El Castillo de Rosenborg, junto con los Jardines del Rey, ofrecen la versión más monumental y solemne del centro de Copenhague. Es un conjunto arquitectónico de primer nivel, siendo una de las grandes obras de la monarquía europea. En este post os vamos a contar su historia, a mostraros cómo fue nuestra experiencia recorriendo su interior y a daros las claves para que podáis hacer la visita.

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El castillo favorito de Cristián IV
Como tantas otras cosas en Copenhague, el Castillo de Rosenborg es fruto del reinado de Cristián IV. Fue construido mayormente durante 1606, en forma de casa de verano para la monarquía. Pese a infinitas reformas posteriores, todavía conserva el estilo renacentista de inspiración neerlandesa con el que fue planteado. Cada monarca posterior quiso dejar su sello, aunque sin duda fue Federico VI en la primera mitad del siglo XIX el que ejerció una labor más transformadora.

Pese a ser un espacio para el verano, el Castillo de Rosenborg ha sido residencia real danesa en dos ocasiones: en 1794, por el incendio en el Palacio de Christiansborg; y en 1801, por el ataque de la Royal Navy a la capital de Dinamarca.
A día de hoy, el uso de este castillo es el mismo que el de otros grandes palacios europeos. Sigue siendo propiedad de la monarquía, que puede utilizarlo a su discreción para eventos o lo que consideren. Sin embargo, en líneas generales se ha convertido en un recurso turístico. Por sus estancias pasan al año unas 250 000 personas, en una cifra que se multiplica por diez si se tienen en cuenta los visitantes de los jardines.

Cómo es la visita al Castillo de Rosenborg
Vamos a contaros ahora cómo es la visita al Castillo de Rosenborg, en un recorrido autoguiado que está muy bien planteado y que se hace muy ameno. Lo único malo es que la entrada es muy cara: 140 coronas por persona (precio de 2025), lo que vienen a ser unos 19€ al cambio. La buena noticia es que está incluido en la Copenhaguen Card, así que no tendréis que pagar nada más si ya tenéis esta tarjeta turística.
Planta baja
Una vez paséis por caja, os darán una especie de libreto con datos históricos e indicaciones sobre lo más relevante de cada sala. Normalmente se empieza en la planta baja, iniciando una especie de recorrido cronológico por el linaje real danés. Por doquier veréis objetos relacionados con la vida de distintos monarca, empezando con Cristián IV y llegando hasta Federico VII.

En esta planta baja se visitan el Salón de Invierno, la Sala de Escritura, la Cámara y el Aseo de Cristian IV. Allí se pueden contemplar las ropas ensangrentadas que el rey utilizó en la batalla naval frente a Suecia de 1644, todo tipo de retratos e incluso canales por los que entraba la música que se tocaba en el sótano para el rey y sus invitados.


También se pasa por la Sala Oscura (donde hay unas figuras de cera que representan a Federico III y su familia), la Sala del Jardín (con un cuadro mitológico sobre el poder del vino) y la Cámara de Cristián V. También pasaréis por el largo Corredor de Piedra que da acceso a los pisos superiores.
Primera planta
La primera planta tiene muchas más estancias, hasta un total de 13. En ellas, cada monarca tiene su propio momento de gloria: el Corredor de Federico IV, la Cámara Lacada de la Princesa Sofía Hedevig, el Salón de Cristián VI, el Gabinete de Federico V, el Salón de Cristían VII… La lista es enorme.

En todas ellas conviven objetos propios de la vida en cada época (sillas, relojes, escritorios, etcéteras) con recordatorios de la influencia de cada monarca (bustos, cuadros, joyas…).


Tenemos que decir que flipamos con todo lo que hay por allí, hasta un punto en el que resulta agobiante. Cada sala está repleta de objetos, no hay ninguna que baje el ritmo y por momentos da la sensación de que ahí hay patrimonio como para decorar siete castillos más.
Segunda Planta
La Segunda Planta del Castillo de Rosenborg básicamente está ocupada por el Gran Salón, una tremenda estancia que refleja como pocas el momento de más esplendor del absolutismo. En ella hay excesos para dar y tomar: tres leones de plata, un techo de estuco abovedado, enormes escudos, más de una decena de tapices colgados por las paredes…

Todo lo que digamos sobre el Gran Salón de este palacio se va a quedar corto. Su función no era la de ser acogedor, sino la de dejar sin palabras a sus visitantes y que quedase claro el poder de la monarquía danesa. ¡Sin duda lo consiguieron!


Hay tres pequeñas estancias anexas al gran salón, destacando especialmente el Gabinete de Cristal. Considerado único en el mundo por su colección procedente de todo el mundo, contiene piezas únicas. En otra estuvo el tesoro nacional, pero en la actualidad sus objetos se han trasladado al sótano.
Sótano
De hecho, la visita continua bajando al sótano del Castillo de Rosenborg. Allí os recibirá un enorme retrato de Cristián V (cuando tenía cuatro años), junto al cual se pueden contemplar los mismos cañones que hay dibujados en el cuadro. A partir de ahí, podréis ver una enorme colección de armas, de vinos, de piezas de marfil y de ámbar, objetos científicos…

Claramente se han guardado lo bueno allí abajo. Nos llamó especialmente la atención todo lo relacionado con el vino, ya que no solo tienen botellas sino también barricas. Se exponen botellas con varios siglos de antigüedad, siendo una colección muy reputada a nivel internacional.
Tesoro
Por último, se abandona el castillo visitando el Tesoro. Mucho ojo, porque es una sala de máxima seguridad y llena de vigilantes. En los minutos en los que estuvimos allí vimos como llamaban la atención a varias personas por acercarse mucho a las vitrinas, hablar alto o hacer fotos poco respetuosas (tipo selfies).

En esta sala se guardan los cuatro juegos que componen las Joyas de la Corona: uno de perlas y rubíes, otro de esmeraldas, otro de diamantes de talla rosa y otro de diamantes de talla brillante. Por supuesto, también hay varias coronas, platos bautismales, candelabros de oro macizo… Este tipo de cosas son las que dejan claro que las clases altas y el pueblo no tenemos nada que ver.


La seguridad del lugar nos pareció casi más impresionante que las joyas en sí. En cualquier caso, es un buen broche de oro a la visita por el Castillo de Rosenborg.
Los Jardines del Rey, la auténtica joya de la corona
No os vayáis todavía, pues junto al castillo están los magníficos Jardines del Rey. Aunque en origen eran parte del conjunto palaciego, hoy se les considera el parque más antiguo de la ciudad de Copenhague. De hecho, también es el más visitado, pues como ya hemos dicho recibe a más de dos millones de personas año tras año.

Estos enormes jardines cuentan con una superficie de más de 13 hectáreas y acreditan los diferentes gustos paisajísticos que se han ido sucediendo desde el siglo XVII en adelante. Se pueden ver zonas claramente renacentistas, otras más barrocas y otras al gusto contemporáneo.
Aunque hay elementos concretos, como el rosal, el Pabellón de Hércules o la enésima estatua de Hans Christian Andersen de Copenhague, lo cierto es que los jardines brillan en su conjunto. Pasear por ellos es una delicia en cualquier época del año, ya que son bonitos a más no poder y siempre están cuidadísimos.


Como no podía ser de otro modo, desde los Jardines del Castillo de Rosenborg también se puede disfrutar de las mejores vistas del propio castillo. Tenedlo siempre como referencia, ya que entre la construcción y las diferentes composiciones vegetales os quedarán unas fotos estupendas.

Información práctica
- Dirección: Oster Voldgade 4A, Copenhague
- Web: rosenborg.dk
- Teléfono: +45 33 15 32 86
- Horarios:
- Invierno: de 10:00 a 16:00
- Verano: de 10:00 a 17:00
- Tarifas (2025):
- Adultos: 140 coronas (unos 19€)
- Estudiantes: 90 coronas (unos 12€)
- Menores de 18 años: gratis
El acceso al Castillo de Rosenborg está incluido en la Copenhaguen Card, por lo que no tendréis que pagar nada si previamente la habéis adquirido.