Qué ver en Mutriku, el pueblo pesquero guipuzcoano

Hoy queremos enseñar Mutriku, un pequeño y encantador pueblo pesquero de la costa vasca. Pese a ser una auténtica joya, pasa desapercibido en comparación con otros atractivos turísticos de Guipúzcoa como San Sebastián o Zumaia. Por eso, vamos a contaros todo lo que se puede ver y hacer en este adorable destino.

Cómo llegar, cuánto dura la visita y otras generalidades

Aunque Mutriku tiene poco más de 5000 habitantes, se trata de un pueblo fundado hace más de 800 años. Ha vivido etapas mejores y peores, con una economía ligada siempre al mar, pero a nuestros días ha llegado un pueblecito encantador. Está mal y bien ubicado a la vez. Por un lado, no está junto a las principales carreteras de la zona, pero en un ratito llegaréis a ellas. Sin embargo, está justo entre lo mejorcito de Vizcaya y Guipúzcoa, así que bien podría ser el campamento base de un viaje de dos o tres días por la zona.

En una mañana o en una tarde se puede ver Mutriku sin problemas. Básicamente hay dos áreas para visitar: la del puerto, con la típica estampa que se puede ver en otros pueblos del Cantábrico; y el casco viejo, con calles llenas de edificios centenarios. Os dejamos aquí un mapita con lo que no hay que perderse, zonas para aparcar y zonas para comer.

A día de hoy el pueblo vive fundamentalmente del turismo, así que puede ser un buen sitio para comer (como os enseñaremos más abajo) o para hacer unas compritas. También es una buena zona para hacer actividades como un curso de buceo, encontraréis a varias empresas locales ofreciendo sus servicios.

El puerto de Mutriku: las mejores vistas del pueblo

Un paseíto por el puerto de Mutriku siempre es una actividad sensacional, ya se vaya en pareja, con niños pequeños o con toda la familia al completo. Es muy agradable dar una vuelta entre los barcos, fotografiar el pueblo desde diferentes perspectivas o acercarse a los espigones a ver el estado de la mar. Que sí, que para la gente que vive en la costa esto puede ser lo más normal del mundo, pero nosotros vivimos en el interior y quedamos fascinados cada vez que tenemos la oportunidad de visitar un sitio como este.

La visita puede durar tanto como uno quiera, ya que hay mil recovecos en los que perderse. Nosotros estuvimos un rato largo porque hacía buen tiempo y era súper guay sentir la brisa en la cara.

Por cierto, aunque veáis el puerto y luego os metáis al casco viejo, nunca dejéis de mirar hacia la costa. Mutriku tiene un montón de miradores que dan al puerto, desde los cuales hay unas panorámicas preciosas.

Perderse por el casco viejo

Aunque según pasaba nuestro tiempo en Mutriku se fue nublando el día, hay que decir que su casco viejo nos encantó. Lo recorrimos tal y como hay que hacer en este tipo de pueblos: callejeando sin rumbo, dejándonos llevar con cada edificio que se salía un poco de lo normal. Y encontramos gratas sorpresas, pues los típicos edificios con entramado de madera en la fachada (que ya de por sí nos encantan) se intercalan con otros muy coloridos.

Aunque hay edificios destacados, como la antigua lonja de pescadores del siglo XVIII (hoy en día casa social de la marina) o algunos palacios de familias poderosas de la zona, no es un pueblo que destaque por tener un punto de interés súper concreto. Como hemos dicho, lo interesante es darse un paseo y disfrutar de lo que va apareciendo.

Por cierto, es muy importante llevar calzado cómodo. Suena a tópico, pero Mutriku tiene muchas cuestas y escaleras. Abstenerse taconazos.

Comer en Mutriku

Y, para terminar, un clásico de cualquier destino del País Vasco: la gastronomía. Mutriku no vive al margen del buen comer típico de la zona. Eso sí, nosotros somos más de pintxos que de «comer comer» y no encontramos nada que nos volviese especialmente locos.

Lo mejor que podéis hacer es ir a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuya escalinata neoclásica podéis ver en la foto de abajo, e ir echando un vistazo a los bares. Entre el templo y el puerto vimos como 10 o 12 sitios con buena pinta. No era muy difícil identificarlos: unos estaban súper vacíos y otros hasta la bandera.

Si nos quedásemos con uno en concreto, hablaríamos de la Taberna Ametza, un clásico de Mutriku. Nos encantaron sus tortillas de patatas: probamos una de bacalao y otra de pimientos y las dos estaban de morirse. Eso si, ya podéis ir con paciencia: el sitio estaba llenísimo y costó hacerse un hueco.

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