Cómo visitar Sacendocillo, un pueblo abandonado en la provincia de Guadalajara

Mucha gente no lo sabe, pero en el término municipal de Tamajón se encuentra el pueblo abandonado de Sacedoncillo. Una pequeña aldea con siglos de antigüedad que, como tantas otras en España, no fue capaz de superar el siglo XX. Ahora es posible visitarla, dando un paseo por un enclave a medio camino entre la ruina romántica y la certeza de todo lo que vamos a perder en el medio rural si los mandatarios no hacen algo pronto.

En este artículo os vamos a enseñar dónde está, su historia y qué podéis ver a día de hoy si visitáis este pueblo abandonado.

Guadalajara y el éxodo rural

La historia de Sacendocillo no es muy distinta a la de muchos otros enclaves rurales del interior de España. Resumiendo mucho: antes existía y ahora ya no. A veces es porque no pasa por ahí el tren, otras porque se construye una presa que inunda el pueblo o incluso simplemente pasa porque los jóvenes prefieren irse a vivir a las grandes ciudades ante la falta de oportunidades, pero lo cierto es que esta situación es una constante y lamentablemente tiene en jaque a buena parte de los pueblos de este país.

En el caso de Sacedoncillo, el fin vino sobrevenido por múltiples causas. Aunque desde siempre fue un pueblo tirando a chiquitito (tanto que, ya en el siglo XIX, se incorporó al término municipal de la vecina Muriel), la Guerra Civil le causó auténticos estragos. Sin comerlo ni beberlo se vio en primera línea del frente de guerra, siendo el pueblo destruido y sus vecinos evacuados a Tamajón. Los edificios que se mantuvieron en pie fueron utilizados no solo como cuartel, sino también como diana en las prácticas militares que se llevaron a cabo.

A la vuelta del conflicto, los pocos habitantes de Sacedoncillo que estaban refugiados en Tamajón no tuvieron demasiadas opciones. De hecho, en los años sesenta todos los terrenos del pueblo fueron expropiados por el Ministerio de Agricultura franquista, que quería llevar a cabo una reforestación masiva de pinos. Ese fue el punto y final para la aldea.

Como decimos, las causas son distintas, pero el diagnóstico es similar: muchos pueblos ya se han perdido y otros muchos están en peligro. ¿Quién no ha ido alguna vez a un sitio en el que solo viven 15 o 20 personas y todas ellas están más cerca de los 100 que de los 50 años? O se invierte de verdad en el medio rural o lo acabaremos perdiendo para siempre, por lo que hay que tomar nota de sitios como Sacedoncillo y hacer lo posible para que no sigan cayendo estas joyas en medio de la naturaleza.

Sacedoncillo: érase una vez una iglesia, un puñado de casas y un arroyo

Hecha esa pequeña introducción, os vamos a contar ahora cómo fue nuestra visita a Sacedoncillo. Lo primero que hay que decir es que no es un sitio especialmente conocido ni publicitado: apenas veréis un panel informativo en la cercana Tamajón y algunas señales en medio de los senderos que se pueden hacer por los alrededores. Sin embargo, hacednos caso: esta visita es realmente interesante.

Hay dos maneras de llegar a Sacedoncillo:

  • Haciendo senderismo: son varias las rutas que pasan por el propio pueblo o sus inmediaciones. Caminando desde la cercana Muriel tenéis unos 3 kilómetros (solo ida), una distancia más o menos similar a la que hay desde Tamajón.
  • En coche: también podéis hacer una aproximación en coche, aunque tenéis que ir muy atentos ya que no está señalizado. En la GU-143 (la carretera que va de Tamajón a Muriel, más o menos a mitad de camino, hay un desvío hacia unos pinares. Podéis aparcar directamente en el apeadero que hay justo al lado de la carretera (que como decimos no es muy visible) o avanzar un poquito más por el camino de tierra, hasta que la vía ya no sea transitable.

Nosotros utilizamos la segunda opción, dejando el coche a aproximadamente 500 metros de Sacedoncillo (aunque ya haciendo contacto visual). Desde allí fuimos caminando por un camino de tierra, hasta un punto en el que ya se desviaba. Dado que la ruta por la que íbamos no se metía en el pueblo, tuvimos que tirar campo a través entre un montón de trigo, arbustos y demás vegetación baja (¡ojo con las garrapatas si vais con perro!).

En Sacedoncillo todavía son visibles los restos de 22 casas, los cuales han llegado a nuestros días en distintos estados de conservación. Mientras que de algunas apenas queda nada, en otras podéis ver muros completos levantados, huecos de ventanas o incluso vigas de madera.

Aunque la historia que hay detrás nos puso un poco tristes, lo cierto es que el lugar es impresionante. Tiene ese magnetismo propio de la ruina romántica, en la que la naturaleza ya ha recuperado buena parte del terreno y los restos de las construcciones luchan a duras penas por no ser engullidos.

Si bien en la parte alta del pueblo hay más de una veintena de casas, en la parte baja podéis contemplar los restos de una iglesia románica. De ella se conservan algunos muros y su estructura es claramente reconocible, aunque sin duda lo más destacado es una ventana de arco de medio punto que se puede ver a simple vista.

Si seguís bajando, llegaréis al Arroyo de Sacedoncillo, el cual podéis cruzar gracias a un puentecito lleno de encanto.

De hecho, aprovechamos para recordaros que el pueblo antiguamente se llamaba Sacedón de la Sierra. Esto no es por capricho, sino por estar en un entorno privilegiado al que bien haríais en dedicarle toda vuestra atención.

Esperamos haberos descubierto este maravilloso sitio y que pronto hagáis la visita, ya que estamos seguros de que os va a encantar. Mientras tanto, nunca olvidéis cuidar el medio rural y hacer todo lo posible para que salga adelante. Está en manos de todos hacer que no desaparezca y que el día de mañana Sacedoncillo no esté rodeado de otros pueblos abandonados, sino de sitios llenos de vida.

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