El Cabo Ortegal es el accidente geográfico que marca la línea divisoria entre las aguas del Océano Atlántico y del Mar Cantábrico. Todo un hito que se produce en un entorno natural privilegiado, con una belleza paisajística fuera de lo común. Además, desde los años ochenta del siglo XX se ha instalado allí un bonito faro, por lo que la estampa no podría ser más evocadora.

Un faro para dos mares distintos
En términos geográficos, el Cabo Ortegal es un must dentro de la Península Ibérica. Se trata de su segundo punto más al norte, solo superado por la cercana Estaca de Bares. Se enmarca en la coqueta costa ártabra, muy cerquita de joyas como los acantilados de Vixía de Herbeira (los más alto de la europa continental) o del municipio de Cariño (al cual pertenece).


La visita al mismo es rápida y sencilla. Simplemente hay que recorrer la carretera que muere a sus pies, la cual es sinuosa y tirando a estrecha. Una vez allí, tenéis un pequeño aparcamiento en el que dejar vuestro vehículo. Os recomendamos evitar días de gran afluencia, como fines de semana de agosto, ya que no es el parking más grande del mundo. Una vez allí, en apenas unos minutos podréis disfrutar de las vistas de los acantilados, de las montañas y de bordear el faro.

Ya que lo mencionamos, vamos a dar unas pinceladas sobre el faro de Cabo Ortegal. Tiene unos diez metros de altura, se terminó de construir en 1984 y visualmente destaca por su franja central, de color rojo.
Desde Cabo Ortegal tendréis unas vistas alucinantes de un rincón mágico, pues aquí es donde se dan la mano las aguas de dos de las tres masas de agua que rodean la Península Ibérica. Nos referimos al Mar Cantábrico y al Océano Atlántico, que en este punto se unen. No esperéis ver aguas de dos colores o corrientes locas, porque no es el caso, pero aún así es un sitio que bien merece la pena.

Vigilando desde las rocas más antiguas del planeta
A nivel geológico, toda la zona de Cabo Ortegal es referente a nivel mundial. Y es que sus rocas son antiquísimas, hasta el punto de que son consideradas en el top 3 de rocas más antiguas del planeta. Es un granito formado a partir de magma hace 1160 millones de años, antes incluso de la explosión de la biodiversidad terrestre. Estaban a gran profundidad y solo afloraron cuando pagea se dividió en varios continentes, dejando el accidentado paisaje que hoy conocemos.

Pese a que en origen fuese inhóspito, hoy en día es un paisaje con una gran biodiversidad. En los acantilados de Cabo Ortegal se pueden ver todo tipo de aves durante todo el año, aunque el momento álgido se da en otoño. En los meses más bonitos, la zona es lugar de paso para cientos de miles de aves migrando hacia el sur. También se suelen ver ballenas en el agua e incluso cabras en los montes, por lo que raro sería que os fuéseis de allí sin ver algún que otro bichejo.