Britannia Mine Museum, un recorrido por las entrañas de British Columbia

Britannia Mine Museum es una de las visitas más interesantes de toda British Columbia. Hablamos de una mina no tan antigua ni con una producción demasiado prolongada en el tiempo, ya que estuvo activa unos 70 años a lo largo del siglo XX. Sin embargo, su impacto a nivel mundial es innegable, ya que en su momento de mayor actividad producía más del 15% del cobre del planeta.

Hoy en día ha sido convertida en uno de los museos más interesantes, originales y sorprendentes de toda Canadá, ofreciendo al visitante un cúmulo de experiencias casi infinito. Tan pronto podréis buscar pepitas de oro como bajar a buscar oro como aprender a utilizar maquinaria pesada con un simulador profesional. También tienen un espectáculo audiovisual de primer nivel, así como un tren subterráneo que os llevará a la propia mina.

En este post os vamos a contar cómo fue nuestra experiencia visitando Britannia Mine Museum, un lugar que no nos dejó indiferentes. Sin lugar a dudas, parada obligada en la Sea to Sky Highway y en cualquier viaje que recorra el oeste canadiense.

La memoria minera de British Columbia

Lo dicho: la mina de Britannia no hunde sus raíces en siglos de antigüedad. De hecho, el cobre de la zona no fue descubierto hasta el año 1888. Tuvieron que pasar casi dos décadas hasta que empezase a operar, pues no fue hasta 1904 cuando se hicieron las primeras extracciones. Eso sí, rápidamente se convirtió en un elemento clave para la economía a nivel mundial. Su época dorada fue entre finales de los años 20 y principios de los 30, cuando producía el 17% del cobre del mundo.

La mina estuvo en funcionamiento 70 años. Cuando cerró sus puertas, en 1974, se había extraído más de 50 millones de toneladas de minerales, destacando 650.000 de cobre, 137.000 de zinc, 17.000 de plomo, 1800 de plata y casi 16 de oro. Para ello, convirtieron la montaña en un queso, pues se excavaron más de 200 kilómetros de túneles. Se calcula que tenía una profundidad de casi dos kilómetros, todo un hito para la ingeniería de la época.

Eso sí, no todo fueron buenas cosas: en esta siete décadas casi un centenar de mineros perdieron su vida. La mayor parte se concentraron en dos accidentes: una avalancha en 1915, que ocasionó 56 muertos; y unas inundaciones, que se llevaron por delante la vida de 35 trabajadores.

Curiosamente, el museo abrió sus puertas en 1975, apenas meses después del último turno de trabajo. En origen era el British Columbia Museum of Mining, pero en 2010 se hizo un rebranding y pasó a ser el Britannia Mine Museum que hoy conocemos. En este tiempo se han puesto en valor casi una veintena de edificios históricos originales, además de habilitar un recorrido por la mina. También cuenta con una colección permanente de casi 10.000 fotografías, 7000 objetos y 3000 documentos históricos.

Es imposible conocer la historia de la minería sin pasar por aquí. Igualmente, no es posible entender la historia moderna de Canadá sin hacer una visita al Britannia Mine Museum y comprender el impacto que esta actividad tuvo en el país. De hecho, se trata de un museo súper visitado, por lo que no os recomendamos venir sin reservar previamente vuestra entrada. De lo contrario, es muy probable que no haya turnos disponibles para bajar a la mina o hacer las actividades principales.

Por cierto, un dato muy interesante. El Britannia Mine Museum nos resultó extrañamente familiar desde el primer momento. ¿La explicación? Es escenario de rodaje habitual para películas y series internacionales. Aquí se han grabado icónicas escenas de superproducciones como Expediente X, The Flash, Scooby-Doo 2 o Supernatural.

Qué ver y qué hacer en Britannia Mine Museum

Llegada y check-in

Cuando llegó el día de nuestra visita, fuimos al Britannia Mine Museum más felices que dos perdices. Era una de las visitas que más ganas teníamos de hacer en el viaje, así que las expectativas eran altas. Aparcamos (no fue fácil, el parking junto al museo es gratuito pero relativamente pequeño) y fuimos a hacer el check-in. Al igual que en otros museos de Canadá, la costumbre es ir a la entrada a confirmar la reserva.

En ese momento nos entregaron un mapa del recinto, nos dieron algunos consejos para la visita y nos dijeron la hora exacta en la que teníamos que estar junto a la mina. Este punto es importante: el resto del recinto se hace por libre, pero el conjunto del tren subterráneo, el paseo por los túneles y el espectáculo Boom! es con un guía en grupos muy limitados.

Centro de Visitantes

Como quedaba un rato largo hasta nuestro turno para meternos en las entrañas de la montaña, empezamos yendo al Centro de Visitantes. Es un sitio estupendo para hacer una toma de contacto y aprender un poquito sobre la minería en general.

¿Cosas imprescindibles de esta parte? No os perdáis su vídeo introductorio (una película pedagógica que ha recibido múltiples premios), su exposición general, la colección de minerales o la cafetería. Como siempre en los museos canadienses, muy recomendable pasar por la tienda, ya que tienen unos souvenirs espectaculares.

The Yard

Saliendo del Centro de Visitantes se llega a una explanada gigante. El museo ocupa algo más de cuatro hectáreas, en las cuales hay diferentes zonas temáticas. Empezamos por The Yard, un área que tiene dos elementos claramente diferencias. El primero es Gold Panning, un espacio que da lo que promete. Podéis ir allí y convertiros en auténticos buscadores de oro. Tendréis a vuestra disposición arena, cuencos, agua y todos los útiles necesarios para encontrar pepitas de oro.

Justo al lado está la Machine Shop: una exposición dedicada íntegramente a la maquinaria minera del último siglo. Hay un enfoque tanto teórico como práctico: paneles informativos, vídeos, maquetas que se pueden manipular, un simulador en el que os enseñarán a operar maquinaria pesada e incluso vehículos reales en los que es posible subir.

The Waterfront

Si a mano izquierda está The Yard, a la derecha se encuentra The Waterfront. Es quizá el enclave que más sorpresas esconde, gracias a sus tres exposiciones. La primera es Britannia Story, un recorrido por la vida cotidiana de las personas que vivieron y trabajaron en la mina. Hay infinidad de objetos puestos en valor, todos ellos con la intención de recordar que incluso en proyectos tan gigantes como este lo más importante son las vidas humanas.

Al ladito está terralab, situado en los antiguos laboratorios de ensayo de la compañía. Es la manera que tiene el Britannia Mine Museum de rendir cuentas con el impacto medioambiental, explorando la relación entre las minas y la ciencia. Podréis aprender un montón sobre cómo la minería moderna intenta contaminar lo menos posible, además de conocer cómo las plantas están ayudando en ese proceso. También se muestra cómo ha reaccionado el terreno tras el fin de la explotación de Britannia.

Por último, en la Foundations Exhibit, sobre los cimientos del primer molino de la mina. Este se quedó pequeño muy rápido y el segundo salió ardiendo en 1921, por lo que el tercero (donde se realiza Boom!) es el que ha llegado a nuestros días. Eso sí, sus restos todavía se conservan.

Tren subterráneo y visita a la mina

Sea como fuere, el tramo estrella de la visita al Britannia Mine Museum es el tren subterráneo y la visita a la mina. Hay que estar en ese punto del museo a la hora convenida, a la espera de que llegue un guía repartiendo cascos y dando indicaciones de seguridad. La visita tiene tres partes.

En la primera, se monta en un tren subterráneo. Son escasos cinco minutos, pero suficiente para adentrarse en las profundidades y sentirse pequeñitos al ir entrando en las entrañas de la montaña. Una experiencia de lo más interesante, sobre todo si vais con niños pequeños.

Después, en la mina se hacen dos demostraciones. En la primera se muestran herramientas para picar y percutir, con el correspondiente ruido que esos elementos ocasionaban. Tremendo y a la vez súper pedagógico.

Por último, en otro pequeño túnel se enseña cómo era la gestión del barro que iba surgiendo al excavar. Además, se enseña cómo era la iluminación en tiempos de explotación minera. Incluso llegan a apagar las luces (previo aviso, claro), para que se entienda cómo es la ausencia total de luz en el subsuelo.

The Mill y Boom!

Pero todavía hay más. La visita a la mina se enlaza con el acceso a The Mill, el tercer gran molino que tuvo la mina de Britannia. No penséis en el típico molino de trigo con sus aspas, sino de una estructura gigantesca para separar minerales y dotar de sentido económico a toda la explotación.

El edificio que ha llegado a nuestros días requirió 18 meses de construcción, quedando terminado en 1923. En su interior, 20 plantas que aprovechaban la pendiente y utilizaban vagones de varias toneladas para mover los materiales. Para el proceso de molienda se consumían enormes cantidades de bolas de acero, claves en el proceso de extracción y comercialización de los minerales.

En el interior de The Mill se ha creado Boom!, un show inmersivo y multisensorial que devuelve la actividad a lka mina. Imaginad una especie de película proyectada en diferentes pantallas, las cuales van activando diversas áreas de la explotación. Veréis bajar vagones, humo, chispas y un montón de recursos súper resultones.

Para nosotros fue el broche de oro a la visita a Britannia Mine Museum, un museo en el que pasamos casi tres horas. De las mejores experiencias de todo Canadá.

Britannia pueblo, la guinda del pastel

Eso sí, antes de irnos todavía tuvimos tiempo de hacer una cosita más. Y es que al lado de la mina, como no podía ser de otro modo, surgió un pequeño pueblo para dar servicio a sus trabajadores. No era muy grande, pero tenía todo lo necesario para el día a día: casas, edificios públicos, una iglesia, tiendas, sitios en los que comer…

En la actualidad es posible pasear por ese mismo pueblo, que a mantenido su estructura a grandes rasgos. Hay zonas que han quedado como residencias privadas y no tienen mucho interés, pero os recomendamos curiosear un poquito y disfrutar de un lugar poco común.

Además, es uno de los mejores sitios para comer y picar algo en muchos kilómetros a la redonda. Apenas hay 3 o 4 sitios, pero todos con muy buena pinta. Nosotros comimos en The Sound, una parada mítica en la Sea to Sky Highway. Allí dimos cuenta de un burrito y de un fish & chips que estaban de chuparse los dedos.

Para rematar la jugada fuimos al Beaucoup Bakery and Cafe, donde nos hicimos con algo de repostería recién hecha. Había que reponer fuerzas, pues la visita a Britannia Mine Museum fue larguísima.

Información práctica

  • Dirección: 150 Copper Drive, Britannia Beach
  • Teléfono: +1 604-896-2233
  • Web: britanniaminemuseum.ca
  • Horario (puede cambiar de año a año): lunes a domingo, de 9:00 a 18:30
  • Tarifas (entrada general con tour subterráneo + BOOM!):
    • Adultos (18+): 42,95$ CAD
    • Mayores de 65 años y estudiantes: 36,95$ CAD
    • Jóvenes de 13–17 años: 32,95$ CAD
    • Niños de 5–12 años: 24,95$ CAD
    • Menores de 5 años: gratis
    • Tarifa familiar: 152$ CAD
    • Parking: gratuito.

Es súper importante reservar antes. Si no, es probable que no tengáis sitio para visitar la mina o entrar al espectáculo Boom!.

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