja, todavía hay un par de cositas para ver. El primero es el Patio de la Pajarera, donde los reyes de Navarra criaban y cuidaban de su colección de aves (uno de sus símbolos). Si prestáis atención, todavía hay marcas de nidos y canalizaciones de agua.

Por último, la despedida del Palacio Real de Olite se hace visitando el Patio de la Morera. Su nombre se debe al magnífico árbol que hay en la zona central, el cual tiene más de 300 años. Todo un superviviente, ya que venció a las llamas de 1813.
El palacio que hace latir Olite
Pese a que la visita al Palacio Real de Olite es larguísima y requiere subir montones de escaleras, tenemos que decir que no se hace pesada en absoluto. De hecho, da gusto ver cómo comparten espacio parejas jóvenes y grupos de personas mayores. El interés por un lugar como este es transversal, ya que es uno entre un millón.

Además, no es el típico castillo impresionante perdido en medio de la nada. El Palacio Real de Olite es una joya por sí misma, pero se encuentra perfectamente integrado en un conjunto que por sí mismo es espectacular. Hablamos de uno de los pueblos de Navarra más bonitos, lo cual es mucho decir en un lugar que está plagado de destinos maravillosos.


Os recomendamos muchísimo hacer esta visita, incluso si sois la típica gente que no visita estas cosas por dentro. Os aseguramos que la hora y medio del recorrido pasa volando.

Información práctica
- Dirección: Plaza de Carlos III el Noble (Olite)
- Web: https://palaciorealolite.com/
- Teléfono: 691 02 16 67
- Horario:
- Diciembre y enero: de lunes a domingo, de 9:30 a 17:30
- Febrero y marzo: de lunes a domingo, de 10:00 a 18:00
- De abril a junio:
- De domingo a jueves, de 10:00 a 19:00
- Viernes y sábado: de 10:00 a 20:00
- Julio y agosto: de lunes a domingo, de 9:00 a 20:00
- Septiembre:
- De domingo a jueves, de 10:00 a 19:00
- Viernes y sábado: de 10:00 a 20:00
- Octubre y noviembre: de lunes a domingo, de 10:00 a 18:00
- Tarifas (2025):
- Visita general: 4,40€
- Visita guiada: 7,50€
- Combinada con los yacimientos de Andelos, Arellano y Rada: 10€
