Chloride, de pueblo minero a ghost town en el sur de Arizona

Los pueblos fantasma de la costa oeste de Estados Unidos tienen un magnífico representante en Chloride. Esta población del noroeste de Arizona cuenta con algo menos de 300 habitantes y en sus calles ofrece todo lo necesario para ser una parada de categoría: una historia fascinante, muchas cosas para ver y varios comercios interesantes.

La ciudad minera más antigua de Arizona

El nombre de Chloride viene dado por el cloruro de plata, lo cual da buena cuenta del origen minero del pueblo. Fue establecido en el año 1860, aunque ya se llevaba un tiempo con una marcada actividad minera. Los días de gloria se dieron medio siglo más tarde, pues entre 1910 y 1920 la urbe llegó a tener más de 2000 personas. Esa gran masa poblacional dio lugar a tiendas, restaurantes, hoteles e incluso cuatro iglesias.

Sin embargo, las desgracias empezaron a cebarse con Chloride. Primero fueron varios incendios, que redujeron a cenizas la práctica totalidad del pueblo en varias ocasiones. Sin embargo, lo que realmente inició el declive fue la ingente cantidad de muertos a raíz de la silicosis, una enfermedad muy frecuente entre mineros que se produce por respirar polvo con sílice. Incluso tuvieron un gran problema con el consumo de opio, que tradicionalmente se ha achacado a la presencia de trabajadores chinos en las minas.

Así, tras la II Guerra Mundial se cerraron todas las minas y Chloride poco a poco fue decreciendo. En la actualidad es un lugar muy chiquitito y que está lejos de su auge, pero que a la vez ofrece la posibilidad de hacer una visita auténtica y llena de posibilidades. Tiene el honor de ser la ciudad minera más antigua de Arizona sin haber dejado de ser poblada, algo de lo que sacan partido y que ponen en valor en su propuesta turística.

Con una hora tendréis tiempo más que de sobra para recorrer las calle de Chloride. Podréis moveros a pie o ir desplazándoos en coche, aunque ya os anunciamos que las distancias son cortas. El único inconveniente lo podéis encontrar con el calor, pues las temperaturas pueden ser extremas en verano.

Turismo en Chloride

The Mineshaft Market / Centro de Visitantes

La primera parada la hicimos en The Mineshaft Market, una tienda de souvenirs y productos alimenticios que también hace las veces de centro de visitantes. Es un edificio de los años 1930, el cual ha tenido muchos usos: teatro, zapatería, hotel e incluso ha sido clínica de un médico. Allí os darán un papelito con información turística del pueblo y recomendaciones, aunque también podréis compraros un helado y así enfrentaros al calor de la manera más deliciosa posible.

Un auténtico pueblo del Far West

Pasear por Chloride y descubrir sus diferentes edificios es una actividad fabulosa. Más abajo os vamos a mostrar puntos de interés concretos, pero antes queremos romper una lanza en favor de los paseos sin rumbo. Si os movéis de un lado para otro, iréis descubriendo edificios históricos, tiendas con encanto y restaurantes en los que todavía se pueden degustar especialidades locales.

Por poner algunos ejemplos, justo enfrente del centro de visitantes hay una bonita oficina de correos. No deberíais perderos Yesterdays (una mezcla entre restaurante, tienda de regalo y hotel), el cercano depósito de agua, una gasolinera histórica…

Cyanide Springs, la recreación moderna

Si habéis ido hasta allí en busca de estampas propias del Lejano Oeste, sin lugar a dudas tenéis que pasaros por Cyanide Springs. Se trata de una enorme recreación del típico pueblo que se ve en las películas de indios y vaqueros, construido en el año 1997 por el grupo de recreación histórica Immortal Gunfighters of Chloride.

Es chulísimo. Solo por visitar Cyanide Springs ya merece la pena ir hasta Chloride ya que es un lugar pintoresco a más no poder. En él podréis encontrar el típico saloon con pianola y puertas de madera que bien podrían abrirse de una patada, a la vez que otros edificios como una cárcel, la consulta de un doctor o un granero.

Es un lugar que merece la pena en cualquier momento del día. Nosotros lo visitamos en la más absoluta soledad y solo faltaban las bolitas del desierto dando saltos, siendo una experiencia que realmente nos llegó al corazón. Sin embargo, es bueno que sepáis que cada sábado al mediodía hacen espectáculos de tiroteos y peleas entre forajidos, por lo que seguro que también mola ir a verlo con un montón de gente.

Iglesia

Construida entre 1891 y 1917, la Iglesia de Chloride es la única que queda en pie de las cuatro que llegó a tener el pueblo. Sigue prestando servicio a día de hoy, ocupando un lugar clave en el día a día de la localidad.

Ayuntamiento

Otro edificio de especial interés para los habitantes del pueblo, aunque en este caso con un uso civil, es el Ayuntamiento. No tiene pérdida, ya que está al lado de la iglesia.

Old Jail

En su apogeo, Chloride necesitó de la construcción de una cárcel. Si bien es cierto que el primer edificio (de 1917) ha desaparecido, en la actualidad se puede visitar la Old Jail. En ella podréis entrar tanto a la sala del sheriff como a dos celdas, en un lugar que se jacta de que su primer preso entró ahí por causar un altercado estando borrado y que se fugó de la misma al día siguiente porque no quería llegar tarde al trabajo. ¡Eso es un profesional!

Lorig House

También deberíais ir a visitar la Lorig House, uno de los primeros edificios de Chloride. Allí vivió Mrs. Katherine Lorig, cuyo apellido da nombre a una construcción que actualmente es propiedad de la Chloride Historical Society.

Train Depot

Para transportar los materiales obtenidos en las minas de los alrededores de Chloride, el ferrocarril llegó al pueblo en 1899. Fruto de eso es el viejo Train Depot, junto al cual todavía se pueden contemplar restos de las antiguas vías del tren.

Cementerio

Aunque no se sabe con exactitud el origen del Cementerio de Chloride, lo cierto es que las primeras lápidas datan de 1904. No está en el centro, pero se puede llegar fácilmente hasta él y contemplar sus curiosas lápidas.

Pinturas murales

Y si queréis ver algo muy singular, id por el camino de tierra que sale por el extremo este de Chloride. Tras conducir una milla y media por una vía en bastante mal estado, llegaréis hasta las famosas pinturas locales que el artista local Roy Purcell pintó en la roca. Es uno de los grandes emblemas del pueblo y, sin duda, la mejor manera de acabar la visita al mismo.

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