El Palacio de Amalienborg es el mejor ejemplo de la influencia que la familia real danesa ha ejercido sobre la ciudad de Copenhague desde hace siglos. Como capital del reino, son muchas las estructuras que demuestran el poder de la corona. Y la que se lleva la palma es la que protagoniza este post, ya que lo tiene prácticamente todo: cuatro edificios independientes, una enorme plaza con una estatua gigante en el medio, unos jardines que dan a la bahía…

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Cuatro palacios en uno
Lo primero que hay que decir del Palacio de Amalienborg es que el singular está mal utilizado, ya que realmente habría que hablar de palacios. Y es que el conjunto está formado por cuatro palacios diferentes, todos ellos realizados por el arquitecto Nicolai Eigtved en marcado estilo rococó. Forman un continuo prácticamente indivisible, el cual fue construido durante más o menos dos décadas (de 1750 a 1768).

Los cuatro titanes que conforman esta maravilla de la arquitectura son:
- Palacio de Cristián VIII (también conocido como Palacio Levetzau): en el que está el Museo de Amalienborg, del que os hablaremos más abajo. Fue utilizado como residencia de Federico X hasta el año 2004 y se sitúa en el noroeste de la plaza.
- Palacio de Cristián VII (también llamado Palacio Moltke): tiene el honor de ser el más caro de los cuatro. Se utiliza para eventos oficiales y acogida de invitados, pero no vive nadie en él de manera permanente. Está orientado al suroeste de la plaza.
- Palacio de Cristián X (conocido como Palacio Schack): residencia oficial de la longeva Margarita II desde 1967 hasta su abdicación en 2004. Estuvo 52 años en el trono, siendo algo así como el equivalente de Isabel II de Inglaterra para los daneses. Siguiendo con el círculo, está en el sureste.
- Palacio de Federico VIII (o Palacio Brockdorff): ha tenido distintos usos, como residencia de la reina Íngrid de Suecia (consorte de Federico IX y reina madre tras el ascenso de su hija Margarita II) o residencia de Federico X cuando todavía era príncipe. Está al noreste.
El Palacio de Amalienborg pasó a ser residencia oficial de la familia danesa en 1794, cuando hubo un gran incendio en el Palacio de Christiansborg. Hoy en día está destinado más bien a temas civiles, pues alberga la sede del paralmento, la oficina del primer ministro, la corte suprema y varios museos.
El Museo de Amalienborg, una oda a la monarquía danesa
El Palacio de Amalienborg tiene muchas estancias cerradas por cuestiones obvias, ya que todavía hace las veces de residencia para miembros de la concurridísima familia real danesa. Sin embargo, el Palacio de Cristián VIII se encuentra abierto al público de manera permanente en forma de Museo de Amalienborg. En esta institución se hace un repaso a los dos últimos siglos de la monarquía danesa.

Se pueden visitar estancias reales más o menos como se encontraban en su época, hay cientos de retratos, miles de documentos audiovisuales (fotografías, vídeos, archivos sonoros), infinitos paneles informativos para ensalzar la obra de la familia real…
El museo nos pareció un poco frío, suponemos que se nos junta que somos las personas menos monárquicas del mundo con que no sabíamos nada de la familia real danesa. En cualquier caso, fue muy agradable recorrerlo y aprender más sobre un tema que claramente marca la vida pública del país. Eso sí, tenemos que reconocer que no nos gustó demasiado que la mayor parte de las salas se vean desde lejos, a través de un cristal.

El museo abre de martes a viernes de 10:00 a 15:00, ampliando el cierre los fines de semana hasta las 17:00. No es barato, ya que cuesta 125 coronas por persona (precio de 2025). Lo bueno es que no tendréis que pagar esos 17€ al cambio si tenéis la Copenhaguen Card, ya que está incluido en la tarjeta turística.
La plaza y los jardines, la gran sorpresa del conjunto
Una parte fundamental del Palacio de Amalienborg es la plaza y los jardines que han surgido entorno a los edificios. Hablamos de un espacio solemne, magnífico, de esos que se han hecho para impresionar hasta al menos impresionable. Además, a poco que os guste el arte tendréis en mente la plaza, ya que fue recreada magníficamente en una pintura al óleo del artista local Vilhelm Hammershoi (si, de esas que siempre te hacen estudiar en los libros de arte del instituto).

El centro de la plaza está presidido por la enorme escultura ecuestre del rey Federico V, firmada por el célebre escultor francés Jacques Saly. Hay muchas obras del artista distribuidas por la ciudad, pero sin duda aquí puso lo mejor de sí mismo. Su construcción le llevó la friolera de 14 años.
Además, si avanzáis en dirección la bahía llegaréis a unos sencillos pero coquetos jardines geométricos, desde los cuales podréis ver las aguas que hay frente a Copenhague y su incesante transitar de barquitos.
No os vayáis sin ver la Iglesia de Mármol
Por último, no podemos hablaros del Palacio de Amalienborg sin recomendaros la visita a la cercana Iglesia de Mármol (cuyo nombre real es Iglesia de Federico). Se trata de un templo luterano alucinante, el cual data de mediados del siglo XVIII y tiene planta redonda. Sus obras se interrumpieron varias veces por sus excesivos costos, pero en cualquier caso a nuestros días ha llegado una auténtica locura barroca.

Tiene la mayor cúpula barroca de toda Escandinavia, con una clara inspiración en la Basílica de San Pedro de Ciudad del Vaticano. La visita es gratuita, por lo que no podéis dejar de verla. Os aseguramos que os dejará sin palabras.

