Aldealcardo es uno de los componentes de la Ruta de los Pueblos Deshabitados de Soria. Triste reflejo del éxodo rural, ese drama que ha vaciado la España interior en favor de unas ciudades cada vez más colapsadas. Aunque la localidad se despobló totalmente en los años 70 del siglo XX, todavía es posible visitar lo que queda de ella. Es una experiencia dura, no apta para todos los viajeros, pero que sin duda dejará imágenes imborrables en vuestras retinas.

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La Aldea de inviernos rigurosos
Llegar a La Aldea, nombre con el que se conocía a este pueblo, no es demasiado complicado. Simplemente hay que transitar por la SO-360, la carretera que comunica Villar del Río con San Pedro Manrique. En un punto, veréis el desvío hacia Aldealcardo. Una vez lo toméis, tendréis que transitar un kilómetro por una pista forestal de tierra. No es que sea lo más agradable (especialmente si tenéis típico coche nuevo y limpito), pero se llega sin problema.

Aldealcardo está en una pequeña colina junto a la Sierra del Hayedo, en plenas Tierras Altas de Soria. Era un pueblo eminentemente agrícola, volcado por completo en cultivos como el trigo, la cebada o el centeno. También hubo algo de ganadería, pero fundamentalmente hablamos de una localidad dedicada a la tierra.


Pese a que la modernidad llegó a Aldealcardo, ya que en el momento de su despoblado incluso había llegado la luz eléctrica al pueblo, lo cierto es que nada se pudo hacer. Los jóvenes emigraban a las grandes ciudades o incluso a pueblos vecinos como San Pedro Manrique, donde había comercio e industria. En definitiva, oportunidades.

Tristemente, tras el abandono definitivo de Aldealcardo, las autoridades hicieron poco o nada por conservar el lugar. De hecho, durante los primeros años se vivió un auténtico expolio. La gente de los pueblos vecinos acudía aquí con regularidad para obtener materiales de construcción, puertas, herrajes y demás. También pasaron por allí buhoneros y anticuarios, rapiñando muebles y demás enseres. Por robar, se robaron hasta las campanas de la iglesia.
Cómo es la visita a Aldealcardo
Pese a todo, la visita a Aldealcardo sigue siendo absolutamente recomendable. Un ejercicio de memoria, de dignidad rural y de toma de conciencia con la terrible realidad que asola a los pueblos de toda España. Quizá este no pudo salvarse, pero todavía hay tiempo para que perduren otras localidades.

No esperéis comodidades visitando Aldealcardo, porque no las hay. De hecho, el propio cartel de entrada al pueblo está repleto de perdigonazos, lo cual dice mucho de lo que se va a encontrar a lo largo de esta experiencia.

Se puede caminar por dos o tres calles, bordear el perímetro del pueblo y entrar en algunos edificios. Os recomendamos ir con pantalón largo, ya que la maleza campa a sus anchas y en muchos casos iréis por sitios por los que no ha pasado nadie en décadas. Muy importante: ante todo id con seguridad, porque puede haber desprendimientos o animales.

El ojo experto puede distinguir fuentes o la antigua Plaza Mayor. Incluso en algunas webs han hecho un ejercicio de memoria oral y distinguen algunas viviendas en concreto, con el nombre de sus moradores y todo.

El edificio más interesante es la Iglesia de San Clemente, el antiguo templo al que el cura subía en burro para dar la misa. Todavía se conserva su estructura al completo, aunque con matices: se ven grietas en el campanario y algunas partes del techo se han venido abajo.

Insistimos en que hay que ir con mucho cuidado, pero todavía se puede visitar el Templo. Entre las ruinas del suelo y un extraño grafiti, da la sensación de estar en un paisaje postapocalíptico.

Por último, desde el pueblo sale un recorrido de un par de kilómetros hacia la Fuente de Ontálvaro. Es famosa por dar aguas sulfurosas, esas que no huelen nada bien pero que tienen mil propiedades.
Nueva vida como observatorio de estrellas y lugar para dormir
Aldealcardo se resiste a desaparecer por completo. Aprovechando que se ha despoblado, ha surgido una inesperada iniciativa que hace las veces de revulsivo. Justo a la entrada, con un pequeño aparcamiento, se ha instalado un observatorio de estrellas. Si vais allí en días claros, podréis disfrutar a las mil maravillas del cielo más estrellado que podáis imaginar. A pie de mirador se han puesto algunos paneles informativos sobre la cúpula celestial que se puede contemplar en ese punto.

Además, también es un destino excelente si os gusta dormir por libre con furgoneta. Pasado ese mirador, sale un camino que bordea el pueblo y que os dejará justo detrás de la iglesia. Allí podréis aparcar y pernoctar en medio de la absoluta nada, disfrutando del silencio que solo un sitio como este puede ofrecer.

