El Jardín y el Museo de Man son dos lugares que sirven para poner en valor la vida y obra de Manfred Gnädinger, el conocido como el anacoreta de Camelle. Hablamos de un atribulado alemán que se afincó en este rinconcito de A Costa da Morte para desarrollar una propuesta artística única y trascendental. No encontraréis nada igual en todo el litoral gallego.

Tabla de contenidos
El legado de Manfred Gnädinger
Pintor, filósofo y escultor. Así es como está definido Manfred Gnädinger en su artículo de Wikipedia. El artista, originario de Alemania, formado en Italia y con parte de su carrera profesional desarrollada en Suiza, se asentó en A Costa da Morte atraído por la belleza del entorno.

La Camelle que él encontró no tiene nada que ver con la que dejó. Cuando llegó al pueblo, era un lugar prácticamente desconocido para los que no eran de allí, pues no estaba integrado en el circuito turístico habitual. Sin embargo, desarrolló una obra absolutamente rompedora que poco a poco fue atrayendo a curiosos y apasionados del arte.

Muy en resumen, Manfred se estableció en una especie de chabola al final del puerto. En los alredores creó un montón de esculturas al aire libre, todas ellas integradas en su entorno. Llevaba una vida simple y natural al extremo, al punto de que se le considera uno de los anacoretas de nuestro tiempo. También habría que añadirle la condición de profeta, pues poco antes del accidente del Prestige soñó que una ballena negra aparecía muerta frente a sus esculturas. En el sueño, él la enterraba y posteriormente se veía morir a sí mismo.

Tras el vertido del barco, los restos del petrolero llegaron hasta Camelle y dañaron mucho la obra de Manfred. El drama personal que vivió acabó con su vida: unos dicen que murió de pena, otros que simplemente se dejó ir.
El jardín de un genio
Manfred Gnädinger dedicó los últimos capítulos de su vida a crear y mantener las esculturas, en lo que él decía que era su jardín. Sin embargo, tras su muerte los políticos no quisieron prestar atención a su legado, que quedó abandonado y expuesto a las inclemencias del tiempo. Poco a poco se fue deteriorando, hasta que un temporal ocurrido en el año 2010 amenazó con que todo se perdiese por completo.

Vecinos y amigos decidieron entonces intervenir, poniendo en valor el Jardín y el Museo de Man. Respecto al jardín en sí mismo, poco se pudo hacer: simplemente conservaron las obras que todavía seguían en pie y pusieron carteles indicando que no se puede acceder a las mismas.

En la práctica, esos carteles sirven de poco. En el rato en el que estuvimos allí, vimos a mucha gente caminando entre las esculturas de Manfred. Básicamente vimos dos grupos: influmierdes que lo pisaban todo sin ningún respeto, buscando la foto que más likes les pudiese dar; y gente que se movía con respeto, queriendo conocer esta obra alucinante sin dañarla.

Nosotros os recomendamos ser tan respetuosos como cuidadosos. Con unos buenos prismáticos y caminando por el espigón, podréis ver buena parte de la obra de Manfred Gnädinger. Si decidís burlar la ley y adentraros en el jardín de este viejo anacoreta, hacedlo con muchísimo cuidado y asegurándoos de que no estropeáis nada.

Un museo para ponerlo todo en valor
En 2014 se puso en marcha A Casa do Alemán, conocida también como el Museo de Man. Es un enorme edificio a la entrada del pueblo, en el cual se exponen algunas de las obras de Manfred y se cuenta su obra. Abre de miércoles a domingo de 10:30 a 14:30, la entrada cuesta un euro (precio de 2024) y sin duda servirá para que la memoria de este magnífico artista perdure en el tiempo.

Como parte del Jardín y el Museo de Man, en la entrada del museo podéis encontrar una réplica de la casa. También organizan muchas otras exposiciones, habiendo creado un centro cultural en Camelle. Sin duda, el mejor legado que podía dejar Manfred Gnädinger.
